jueves, 31 de mayo de 2007

NOSTALGIA


Acaba el curso y las aulas se quedan vacías, horrorosamente limpias. Los proyectos se llenaron a medias como los vasos del final de una fiesta. Los seres vacíos invaden espacios y tiempos interponiéndose entre aquellos mundos que hace tan poco estaban habitados. Los seres vacíos no ríen quizás porque son todo ello una cruel e ingenua carcajada.

La clase se queda como el cadillac solitario, con el asiento de atrás aún caliente. Uno mira al barrio donde se supone están y estarán los alumnos con los que uno ha creído pasar algunos buenos ratos de cumplimiento dialéctico y cordial. ¿Era sueño?


La vida tiene sentido por estos pequeños momentos en los que uno se deja llevar por la nostalgia.


A todos los alumnos de este curso, este video:

viernes, 25 de mayo de 2007

MI BIBLIOTECA LLENA DE POLVO

CON F: FERNÁNDEZ FLOREZ, WENCESLAO

“ La violencia señaló los límites entre los pueblos; la violencia tuvo que mostrarse al lado de las leyes más justas para que fueran acatadas; la violencia hizo nacer la propiedad, veló por ella, disciplinó al hombre, hizo posible el orden de los grandes rebaños humanos, apoyó algunas veces a la razón y la sustituyó otras muchas; fue el más importante factor de desigualdad entre los mortales, y sin ella no existirían las jerarquías, tal y como nos escalonaban(...) Sólo el temor hizo del hombre un animal domesticable. Después de habituado a esta condición, siguió ascendiendo entre el miedo y la ira, como esos presidiarios que preparan su fuga tratando de apoyarse con rodillas y codos en el ángulo de do muros para trepar. El miedo a los de arriba conserva a los de abajo en sumisión, contenidos su malestar e inquietudes; el miedo a los de abajo obliga a los de arriba a hacer concesiones, triunfando sobre el egoísmo de su ventura. Por eso ahora no hay jefes ni autoridad ni respeto a las leyes, y el mundo es como el estado donde muchedumbres desorientadas rumian su desconcierto y su desolación. Falta la dura mano colérica, sirviendo a una voluntad”

Wenceslao Fernández Flórez: Las Siete columnas. Madrid. Ediciones Alonso.1974 página 233


(Nota: este libro de Fernández Flórez - junto con la célebre colección de cuentos El Bosque Animado - fue una de mis primeras compras allá en la originaria adolescencia. Lo adquirí en un puesto ambulante que estaba situado, si mal no recuerdo, junto al Teatro Principal de Burgos. El relato ( de 1926) me gustó aunque no volví al autor en los años posteriores. Hoy hojeo la obra y me encuentro ante muchos de las figuras que definen al pensamiento ultra español, ese pensamiento que se pretende castizo y que en más de una ocasión plagia a los tradicionalistas extranjeros . En cualquier caso la contundencia salvaje de este texto vence una repugnancia ética y política de fondo.... y a veces una sombría coincidencia metafísica)

jueves, 24 de mayo de 2007

EL INHUMANO ÁNGEL DEL CUIDADO

El contexto del cuidado es asimétrico y desproporcionado. En las famosas medallas de la madre se postulaba el “dar mucho, pedir poco” como lema de la maternidad. No nos confundamos: la cosa ya estaba contractualizándose ; el anuncio nos impelía a pagar a la madre por sus desvelos. El genuino lema del cuidador es dar para no pedir. En el cuidado hay un auténtico trasvase de potencial humano – trabajo, cariño, preocupación – que no recibe rédito alguno en idéntico lenguaje o con reciprocidad de lengua. Desde luego, algo se refleja como reacción a nuestra entrega. Hablamos de realidades vivas no de mero cuarzo. Sin embargo la imagen especular que nos contesta se declina en una gramática bien distinta --- en ocasiones abisal.


El contexto del cuidado se integra en un horizonte de metamorfosis para el cuidador. De algún modo, se espera de él la conversión en ángel custodio. Nuestra duda es si no se despertará convertido en un monstruoso insecto . Cabe esperar que en el devenir del proceso o bien el cuidador se vacíe del todo de su humanidad hasta alcanzar la condición cuasi-mineral – tornándose ángel de panteón o tumba que acompañará al objeto de sus desvelos más allá de la medida humana – o encuentre un nuevo marco de vida y enriquecimiento por medio de la entrega y el servicio, la subordinación plena de toda inteligencia e interés a un sentimiento de protección sobrehumana que nos convierte en heraldos de lo sobrenatural. O gótico angelote de sepulcro o fluido impersonal, superador de todo sexo y ego. En definitiva, el problema de la ética del cuidado es que si radicalizamos su base antropológica (o metafísica) desborda la humanidad misma, convirtiéndose en antihumana o sobrehumana. Curioso que lo que a veces consideramos lo más noble del hombre(la entrega amorosa) sea la semilla de su negación.

El cuidado; la ética del cuidado. Aunque, bien pensado, ¿no implica una torsión excesiva de las palabras – “ética”, “cuidado” – su anexión, su dicción conjunta?. ¿Cabe convertir en norma la entrega tutelar?¿ No es incongruente una ley del cuidado --- a pesar de su utilidad social e, incluso, su justicia? En verdad el descoyuntamiento ético sólo se muestra si abordamos el cuidado en su pureza, es decir, sin que quepa en él principio contractual alguno. Por ello, quizás, si el contractualismo de las éticas de la libertad y la reciprocidad nos pueden hacer olvidar la asimetría (tutorial) de ciertas situaciones que no son superables, la gratuidad y entrega del cuidador puede ubicarnos, finalmente, en un indeseable sublime inhumano.

martes, 22 de mayo de 2007

EL DEDO DEL VISIONARIO

Sebastian Haffner (Defying Hitler. A memoir), en los años previos a la IIª Guerra Mundial y desde su exilio inglés, rememora el ambiente de la República de Weimar en los años veinte:

“ El talante había ido haciéndose aún más apocalíptico. Corrían en torno a Berlín cientos de salvadores, individuos con el cabello largo, con cilicio, que aseguraban que eran enviados de Dios para salvar el mundo(...) El más destacado era un tal Haeusser, que se anunciaba en las columnas de anuncios y organizaba actos multitudinarios y tenía muchos seguidores. Según los periódicos, su equivalente en Munich era un tal Hitler (...) Mientras Hitler quería conseguir el Reich de los Mil Años mediante el asesinato masivo de todos los judíos, un tal Lamberty quería conseguirlo en Turingia haciendo saltar, cantar y bailar bailes populares a todo el mundo”
(Citado por Michael Burleigh: Causas Sagradas)

El logro de la famosa distancia reflexiva frente a la historia cercana – es decir frente al presente en tanto deseamos evaluarlo en su trascendencia histórica – se nos muestra como la mayor de las quimeras. Quizás la historia que nos convierte en sus personajes sólo acepte la mirada sorprendida y la ira caprichosa y pusilánime. O la literatura. Pero no la filosofía ni la ciencia ¿Cómo delimitar la tragedia de la comedia, distinguir al charlatán patético del peligroso criminal, a Lamberty de Hitler?


Suele, pasados los años, señalarse con admiración el dedo de aquellos que narraron a la bestia en su momentos iniciales, cerrado aún el huevo de la serpiente. Miramos a estos visionarios con asombro y tratamos de aprender de su método, el secreto de la interpretación de los rastros. Recorremos el dedo revelador de falsas revelaciones con maravilla y despreciamos a todos aquellos que no supieron ver ni oír; aquellos que, incluso, cubrieron a nuestro maestro con el manto de la burla o la indiferencia.

Pero la rueda del tiempo gira hasta para el dedo que señala el infortunio. El que hoy se nos ofrece sagaz ¿no se nos describirá mañana torvo por simple o necio? En la corta vida de un humano podemos contemplar el cambio de la distancia focal, la reinterpretación de santos y demonios. ¿Se censurará nuestra actitud hacia Hitler y se nos tachará de necios por no asumir la evidencia de su grandeza? ¿Recuperará Chamberlain su honor? ¿Se concebirá mañana a aquellos profetas que nos advirtieron del horror como necios y ciegos, idiotas que apenas balbuceaban las primeras letras de algún alfabeto de inteligencia?

¿Una filosofía de la historia para el presente? ¡Señor del ateísmo, no nos dejes caer en las redes de lo sublime!

... y, sin embargo,¡es tan difícil sustraerse a la visión global ¿Cómo vivir sin una filosofía de la historia, aunque sea la que nos narre el pasado más lejano imaginable?

jueves, 17 de mayo de 2007

ECOLOGÍA Y ÉTICA TUTELAR

Estamos dedicando la parte final del curso de CTS al análisis de la propuesta ecologista. Después de referirme a ciertos conceptos que identifican la posición de la ecología como (quizás) nuevo paradigma – red, holismo, emergetismo, riesgo, democracia cognitiva etc. – y ofrecer un panorama de la crisis ecológica global, intento en la última parte enfocar el ecologismo como una perspectiva moral y sociopolítica, como una alternativa que integra diversas posiciones que tienen en común la crítica a los presupuestos de la cultura moderna.

Son muchos los que enlazan el ecologismo con una complementación de la ética de la autonomía, la justicia y el pacto libre. Así nos hablan de una ética de la tutela y el cuidado. Si la ética de la autonomía y la reciprocidad puede considerarse adecuada en el caso de las relaciones sociales “entre iguales”, la ética del cuidado es el medio para vehicular las actuaciones entre desiguales. En realidad, se sostiene, ambas éticas han funcionado a lo largo de la historia y en todas las sociedades. Lo que sucede es que la primera ha ocupado con pretensión de exclusividad el espacio público – asociándose a lo político y el derecho, lo fundamental y lo masculino – mientras que la ética del cuidado se ha ubicado en los márgenes de la vida pública (en el orden de lo “familiar” y lo privado, políticamente no relevante y femenino).

Esta complementación – o quizás dialéctica – entre las dos lógicas de la éticas nos sitúan en otro de los horizontes del ecologismo: la ampliación de la comunidad moral o el nuevo cosmopolitismo. En efecto, esta ampliación de tú moral incluiría a aquellos con los que no cabe en sentido estricto una relación de pacto y libertad:
los niños, los discapacitados y los miserables (los parias de la Tierra),
las generaciones futuras y las anteriores,
los animales no humanos y, quizás, el ecosistema entero.
O dicho de otro modo: el ecologismo intenta redefinir las relaciones sociales en torno a una triple solidaridad moral: la solidaridad con los humanos del presente en todas sus situaciones, la solidaridad con los humanos pasados y futuros, la solidaridad con los no humanos. Todo muy discutible – Gómez Pin ha hablado sobre ello en un libro reciente.

La aparición del cuidado y la tutela en el espacio público se me antoja problemática . En el cuidado parece imponerse una relación de profundidad emocional que entra en conflicto con la misma idea de ampliación moral ( cabe suponer que la implicación emocional sólo brota en una situación de cercanía y restricción, que la profundidad es imposible si hay ampliación). Sin embargo, la tutela y el cuidado gratuito del otro, se nos ofrecen como la más hermosa de las constantes antropológicas, quizás sólo superficialmente asignada a eso que llamamos amor y que, bien visto, es palabra bien estrecha para referirse a una emoción tutelar endiabladamente compleja. El ecologismo, en este sentido, nos propondría una expansión de la emoción de la tutela más allá del marco reducido del hijo y el padre, del enfermo y el discapacitado. El Otro Radical – el que nada ofrece - y la Naturaleza se nos desvelan como objetos de nuestro cuidado y, especularmente, como nuestros cuidadores sin pacto (No puede esperarse contractualmente que si protejo al tigre de Bengala no vaya a ser devorado por él o que si tutelo a mi hijo seré cuidado en el futuro, aunque la apuesta está lanzada en mi acto gratuito que incluye una esperanza sin pacto).

Personalmente creo que la moralidad es la criatura más frágil jamás pergeñada por los humanos. Por eso siempre parece exigir una complemento proteínico: la ley positiva del derecho o la costumbre o la religión en todos sus formatos (más o menos mundana o transmundana, más o menos estética o metafísica). La ética de la autonomía y el pacto hacia los iguales en tanto posee una experiencia pública importante ha jugado en el orden del derecho y la política con la soltura que da la confianza. Por su lado, la ética de la tutela no ha sido ajena a la simbología religiosa, estética o metafísica. El ecologismo –alternativa espiritual, al menos en su versión “deep ecology” – juega con un viejo intento: convertir el amor, la amistad y la tutela del fuerte sobre el débil en motivo de acción pública. Utopía de futuro.¿Por qué renunciar a ella?