
El artículo en el que exponía su labor fue publicado por la prestigiosa revista Science y fue objeto de atención especial por parte de sus colegas norteamericanos que tienen muy limitadas, por razones políticas, las posibilidades de trabajo en el campo de la clonación (terapéutica y reproductiva). En este contexto, Hwang aprovechó su popularidad mundial y se sumó a las críticas a la política del presidente de los Estados Unidos George W. Bush contraria a la investigación con células madre .

Los investigadores obtuvieron óvulos de 18 voluntarias y extrajeron el núcleo de cada uno de ellos. A continuación introdujeron en cada óvulo ADN procedente de células de la piel de 11 personas con lesión de la médula espinal, diabetes tipo 1 o una enfermedad inmunológica congénita. La célula resultante posee así una dotación genética mixta: el material nuclear de la célula de piel de la persona enferma y los genes mitocondriales de la mujer que donó el óvulo. Por medio de estimulación química se inició la división celular y se originaron 31 embriones en fase de blastocito. De estos embriones se obtuvieron 11 colonias o "líneas" de células madre, cada una de las cuales constituye una réplica genética parcial (incompleta) del paciente donante de la célula cutánea. Con este procedimiento se intenta obtener células madre de repuesto que -por su dotación genética similar- no sean rechazadas por el paciente cuando las vaya a recibir para curar o mejorar su enfermedad.
Mentiras y cintas de vídeo
En noviembre de 2005 se desató la polémica sobre los procedimientos irregulares que el equipo de Hwang había seguido y que culminaron, en este mes de diciembre, con la “retirada del artículo” por parte de Hwang de la revista Sciencie al considerarlo “lleno errores humanos”. Días más tarde Hwang dimitió de sus cargos y se reconoció abiertamente que los datos habían sido manipulados.
¿Estamos ante un caso – ni el último ni el primero – de codicia asociada a la ciencia o, seamos clementes, a la debilidad del ser humano? Parece ser que Hwang ha dicho:"Me cegaron mi trabajo y mis deseos de triunfar”. Los investigadores pueden ser codiciosos y egoístas, mentirosos y malos malísimos. Algunos se escandalizan (¡ esperaban tanto de ellos!). Personalmente, creo que la maldad del individuo – al violentar los principios mínimos del código ético del investigador - no debe hacernos olvidar la perspectiva global y las perversiones del todo. Detrás del caso se halla la necesaria retórica que hoy debe acompañar a la ciencia.
De la necesidad de las cintas de vídeo
La investigación tecnocientífica ofrece mucho – es un dato – pero también exige. Precisa de gran financiación y de equipos consolidados pero, sobre todo, nos pide a los ciudadanos actos de fe, confianza en un trabajo que muchas veces se nos torna incomprensible por su complejidad técnica. Por eso la red de la investigación necesita de la retórica, de instrumentos de comunicación que convenzan al auditorio mundial de la imperiosa necesidad de su trabajo. La retórica funciona aquí como “discurso sobre el discurso” y trabaja en niveles muy diferentes: desde el artículo científico “sólo para entendidos” hasta la divulgación popular en prensa. Si el primero es en principio más contenido en sus expectativas de futuro, estricto y circunscrito a la realidad experimental, el segundo – la reseña en la prensa de masas – está lleno de inexactitudes, promesas vagas y espectacularidad. Pues bien: sucede a veces que la propia lógica de la retórica tiñe el trabajo del propio científico. Éste, presionado por múltiples vías, acaba por dejarse seducir – como Ulises por las sirenas – por la lógica espectacular de los medios de masas.

Por otra parte, los países, a falta de héroes guerreros y conquistas imperiales, ven en la ciencia un modo de hacer patria y bandera, de popularizar su logo (que no logos). Corea hizo de Hwang un héroe nacional. Corea del Sur, entre grandes gigantes como China y Japón, necesitaba esta bandera publicitaria. Todo el país llora. Vergüenza, ese concepto tan oriental, que conducía a los antiguos samurais al hara-kiri.

Será así. Eso me gusta de la ciencia: es humana hasta en sus errores. Está teñida de impurezas - es decir, de humanidad. Lo sabe y busca medios para que esta contaminación, inevitable, cree pocas desgracias a los humanos y algunas ventajas.