jueves, 3 de marzo de 2011

ME FUI (¿POR QUÉ? Pas d´idée)

ME FUI  ALLÍ

http://latortugabicefala.blogspot.com/

(¿POR QUÉ? Pas d´idée)

Un saludo a todos los que confiaron en este sitio y que ahora pudieran desear llegar al otro. La confianza y la decepción, el recuerdo y el olvido, son algunas de las pocas cosas que quedan. No todo es bueno. No todo duele. Pero hay una parte de la meditación que sólo puede ejecutarse desde el dolor y en el dolor.

No es prueba de amor lo que pido al invisible lector.Ni juicio divino. Enlázate, sí, con tus tentáculos  rosas. Si quieres. No pido que el deseo te abra la entrañas. Enlázate en la cresta del susurro y  la sonrisa.  Leve y precario. Si quieres. El otro sitio, la bicéfala reconstituyéndose (r), no sabe de sus fuerzas. Sospecha que la energía la dan los otros.  Ven y sóplame al oído. Si quieres. Conviértete en voz.

http://latortugabicefala.blogspot.com/

domingo, 20 de febrero de 2011

HIROSHIMA, MON AMOUR (1) .Olvidar-me, olvidar-te, olvidar-nos



HIROSHIMA MON AMOUR (ALAIN RESNAIS - MARGUERITE DURAS, 1959


je te rencontre.


Je me souviens de toi.

Qui est tu?

Tu me tues.

Tu me fais du bien.

Comment me serais je doutée que cette ville était faite à la taille de l’amour?

Comment me serais je doutée que tu étais fait à la taille de mon corps même?

Tu me plais. Quel événement. Tu me plais.

Quelle lenteur tout à coup.

Quelle douceur.

Tu ne peux pas savoir.

Tu me tues.

Tu me fais du bien.

Tu me tues.

Tu me fais du bien.

J’ai le temps.

Je t’en prie.

Dévore-moi.

Déforme-moi jusqu’a la laideur.

Pourquoi pas toi?

Pourquoi pas toi dans cette ville et dans cette nuit pareille aux autres au point de s’y méprendre?

Je t’en prie…
 
 
Reiterar. Qué vergüenza, bicefalita, que te emociones tan pronto cuando aún asoma el puñal en tu muslo. Por qué no piensas en perdonar o matar, en rasgar la piedad con la bofetada ("la violencia no sirve de nada" - te dicen). De nuevo el viejo poema y las mismas imágenes; el ritmo casi idiota de las emociones. La ensoñación y el espejismo del cuerpo:Comment me serais je doutée que tu étais fait à la taille de mon corps même?El espejismo del alma. La misma canción y la misma burla de la ciudad herida (Hiroshima, Nevers). Ciudad rasgada, ciudad cuchilla que rapa el alma, disuelto en la memoria el olvido. Amar, morir, matar, deformar la belleza en la pasión hasta la fealdad. Pulir el recorrido. Lo ya dicho. Por qué repetir. Por qué ser idiota una vez más?. La misma rueda, la misma vieja sensibilidad de señorita, el mismo acompañamiento a la eyaculación. Justificar en 1959, sentir y sufrir. Soldado nazi y amor rapado, el sabor de su sangre. Lo mismo. Qué simples...qué simple mi alma. No había nacido en 1959. Nevers. La ville de Nevers, on the right bank of the Loire River. Hiroshima y los niños deformes. La campana sorda de Hiroshima.
 
Quiero visitar Nevers. Viajar para ser un extranjero (casi un idiota en la comunidad)
 
Quiero caminar su calles para ver morir al soldado alemán.Ser el soldado en el muelle del río.
 
Dicen que la violencia no resuelve nada.
 
Visito Nevers, camino Hiroshima.
 
Ciudades que se burlan de la inutilidad de la  violencia.
 
El amor nos devora hasta la fealdad.
 
Déforme-moi jusqu’a la laideur.
 

 
 
Una vez más, otra vez lo imposible.

miércoles, 16 de febrero de 2011

DE PIRÁMIDES IMPOSIBLES

el hombre es un animal para el cual sólo lo superfluo es necesario
(Ortega: Meditación de la técnica)

Catálogo de necesidades superfluas:


Conversar, 
amar, amar, amar,
mirar, mirar, mirar, mirar, mirar, 
escribir, escribir, escribir, escribir, escribir, escribir, 
ordenar, ordenar,  ordenar, ordenar,  ordenar, ordenar,  ordenar, ordenar, 



No sé si cabe hablar de jerarquía.

El Dios ameba y la época amebista parte el espinazo a la pirámide.


O tal vez sea el caso que prefieran:
Amar, conversar, mirar, escribir, ordenar

Ordenar, conversar, amar, escribir, mirar

Mirar, conversar, ordenar, amar, escribir

etcétera

¿Amar como condición previa del conversar?

¿Deseo de orden en el origen?. La organización de las palabras en la frase y de las emociones en el enamorado. Normalización.

¿O se impone la mirada, el ojo herido por las cosas antes de toda su ternura y horror?

Qué poco sabe la tortuga y el fantasma que la habita.

Escribir, mirar, ordenar, amar, conversar.

No sé.

Dice el Gato Marramiau que todos los verbos brotaron de una misma palabra. Lo no dicho. Una voluntad de fábula.

El secreto escrito en minúscula que recorre las calles.

lunes, 14 de febrero de 2011

Joven con bayoneta o espray

  Agustí Centelles

Hoy voy a ser como viejo amargado. Soldado en la reserva que mira el desfile de los muchachos que dicen buscar las trincheras en el subterráneo. 
Escupo mi viejo tabaco - calamitoso grumo protocancerígeno -  en las vías del metro.

Atrevimiento.

"Por lo menos yo he tenido cojones para hacerlo" - me dice él.

(Él me golpea el muslo contundentemente - en el modo visionario de la metáfora y en la ceguera de la piel que oculta la pequeña hemorragia. Para él atrevimiento  equivale a tomar al asalto el vagón del metro. El valor es el nombre debilitado del choque adrenalínico. Desde pequeño odié el tener cojones).

Osadía y temeridad.

No basta el valor, querido Aristóteles, esa fuerza liberada de insania que apuntalaba sabiduría y prudencia.  Hoy estamos lejos de la vida buena y nos exigimos (para mayor excitación) un disparo rápido de sexo, de violencia, un flash de lo que sea, way of life tecnocapitalista que nos hace ameba a imagen y semejanza del nuevo dios

 enfermo, morboso, megaexcitado en su propia viagra: deslocalización, despido, espuma especulativa que nos llena la próstata de rigor deconstructivo e inconsciente: es un cualquiera en el otro lado el que muere para que yo retoce con "velinas" ---- o, como su doble barriobajero, pandilleros o pijos de suburbio vomitando su propio esperma empaquetado en aerosoles de colorín diverso y formas previsibles que ciegan ventanas y llenan las calles de monotonía

 No caben esas costumbres que definían un estilo de vida filosófico.  No cabe vivir al margen de la insania. Se nos exige, al menos, ser un poco extravagantes, lunáticos, marcianos, raritos, bichín de individualidad homogénea. Hoy el peligro que nos salva  oscurece previamente la razón para que no se noten sus piezas, su vulgaridad de hembra en celo que dice amar o de chavalote que compra orquídeas  para su chorba con perro peligroso en la cadera y marijuana en los pulmones... precisamente el día de San Valentín.

Lo idiota no quita lo imbécil. Y así día tras día .....Lo importante es que se cierre todo acceso a una salida elevada y exigente.

Golpe químico de una pulsión llena de ira que se enreda en espiral de pegamento inhalado. Mucha ira tan ciega y tan falsa, como de plástico barato, adquirida al por mayor en tienda china de Lavapiés. No basta un odio - que dé lugar a la indignación - sino que se exige abundancia de envoltorios, de pinturas. No se reconoce el alma sino en el marcaje de un único signo, un nombre, una firma, una muesca repetida hasta el hastio, provocando un vómito del alma, el vómito de la cultura que se trastorna y reitera y reitera y reitera como un anuncio, como un mensaje electoral, la puta tabla de multiplicar o las series en las mil cadenas, las caras intercambiables de Berlusconi y Mubarak . Repetir sólo un gesto. Eso es la ira. Eso es la indignación. Destrozar el vagón del metro es el único acceso hacia la realidad.

- Ser respetado es mi objetivo - me dice.





Soy el soldado que retrata Agustí. No me dirijo, en la extraña angulación que me muestra en la foto, a ninguna parte. Sin embargo pronto se abrirá la escena del combate y me convertiré en el sudor que fusiona la piel y el tejido, el aliento ahogado, la sequedad en la garganta y la certeza de que entre la punta de de mi bayoneta y mi corazón se mide exactamente el fusil armado con la cuchilla mortal del enemigo. Podríamos ensartarnos mutuamente pero sé que seré yo el que penetre, que la bayoneta del otro sólo rozará mi guerrera.

Soy sudor, el soldado del atrevimiento. Esa es la osadía del que choca brutal contra la muerte.

"Por lo menos yo he tenido cojones para hacerlo"- me dijo como si fuera el soldado con su bayoneta. Me golpeó el muslo y comprendí por qué, desde mi infancia, había odiado el "tener cojones". Una anticipación siniestra.

Rezo por la desaparición del macho.

jueves, 10 de febrero de 2011

With no loving in our souls and no money in our coats/ You can't say we're satisfied (Angie: Rolling Stones)

 Harry Earles(Hans) y Olga Blacanova(Cleopatra)
en la Parada de los Monstruos (Freaks, 1932)
          

"La verdad no le encuentro sentido, decirle a gente desconosida tu relacion amorosa con un tipo"
Comentario - sic -  en You Tube al vídeo Angie de los Rolling Stones


No sé

Debiéramos hacer caso al comentarista
Hacer caso a todos los comentaristas porque son lo que hay en las épocas de sequía que preceden a milenio diluviante. Simultáneamente hacer que sean el caso todos, en locura de pensamiento lateral y en divergencia absoluta que olvida la linealidad como sueño de mono loco

Maldita época de heterodoxia 

Dios es una ameba

****

No debiéramos decir  a gente desconocida  que hay un tipo al que amamos porque se pierde el sentido (y la sociabilidad)

No debiéramos perder el sentio en el decir

No debiéramos hablar de un tipo

No debiéramos hablar a gente desconocida

 
****

Una canción de amor tiene sentido si  no hay amor en nuestro alma ni  dinero en el bolsillo al fabricarla - se desprende del Angie- rolling stone
 
Estoy dispuesto a abandonar el crisol de su sonrisa  en un campamento de piratas -----   Esto es una canción de amor (en apretado resumen)
****

Una canción de amor es tecnología gestual

Una canción de amor es ficción artefactual


  El desinterés  en la contemplación del objeto artístico se amplia heurísticamente a la creación y se rompe toda identificación del sujeto y su obra, quebrando metódicamente el deseo estúpido de explicitar el interior. No hay interior. Somos opacos. Eres un interfaz por el que navegan pecios historicistas. El artista selecciona ciego-de-sí grumos de sentido moribundos.

Hay quien dice que sólo se escriben canciones de amor. 

Las canciones de amor simulan artesanía en la era posindustrial


martes, 8 de febrero de 2011

Anabel Lee vs Laura Palmer (razón melancólica para ángeles incoloros)


Laura Palmer (Sheryl Lee; Twin Peaks 1990)

And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.
(EA Poe: Anabel Lee)

Yo era un ángel. Quiero decir que de niño habitaba etéreo en la piel de todas las cosas. No era ángel por ser niño  sino a pesar de serlo. Respiraba el mismo aire que Anabel Lee y recorría con mi dedo su espalda. Notaban mis manos el punto exacto de su geografía en el que se acumulaban todas las tensiones del mundo y, presionando ligeramente, con fuerza de niño, le hacía brotar en mi magia el vuelo de muchas de las aves y algunos insectos.  No volábamos, claro, no se cae necesariamente en el idiotismo (al menos tan pronto) por ser ángel ni por ser niño, pero teníamos alas de suave excitación nerviosa. El juego, el pulso-cuello y el pulso-cadera, el vértigo de lo orgánico, inauguraba un museo de etnografía en el que especulaba con sus huesos y hacía bromas a su calavera cubierta de piel y otros efectos fotoeléctricos.


La besaba con la nariz al respirarla.

Yo era así en algún punto del  lienzo existencial y mordí con suave pincelada encáustica la ternura de las cosas que desde entonces busco. Quizás el  error fue  pensar en  nombrar la ternura. Desperté odios asesinos en los entes y una noche la tormenta se llevó el tacto e hizo aparecer a Killer Bob bajo la faz de clochard o padre neurótico. Todo por querer decir en su espalda el vuelo de aquellos insectos.  Esto no lo sabía entonces y ahora, si soy honesto, diría que tampoco, porque mi inteligencia se nubla de melancolía y ya no vale la intuición antigua. No preveo el peligro y, mucho menos, la salvación. Estoy condenado.

En la esquina de algún mal giro de mi cara - quizás al hacer la primera comunión y masticar sus hostias - perdí de vista la inmensidad de su piel y visité primeros desiertos y luego escuelas. En aquel reino junto al mar se exterminó el aliento.Ella perdió sus pasos en la orilla del océano.

Dicen que la envidia del cielo lo jodió todo.

Por eso subí al cielo. Estaba deshabitado. Nunca supe, en verdad, si alguien retornaba al caer la tarde, después del trabajo y la escuela o lo que sea que hicieran ángeles y arcángeles en los días de labor. Tampoco tengo mucha paciencia para esperar sentado. Disfrazado aún de primera comunión contemplé la mesa puesta sin comensales,  el único resto de algo parecido a la gracia que encontré allí arriba.  En los platos había sopa y era bonito contemplar la textura y el color del caldo, los fideos y los trocitos de verdura (rojo, naranja, verde). En el cielo no había nadie pero habitaba el color. Sin embargo, yo era un caballero del tacto y, por eso, repudié la deriva de la luz en los prismas. Me gustaba más en las lágrimas su sabor - el tacto sobre mi lengua - que su potencialidad fantasmagórica de arco iris. Quizás fue un error  dejar el espectro de la luz en el margen del desprecio (cada vez me arrepiento más de mis desprecios). Tuve que esperar muchos años para que me enseñaran a ver colores.... la experiencia despertó la nostalgia de aquella mi edad del tacto, el tiempo de Anabel Lee. Aprendí, sí, pero el contraste  paramagnético me golpeó de lleno en la cara.

Bajé del cielo y la habían convertido en Laura Palmer.

Yo ya no era ángel.

Aún no he aprendido a no serlo .

domingo, 6 de febrero de 2011

....y ahora apunto hacia tu cráneo

 Y gritaré, gritaré hasta que encuentre una razón.
Soy el último primate convertido en francotirador.

Y ahora apunto hacia tu cráneo,

porque el pulso no me fallará,
me queda el desempate,
remitido y desarmado,
mi amor no fue lo bastante.

Y gritaré, gritaré hasta llegar a tí.

Porque el tiempo nos espera y nos dará la razón
.
(Najwa Nimri: El último primate)


  O por el contrario....

endureceré mi cráneo con letras químicas  para que ningún cuchillo  pueda abrir brecha que prometa la  fuga de luz  de sus atardeceres 

cerraré los ojos para que no puedan descubrir el brillo de mis entusiasmos
con parches de pirata les haré sospechar que el vacío ya arropa o embalsama mi mirada (que algunos estimaban dulce y triste)

mandaré cubrir mi cabeza con plásticos agrícolas
y en vez de mi rostro verán el caballo del nitrato de chile

taponaré mis oídos con cera  o con mi propia saliva coagulada en sangre de abeja
no oír será mi objetivo y pagaré con gusto el precio: no volveré a escuchar mi alma

seré el rostro olvidado
del que nadie encuentra una foto

mi piel se exiliará de todo color
mi palidez y mi sonrojo  se convertirán - si quieren - en arquetipos que no encuentran carne

la magia de la luz se negará a retratarme
marginaré toda metáfora  que hable del encanto o que encierre las sombras en algo parecido a un aura de exhibición

convertiré mi lengua en embutido y la haré filetes
me masticaré

y en la sombra de la tarde llamaré a todos mis muertos
para pedirles que embrollen con su jerga la gramática

escribiré con minúsculas como castigo
mientras un pintor me dibuja como el hueco que dejan tus manos al dejarse caer sobre la mesa

odiaré a la humanidad con el silencio
seré el último primate de tu colección de naturalezas muertas

lunes, 31 de enero de 2011

DOVE NON SO

Edvard Munch. Bosque (1903)


"No me ha quedado ninguno. Uno ha muerto y el otro se ha matado.  Sólo vive aquél que era necesario matar"
"¿Varýkino no es acaso un lugar perdido en el bosque, donde nunca sucede nada?"
(Doctor Zhivago, Boris Pasternak).

 - I - 

 Supongamos que, en una percepción medianamente rigurosa del amor o la amistad (dejemos la diferencia entre ambos para otro día),  no cabe que el amigo  nos niegue las palabras necesarias para pasar el mal trago o dar testimonio de nuestra presencia y estima. Digamos, por consiguiente, que si llamando a la casa del amigo encontramos su fuego apagado y nos dice que no nos esperaba, la amistad se hace por definición añicos y se fragmenta en mil cristalitos (no de los que reflejan colores sino de los que cortan). La amistad era un mal sueño y nuestra pretensión ridícula.  No creo que seamos muy rigurosos si exigimos al concepto de amistad esa prueba:  que despeje en la tiniebla un espacio en torno al fuego de hogar y compañía para pasar la noche.

 Pues bien: esta consideración de la amistad se nos muestra claramente insuficiente si tenemos en cuenta que la negación del amigo no tiene por qué destruir la amistad. A la historia sagrada me remito:  San Pedro negó tres veces a Jesús y marcó su cara por la vergüenza sólo en los postres de la última traición. Y, sin embargo, no dejó de ser el elegido, el representante del Señor en la Tierra o la piedra que erige la geología de la comunidad.

 El amor y la amistad no caben en nuestros intentos de comprensión, ni en imagen ni en palabra. La realidad muestra una vibración u oscilación característica que hace que toda conceptualización pueda ser cuestionada ("no es exactamente así") o negada ("No es eso, no es eso"). Incertidumbre del arte y la escritura....

 Este hecho nos permite concluir que:

  • la poética del silencio o del lienzo en blanco está aposentada en el origen mismo de nuestros intentos artísticos: las palabras y las imágenes son desbordadas por la vibración de las cosas (nuestra impotencia o falta de habilidad creadora viene luego, como mala excusa, como negación de una amistad por un malentendido).

  • el uso de la escritura como elemento terapéutico está condenado al fracaso porque la palabra no puede con la complejidad de las emociones y convierte  todo decir en "expresión payasa". O dicho de otra forma: el escribiente debiera olvidarse de la cura y centrarse en la búsqueda de un artefacto artístico, una ficción en la que se muestre el primado de la forma insatisfecha.

"... el arte está siempre al servicio de la belleza y la belleza es la felicidad de dominar la forma. La forma es el presupuesto orgánico de la existencia. Todo lo que está vivo debe tener, para existir, forma, y por eso el arte, incluso el arte trágico,es el relato de la felicidad, una felicidad tan trágica y llena de lágrimas que tenía la cabeza cansada y dorida" (Doctro Zhivago, B. Pasternak)
-II -

En la muerte de Yuri Andréyevich Zhivago  retorna a escena -  convirtiéndose en motor de su funeral callado - la muy amada (o amiga en la fatalidad)  Larisa Fiódorovna, separada de Yuri desde hacía más de una década y que habitaba en algún lugar al otro lado del mundo. Aparición de Lara sin duda providencial y cargada de significado... ¿O estamos ante un chapucero  deus ex machina? ¿Dónde acaba la licencia literaria y poética para forzar casualidades y encuentros providenciales? Que alguien realmente importante en nuestra vida se presente casualmente en nuestro funeral para arreglar las flores y besarnos la frente rígida (destensándola de paso) es increíble para un intelecto medianamente sano.

Sólo la Providencia divina o la ficción poética pueden mostranos este hecho sin provocar risa. O mejor: no es que la Providencia o la poética cancelen la risa de estas casualidades. Sucede que paralizan la burla en un estado de significatividad que construye una idea teológica o estética:

 "Por una idea estética entiendo aquella  representación de la imaginación que da mucho que pensar, sin que, no obstantem, pueda serle adecuado  ningún pensamiento determinado, esto es, ningún concepto" (I.Kant. Crítica del Juicio)

 Como la amistad negada que, sin embargo, se mantiene fuerte más allá de su definición, el  arte (o la religión, ya que estamos con Zhivago) siempre está al borde de la carcajada  en estas imposibilidades poéticas que tienen lugar en el borde de nuestra creencia y que convierten los hechos en significativos. Seriamente significativos: de los que dan que pensar en ... nada concreto.  Un paso más allá al forzar la narración haría que todo el artefacto se rompiera - porque se violenta la "primacía de la forma".

 ¿ Quiebra Pasternak la forma con ese hecho improbable y providencial, la presencia de Lara en el funeral de Yuri? No creo. Lo que une a Lara y Yuri Zhivago es esa amistad que no se deja atrapar en su definición y que, amarrando a ambos a una extraña fatalidad, exige la  presencia ritual de Lara justo cuando Zhivago muere. El ritualismo salva la casualidad. Bien es verdad que para llegar a esa coincidencia providencial Zhivago debió morir sin heroismo, en la calle y rodeado de lo ridículo del mundo moderno(un tranvía que se hacía cachos). El siglo exige pagar ese impuesto de humillación.  Pero Larisa tiene su puesto en el funeral de ese hombre que se deja morir sin dejar de creer - cuando todo viene mal dado - precisamente por la primacía de la forma y  la armonía del mundo.

 "Nunca , ni en los momentos de más libre y olvidada felicidad, les había abandonado lo más alto y apasionante: la satisfacción por la armonía del mundo, la sensación de estar en relación con él, de participar en la belleza de todo el espectáculo, del universo.
  Vivían de esa participación. Y por eso el dominio del hombre sobre la naturaleza, el culto y la idolatría del hombre no los atrajeron jamás. Los principios del falso culto social transformado en política, les parecieron una cosa bien miserable y ninguno los comprendió" (Pasternak, Doctor Zhivago)
¿No nos provoca risa la creencia de Zhivago y Lara, en ellos precisamente que han caído con toda la escoria que dejaba el tren blindado de la historia? ¿No es ridículo que el poeta haga aparecer a la mujer en el punto final? ¿No es idiota que el amor y la amistad se extiendan más allá de sus rupturas, a la otra orilla de las tres negaciones de San Pedro, más allá de todo lo que la escritura pueda convenir en mencionar y decir? En el suspenso de la carcajada habita poéticamente... nuestra esperanza.

  Ríamos

 Digamos - con Lara y Zhivago - que gana la amistad y el amor a la Historia.




Rita Pavone - Dove non so (tema di Lara) (1967)

sábado, 29 de enero de 2011

Enamorado de la luz artificial se le fuerza al trabajo diurno....

 A las seis, en invierno ( 1912), de John Sloan

 " Y sin embargo, se adelantan unos a otros apresuradamente, como si no tuvieran nada en común , nada que hacer entre ellos; la única convención que les une, tácita, es la de que cada cual mantenga la derecha al marchar por la calle, a fin de que las dos corrientes, que marchan en direcciones opuestas no se choquen entre si" (Engels, citado por Benjamin, sobre Londres y en significativa página - quizás plagada de errores de juicio -, en La situación de la clase obrera en Inglaterra ).

Dice Sloan que son las seis, en  invierno, y he de confesar que en un principio pensé que se refería a las seis de la mañana. Luego comprendí que a las seis de la mañana, en invierno, es de noche. Me joroba no caer en esas cosas tan  simples y a veces justifico mi tontuna diciendo que no soy un niño de campo sino que me crie en una fábrica de hilatura y seda artificial. Veo el mundo entrando a trabajar a las seis, en la noche impasible.




 Creo que el tren se dirige hacia la izquierda. Un grupo apelotonado y gris congestiona el alma del mundo en hora punta mientras sube a los vagones. Los viandantes  que se nos enfrentan, empujados desde la izquierda del cuadro, sonríen. El tipo del puro y el sombrero hongo, acompañado de la risueña señorita, no parece que busque medio de transporte  y se muestra perfectamente colocado en el trasiego urbano de la tarde. Le encanta sentir la cercanía de miles de individuos y sentirse único. Es, quizás, una criatura de la noche, un noctámbulo de music hall.  Me fastidia que el hombre del sombrero hongo y su acompañante sean más significativos - histórica y vitalmente significativos, cromáticamente significativos para el caso - que, por ejemplo, los cientos que se dirigen en el tren hacia sus casas en el suburbio, después de un día de trabajo y a la espera del tedio que precede al sueño. Puestos a fusilar en el rencor de una revuelta incontrolada, los tipos iluminados por el color, destinados  al espectáculo de variedades o al teatro, a la larga noche de sexo y drogas -  quizás sexo mercenario y drogas adulteradas, pero sexo y drogas al fin y al cabo - merecen la descarga de la fusilería porque si X se aburre o todos se aburren o perezca el mundo.  Y X no es ni más ni menos que yo. Un yo que intenta subir al tren para ir a su casa.

Todo una exageración, claro. Éticamente no dejaré que mi posible o previsible - anciano o juvenil -  tedio egocéntrico se convierta en bala desgarradora del óleo de Sloan. No creo que el pintor haya proyectado mala leche ni burla contra los que se oscurecen en el andén y se dirigen a sus casas sin posibilidad de ver el último espectáculo o deleitarse con el más novedoso cóctel . Simplemente Sloan ha significado con el color y el trazo risueño lo interesante del momento de los de abajo, los que vienen por la calle con caras puestas, en oposición a los que arriba esperan subir al tren con la cara desdibujada en la grisalla del atardecer urbano. Ha marcado la relevancia de unos sobre otros sin odio ni desprecio aristocrático. 

De la izquierda viene la noche, tiñendo suavemente lo que queda del día (con ese sin querer del anochecer en la gran ciudad, envuelto en la lejanía del cielo y la aventura de la luz artificial). De aquel horizonte llegan también las caras sonrientes que sustituyen a los trabajadores en las calles. Se marca la bidireccionalidad y la ruptura cielo/suelo. El color de la noche, que empapa la saliva de humo y deseo, borra las horas de trabajo en talleres y oficinas.



El cielo ocupa una buena parte del cuadro y, sin embargo, no define su atmósfera. Es la luz de las calles y los locales la que marca el ritmo mientras el cielo se entretiene, ajeno a todos, tiñendo de diversas tonalidades del extraño azul lo que fue día.

La disposición del cuadro, esa casi  diagonal que divide la escena entre el   cielo apático y el  bullicio urbano, me incita a pensar en un cambio en la flecha del tiempo, una alteración de la bidireccionalidad derecha-izquierda (los que se van y los que llegan). Es perfectamente imaginable, gracias a la diagonal,  el tren derivándose de nuevo hacia la derecha y los transeúntes caminando hacia atrás, hasta el punto en el que se enciende el puro y el tipo del sombrero fantasea con una noche de juego y luz o  los hombres y mujeres del andén retornan a la calle diurna mostrando sus caras.

Y aquel azul extraño del cielo se hunde en las líneas de la firma de John Sloan, allá  en el extremo superior izquierdo.

martes, 25 de enero de 2011

Cuando estalló la guerra, yo tenía
catorce años y dos meses. Al principio
no me afectó demasiado. Tenía la cabeza
llena de otra cosa que todavía hoy
creo más importante. Descubrí
Les Fleurs du mal, y eso quería decir
la poesía, ciertamente; pero
hay algo más que no sé  cómo llamar,
y que es lo que cuenta. ¿La rebeldía? No.
Así la llamaba entonces. Tumbado
en un avellano, en el corazón
de una rosa de hojas mustias y muy verdes,
como pieles de oruga desollada, allí
tendido en la entrepierna del mundo,
me esperaba en feliz rebeldía
mientras el país estallaba en revolución
y contrarrevolución, no sé si feliz
pero más revolucionado que yo. ¿La vida
moral? Tal vez, pero me parece ambiguo.
Quizás la palabra más exacta es egoísmo,
y es mejor recordar que  a los catorce
hay que mudar de primera persona:
ya nos oprime el plural, y el ejercicio
del estilita singular, la náusea
del encaramado sobre sí mismo,
parece un buen programa para el futuro.
Después vienen los años y, felizmente,
se alejan también, y se nos va cansando
la mano que acaricia la frente obstinada
el cordero íntimo, y entonces adoptamos
este plural, no sé si de modestia,
que renuncia al singular, nos abandona
pero agradeciéndolo y premiándolo.Basta"

(Gabriel Ferrater: In Memoriam,Traducción Mª Àngels Cabré)

(Completo, en catalán)