viernes 20 de noviembre de 2009

Mariham, la de Magdala (3)


Perder el rostro. Arrancar aquello que nos identifica como quien borra el número de serie de una pistola o dobla una matrícula antes de perpetrar un atentado. Peor que partir la cara. Nunca me han perdonado el pecado ni mi trato con los demonios.

"Le acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido curadas de enfermedades y espíritus malignos: María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios"(Lucas 8:2)


Nunca es suficiente el arrepentimiento. La lágrima, nacida de la vergüenza, acaba incitando la sensualidad del verdugo. El buen tendero se coloca la máscara del Marqués de Sade (violencia hueca por dentro propia de los hombres de serrín). Me gritan cuando paso (sobre todo las mujeres):

Puta la madre; puta la hija;

puta la manta que las cobija”.


A la prostituta y a la adúltera la turba desnudó en la plaza para hacer aún más público su oficio o pecado. Una buena lapidación antes de la cena abre el apetito de los varones y las hembras mejor que el viagra. Dicen. Creo. Pero Él me salvó anunciando la universalidad de la culpa:


Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.


Yo fui fiel a Él hasta la muerte, cuando todos huyeron y la agonía se convirtió - como siempre - en cosa de mujeres. Yo anuncié que no cabía la rendición y que estuvieran prestos para el combate del Espíritu. Pero pronto se olvida el consejo y el amor. Se impone la humillación. Me quitan la cara; me la roban y me convierten en cuerpo, sólo cuerpo. No hay perdón (salvo en Él). Por eso debí abandonar el mundo, refugi

arme en el desierto y en la gruta. Hacerme respetar por las sombras. En todo caso ellos siguieron trabajándose mi imagen. Me llenaron de vello o de lágrimas; dejaron que mis ropas se hicieran jirones para que se descubriera mi pecho. El deseo de muchos se cubrió con una pátina dorada de santidad.


Con Pedro, el que negó tres veces, la cosa fue distint

a. En su caso las lágrimas le labraron un hermoso trono en la ciudad eterna. A Mariham la de Magdala las lágrimas desnudan y abonan el crecimiento de los cabellos. Dice ella:


"Mi piel se alimentaba sólo de llagas que la sal hacían insoportables".


Dolor extremo de calavera y perfume

Dice Mariham:


Por eso en la imagen que de mí hizo Tiziano miro hacia el cielo. Mi faz sólo existe para Él y le imploro. Él me otorga ese pelo que me cubre, que de

svela la inmundicia de los que miran y lapidan con la voz. Sin embargo, hasta el pelo lo pervierten.



Lefevre me sitúa ya envuelta por la foresta, con el rostro anulado y enmarcado el hueco por el rojo pelo. Aquí el cabello ya no cubre ni dignifica. Ahora la pelambrera ignea anuncia lujurias de Music Hall. ¿Me libera el cuerpo Lefevre? No, me humilla porque me quita la cara. Y el pelo es raíz infecta que me ata a la cueva, escenario en el que bailo can-can sin lágrimas(no tengo ojos) ante un público de machos y burgueses.

Barro el suelo con mi melena que busca la salvación en un retorno a la tierra – son raíces de orquídea. Los ramajes empiezan a cubrirme en el cuadro de Lefevre. Me asilvestro como cuando huí de la ciudad al ascetismo. Pero ahora Él no llega y me salva .... ¿Dónde está el amado? Silencio.


Me torno mujer salvaje.

Me convierto en mujer-mono e inicio una lucha en la que las lágrimas de la Magdalena se metamorfosean en risas y carcajadas. Me corto el pelo. Descubro la cara y os miro a los ojos. Me apunto a las Guerrilla Girls.


Imágenes:

Marina Abramovic: Balkan Erotic Epic Banging the Skull 2005

Tiziano: Maria Magdalena 1565

Jules Lefevre: Maria Magdalena en la gruta 1876

Artemisia Gentileschi, Guerrilla and the Elders, 1610
( The Guerrilla Girls' Bedside Companion to the History of Western Art.)

martes 17 de noviembre de 2009

Mariham, la de Magdala (2 )


Simón Pedro les dijo: «¡Que se aleje Mariham de nosotros!, pues las mujeres no son dignas de la vida». Dijo Jesús: «Mira, yo me encargaré de hacerla macho, de manera que también ella se convierta en un espíritu viviente, idéntico a vosotros los hombres: pues toda mujer que se haga varón, entrará en el reino del cielo». (Evangelio de Tomás, apócrifo dicen)


Me llamo Mariham y estoy castigada. A mis padres no les ha gustado nada que les anunciara que quería entregar mi amor al profesor de biología. Así se lo dije muy seria el domingo a la hora de la comida: “Quiero entregar mi amor a Paco”. Una niña de doce años se supone que no puede decir esas cosas sobre todo cuando Paco es su profesor. Pero no puedo evitarlo. El amor es más grande que mi cuerpo y mi mente. Realmente no puedo decir que yo haya elegido esta situación y que, tras la reprimenda, pudiera llegar a reconocer que todo era un capricho tonto. No se trata de pedir permiso. Es cosa hecha. El amor es tan luminoso que hasta una niña de doce años lo entiende. Aunque Paco me haya dicho que no es posible o mis padres me hayan castigado.

Como han sentenciado que una niña no puede amar a su profesor, pienso que lo mejor será que deje de ser una niña. Quiero ser un hombre. Es decir: de mayor seré un varón para poder amar a Paco sin que nadie pueda censurarnos nada ni nos hable de pecados ni de horrorosos sentimientos. Acepto el castigo. Lo asumo y pienso multiplicarlo a través del ayuno y la ingesta de testosterona. No voy a comer porque no quiero que mi cuerpo se abulte. Si una niña no puede declarar su amor a su profesor favorito entonces seguro que menos aún lo podrá hacer una adolescente con tetas y culo gordo. Deseo ser un señor y tener bigote y barba como Paco.



Paco me dijo, cuando quise cogerle la mano en el laboratorio, que no podía ser. Por favor, no puedes tocarme. Una niña no puede acariciar amorosamente a nadie salvo que sea su papá o su mamá. La gente cree que en todo hombre hay un tipo deseoso de olisquear las braguitas de las niñas. Eso ya me lo dijo mi mamá la primera vez que fui sola al parque. También opina que no se puede amar al profesor de biología a los doce años. Las creencias de las personas son muy sucias y pobres. Por eso debo aceptar el castigo. Quiero que el mundo sepa que hay una niña que va a pasar todo el hambre que sea necesario para convertirse de mayor en un hombre que ame a su profesor sin sentimiento de culpa ni otras porquerías. Me refugiaré en el corral que la abuela tiene en su casa, entre las gallinas y sus cagaditas. Si quieren pueden venir a verme pero yo no saldré de allí hasta que no sea un hombre con barba y bigote. No voy a comer hasta que sea una calavera cubierta de pelo. ¡Quiero que mi cuerpo se cubra de vello! Así podré amar a Paco sin pecado.


Lo anuncio.


Sorprende la decisión de nuestra Mariham. Locura de niñitina, carne para psiquiatra infantil. Pero todo en María Magdalena – y sus múltiples avatares – es bastante extremo. Su iconografía recorre todo el espectro de la feminidad, del sensualismo más voraz – emparentándola con mamá Eva - hasta el ascetismo suicida. Eros y thanatos fluyen por su piel a una velocidad de futuro. Deja perplejo la dureza de la escultura de Donatello. Sobre todo porque es de Donatello y no de un loco expresionista alemán dispuesto a entregar su vida por el nihilismo. La Magdalena de Donatello me trae a la imaginación al Buda Penitente, esa representación atípica de Siddharta antes de la iluminación, cuando era cifra de la muerte, un asceta equivocando el camino. No se sabe si Magdalena logró vencer la tentación destructora. Nuestra Mariham esperemos que entre en razón. Sus padres se ocupan de ello. Papito y terapeutas de colores diversos civilizarán el impulso.


Que recuerde, nunca Jesús fue representado en tal guisa penitente aunque tuvo lo suyo en los célebres cuarenta días y cuarenta noches. La crucifixión es, desde luego, otra cosa. No es dolor auto-infligido. Es dolor que cae del cielo o la tierra y se soporta. Jesús no se autoinmoló para dar testimonio o alcanzar no sé que cimas. Parece que el desierto no afecta a los dioses ni a los diablos.

Mariham está en los bordes de la locura infantil. Quizás haya leído demasiada literatura gótica. En todo caso el deseo de romper su ser - ¡quiere ser un señor con barba y bigote! – nos la coloca en la posmodernidad trans-queer. Pero eso no es lo importante. Mariham usa su cuerpo para desvelar el amor que ella ha detectado con su alma naciente. Y es tan radical su amor que no sé si Agustín(el de Hipona) sería capaz de censurarla. Quizás callaría. San Agustín nunca fue un buen terapeuta. El amor le cruje las meninges. Y a mí. Y a María Magdalena. Eso nos condenará y nos salvará.


El amor nos cruje a todos. Y la Magdalena es un gran interrogante.

Imágenes:
Donatello: María Magdalena Penitente (1453)
Alexander Ivanov: La aparición de Cristo a María Magdalena (1836)
Buda Ascético

lunes 16 de noviembre de 2009

Mariham, la de Magdala ( 1 )


En casa no teníamos piano. Papá no ocultaba los libros eróticos y heréticos en una vitrina de nogal que nosotros aprendimos a abrir sin que se diera cuenta porque tampoco éramos dueños de una vitrina de nogal ni de colección alguna de libros. En las largas tardes de invierno, la abuela no nos relataba sus nostalgias de la época colonial; ni teníamos parientes exóticos en Cuba o Filipinas. Tampoco es cierto que mamá fuera una gran aficionada al arte y, en sus ocios, practicara el óleo o la pintura sobre seda deslizando motivos orientales. Todo eso - y mucho más - es mentira. El conjunto de las cosas falsas que puedo contar sobre mi es casi infinito. O infinito sin más. Por eso sólo puedo escribir desde la nostalgia de lo nunca sucedido y la meditación se me tiñe de tristeza sobrevenida. Todo es consecuencia del infinito de las mentiras posibles.

En mi adolescencia tuve que arreglármelas - como casi todos - con pocas cosas. Mi mano brusca en la obtención de placeres y una mirada abierta a las experiencias extrañas. Dios no me ha dado pianos ni bibliotecas familiares, ni una larga tradición de amor a las artes o la belleza. Pero me entregó en prenda ojos y manos. Se lo agradezco. Soy un fiel devoto. Con mis manos - el tiempo que el sexo las dejaba libres - nunca pude hacer nada de lo que mi clase social me tenía destinado. De tan inútil acabé arrinconado en la blandura del carácter y la incompetencia manual contaminaba mis ojos (ya saben: la coordinación de la mano y el ojo es cifra de la hominización). Los ojos del debilitado tienen la ventaja de que no precisan ocuparse de urgencias ni de pragmáticas utilidades. Pueden mirar las cosas que producen fiebre porque ya están ulcerados. Mis ojos escrutaban a mujeres lejanas e inalcanzables; también a las prohibidas. No me importaba la frustración pues partía de ella. Los ojos se posaron también en esas cosas que cuentan los libros y en la majestuosidad del arte. Liberado como estaba del combate de la vida, cabía la entrega a la decadencia de la estética. Me convertí en esteticista morbosamente - sea, por enfermedad del alma obrera.

Cuando tenía más o menos dieciséis años, antes de salir por ahí con los amigos a embriagar el alma y el cuerpo con metiras, humos y químicas diversas, cultivaba mi mirada en las soledades del Paseo por la Isla, visitando el Museo Provincial (Museo Arqueológico) o en la circunvalación mística de las anchas naves de la catedral. A veces me llevaba un libro de poesía y simulaba un ataque de tuberculosis. En esos espacios fui construyendo la cartografía emocional y descubriendo el reino del espíritu.

En mis andanzas por la catedral me dejaba arrastrar por los infinitos arcos ojivales y el frío del que surgía, de repente, Juan de Juni. Entraba, pegado a algún grupo de visitantes, en la Capilla del Condestable y besaba las tumbas en la línea más becqueriana posible. Fui necrófilo antes que filósofo ( si lo uno no es ya lo otro). En una pequeña habitación en la esquina de la capilla el guía nos abría un armarito y nos enseñaba lo que allí se ocultaba: una imagen de María Magdalena que él decía era de Leonardo (tal vez, asumía dubitante, de un discípulo). Hoy podemos leer que es obra de Giovan Pietro Rizzoli, Giampetrino.

Me gustaba ver a esa Magdalena encerrada en el cuarto secreto. La belleza se me revelaba como lo que sigo creyendo que es: algo inalcanzable y extraño que se nos presenta ante los ojos con vocación de muchacha facilona, presta a dejarse meter mano. Una suerte. ¿Qué había hecho yo para que se me revelara la Magdalena con su cabello insinuante, con ese pecho cálido que no podía ocultar y, sobre todo, con esa sonrisa que parece decirnos que ha nacido para mostrarse ante nosotros, para dejarse amar en la cercanía más íntima aunque sólo sea durante un ratito, porque pronto llegará la hora del cierre, de lo real-real, del olvido del momento mágico de la conversación o la mirada?. Despacito, María, despacito....

Estos días voy a hablar de Mariham, la de Magdala. Esa mujer que abría su espiritual pecho al chico que nunca tuvo piano en casa, ni colección de rarezas bibliográficas ni historias coloniales. Me amó y yo la amé. Pero sin tocarnos. Como ya le dijo Jesucristo en el momento de la resurrección: Noli me tagere . Quiero hablar de María sin tocarnos... todavía.


sábado 14 de noviembre de 2009

GESTELL (Y SEIS). Girl you´ll be a woman soon

- Comprendo la música, comprendo las películas, comprendo incluso hasta que punto los tebeos pueden revelarnos cosas, pero aquí hay profesores hechos y derechos que no leen otra cosa que los envases de cereales para el desayuno.
- Constituyen la única vanguardia con la que contamos"

(Don Delillo: Ruido de fondo)


- I -

En La pregunta por la técnica Martin Heidegger define a ésta como una estructura de emplazamiento (Gestell). La gestell - en origen: armazón, estante, armadura - es un modo de apelar a la realidad, de provocarla o emplazarla para que se nos muestre. La técnica como gestell hace posible la aparición del objeto técnico y es, así, un modo de desvelamiento por el cual la naturaleza se hace presente como posibilidad técnica(dominable). Ahora bien: no supongamos que es simplemente una actitud o talante que está a nuestra disposición o bajo nuestro dominio. La gestell (técnica) hace aparecer una cierta fuerza o voluntad impersonal que liga de un modo específico al humano y a las cosas. Así que, concluye Heidegger, no digan que no les advertí: al invocar con su civilización a fuerzas de dominio que les debordan acabarán ustedes cosificados, poseídos, vampirizados por ... "ello". Debo reconocer que al leer el ensayo heideggeriano me acordé de inmediato de Lovecraft y sus entes procedentes de dimensiones espeluznantes. Desde entonces vivo, claro, acojonado. Soy un ente meditante aterrorizado por el mago-diablo de la Selva Negra.

Supongo que la filosofía no es otra cosa que una descriptora de las estructuras de emplazamiento que más se ven por ahí, quiero decir, las más comunes en eso que podemos llamar la experiencia de la humanidad. Si el arte - o la literatura - es algo distinto de la filosofía (no lo tengo claro) quiero creer que se ocupa de la serie indefinida de estructuras de emplazamiento que ya no son tan comunes a la experiencia humana sino que construyen la especificidad de cada persona o situación. Un vértigo de posibilidades.

- II -

Mi mujer del café de Viena (hablaba el otro día de ella) o la amiga que creía que la mujer estaba en Praga o yo mismo hace unas semanas, suponiendo que era una criatura japonesa more Murakami, emplazamos a la realidad para que se muestre. La mujer de Viena provoca (es una provocadora... al menos para mi y en mi ficción). Esta mujer - cuarenta y tantos, médico de moralidad cuestionable, separada recientemente de amigo y amante - invoca la nostalgia crepuscular del amor roto y trae a su cabeza la canción Girl, you´ll be a woman soon en las versión que escuchamos en la película de Tarantino. Recupera toda la escena de la sobredosis de Mia, el dilema moral de Vincent... pero lo hace de un modo ajeno a la intención de la película. Transmuta sentido a los objetos. Hace arte con su nostalgia....

El "silencio incómodo" que inicia la secuencia de Pulp Fiction tras el baile anuncia la presencia de nuevas posibilidades erótico festivas. La seducción entra en la fase del temblor. La canción subraya la tensión de toda la escena: " nena - se dice - pronto serás una mujer.... y necesitarás un hombre que quizás no te conviene pero que aquí le tienes, a la mano, como posibilidad - como el riesgo en el que habita la salvación". El baile de Mia- ¡oh, Salomé que a los hombre pierdes! - apunta al erotismo y a la embriaguez que desinhibe. Está guapa y pelín borracha (muchos hombres sueñan cada noche con esa gestell en sus cacerías nocturnas). Sin embargo lo inesperado entra en juego quebrando la escena. ¿Qué es lo no esperado? Primero el discurso de la moralidad(¿máscara del miedo?): "no seas grosero" - se dice Vincent,- "es la chica de tu jefe. Nunca olvides los valores:la Fidelidad al capo (o el miedo a la ejecución mafiosa)". El erotismo se transmuta en prueba moral por la mediación del discurso. Llamemos a esto lo inesperado débil: a pesar del discurso es muy alta la posibilidad de un encuentro sexual entre Mia y Vincent. Por eso el monólogo de Vincent nos hace gracia. Ahora bien: lo inesperado aparece también en la otra habitación. La droga que esnifa Mia rompe el trance iniciado por el baile y el silencio incómodo. Hace acto de presencia la muerte . Esto es lo inesperado fuerte. Mia termina en éxtasis como las célebres místicas del barroco. El caballo o la coca llevan a Mia al orgasmo sin necesidad de la intervención de Vincent, a lo bestia y con iguales consecuencias nefastas para éste que si se hubiese acostado con Mia (si Mia muere, el jefe mafioso matará a Vincent).


- III -

La mujer de Viena toma café y recuerda la canción y la escena de Pulp Fiction como medio para que su ex-amante se haga presente en la mejor de sus facetas. La escena dramática de la película pierde el aura religiosa y moral en el juego de la nostalgia de los amantes. Este tipo de mutaciones del sentido de las escenas de las películas, las canciones o los paisajes llenan nuestras vidas y nos ofrecen la existencia personal como una posibilidad de obra de arte, de creación de propias y peculiares gestell que nos "sustentan" la vida o nos sirven de armaduras. La canción trae a la memoria de la mujer aquella mañana de invierno en que ella se despertó a su lado y él, todavía dormido, le transmitía el calor de su aliento después de la primera noche de amor. Ella no quiere despertarlo y lo convierte, por un rato, en un Endimión. Girl, you´all be a woman soon llega como una suave ola y mi mujer de Viena se deja llevar por los acordes. Se siente como Mia - aunque tenga muchos más años - si hubiese sucedido que lo inesperado no hubiera aparecido: guapa y en brazos de Vincent. Mi mujer de Viena emplaza al destino con esperanza y sueños, los sueños en parte realizados durante un par de años pero que, hoy, en esa noche fría de Viena, muestran cristales rotos. Lo trágico se vuelve agridulce y quizás, en pocos minutos, tristeza.


Imagen: Mia Wallance (Uma Thurman)
Vídeo: Pulp Fiction ( 1994). Dir: Quentin Tarantino. En escena: Uma Thurman (Mia Wallace); John Travolta (Vincent Vega) Música: Girl, You'll Be a Woman Soon (Versión de Urge Overkill) .

miércoles 11 de noviembre de 2009

SUEÑO (CINCO).Capricho del fuego.

Leonora Carrington: The Burning of Giordano Bruno (1964)


"Los gestos decorativos aportan romanticismo a una vida"
(Don Delillo: Ruido de fondo)




Nada que decir en el día de hoy. Nunca nada que decir. Quizás, como decía Ortega, recordar que sólo lo superfluo es necesario. Y que no hay que cambiarlo de nombre ni decir que realmente no es tan frívolo y superficial como parece. No. No inventemos profundidades. Sólo tomemos conciencia de que daríamos la vida por un abrazo, un roce de rodillas o unos pies que se encuentran en la fría noche. Por una palabra.

Por una danza: la cabeza del Bautista (Juan).
Por un caballo: un reino (Ricardo)
Por una manzana: el Paraiso (Adán)

Siempre me ha parecido sosprendente la desproporción que habita en los más profundos sacrificios e intercambios humanos. El hombre es el animal que no sabe hacer cuentas. Un impulso, el deseo, el más trivial de los caprichos eleva la apuesta al infinito.

¿Quién pondría en riesgo la salud de su hijo por un ratito más de charla, por un intercambio pícaro o sonrojado de miradas, por una complicidad de escritura o conversación? Quien descubra rareza o lo pretenda ininteligible desconoce la llamada del hambre en el hombre. Hambre de lo superfluo, de flatus vocis. Extraño.

Bruno se negó a reconocer que se equivocaba defendiendo el sistema heliocéntrico y la infinitud de los mundos. Giordano: Un capricho. Murió en 1600.

Para Belarmino (Roberto Francesco Romolo, martillo de herejes) la hoguera no era cosa de broma. Para Giordano eran más importantes las volutas cósmicas de los astros que el olor a carne quemada (la suya). Una extravagancia estética. Quizás se achicharró feliz sintiendo como sus tristes carnes se elevaban hacia el éter (o mostraba que él era YA éter).

Un hombre y una mujer ponen en peligro el cosmos por un caprichoso baile de palabras, confidencias, banalidades y otros utensilios decorativos. Cambian lentejas por éter.

Nada es extraño. Ni la lágrima que recorre el rostro del hombre.

Satie, un capricho triste. Un capricho.

¿Gana la estética en toda su debilidad a la ética?






lunes 9 de noviembre de 2009

FICCIÓN (CINCO).VIENA (Dancing with tears in my eyes)

Ella está ahora en un café de Viena. Los pronósticos meteorológicos para mañana hablan de 2 grados de mínima y 9 de máxima. Lluvia. Hoy no llueve pero el clima no es apacible. Ella está en Viena ahora(20:12) pero yo no lo sabía. Yo creía que era japonesa y más joven; una chica como de Haruki Murakami. Lo de Viena me lo ha tenido que contar una amiga. Bueno ella (mi amiga) creía que estaba en Praga y leía a Kundera. No sé, le dije ¿estás segura?Quizás viste tu reflejo en un cristal cuando paseabas con ese abrigo largo-largo y te confundiste con ella. Eso pasa a veces. Uno cree ver a otro pero se ve a sí mismo.

Dejemos claro que ella está en Viena tomando café y fumando - aunque no fuma normalmente. Con gusto se pediría un pastel pero no lo hace. Cree que es demasiada compañía (la del pastel). Las tías, a veces, se acompañan con pasteles y chocolate. Son cosas de su sexo y de lo novelescas que son. A mi me parece bien. En general me parece bien casi todo lo que hacen las mujeres. En cambio, con los hombres soy más crítico. Quiero decir: a veces me repugnan. Mi heterosexualidad está como desbordada por la parte del espíritu. Eso me dijo el psiquiatra.

Yo nunca he estado en Viena. Tampoco me atrae mucho la idea de ir y, si lo hago lo haré, ahora, por ella. Ella medita. Hace cuentas vitales: tiene un amigo por el que ha hecho algo inmoral y además tenía un amante joven al que ha abandonado. No va a tener un hijo con él - aunque hubiera podido y hace sólo una semana era una posibilidad. Ahora no. En realidad tampoco era una posibilidad hace unas semanas aunque la biología y los análisis se empeñaran en desmentirlo. No. Él se entusiasmó con la cosa y, por eso, le tuvo de mandar al cuerno. Y de paso ella se fue también. Luego conoció a su amigo y esté se enganchó a ella de mala manera. Y ella a él. No hicieron nada(sexual, quiero decir) pero si lo hubieran hecho no se hubiese quedado embarazada: las embarazadas no se quedan embarazadas (je,je). Normalmente. Pero el tío del hospital no quería sexo. Quería charla. Como ella. Hablaban de viajes y excursiones de primavera. Pero imaginaban como en abstracto porque no decían: oye, podemos ir aquí o allá. No. Hablaban de viajes que sucedían fuera de ellos, o cuando ellos no estaban juntos. Luego hablaron de su heridas. Al final hicieron una tontería que además de inútil era inmoral.




Ella, que está en Viena, no busca ni amigo ni amante. No quiere pasteles que le hagan el amor. Se fuma un cigarro - y le sientan mal. Necesito un abrazo que dure mucho, mucho, mucho. Toda una tarde por ejemplo. Pero no deseo que nadie me abrace. Un abrazo sin brazos. Raro. Pero yo - que no estoy en Viena y que ni siquiera conozco Viena - se lo voy a dar porque allí no tengo brazos. Pero llevo toda la tarde con ella. Dando vueltas a su alrededor como si fuera una puta cámara. Y quiero que sienta mi calor y la presión de mi abrazo. Aunque haya hecho cosas malas. La abrazo y callo porque mi voz no llega a Viena ni de coña. Bailo a su alrededor con lágrimas en los ojos. Descubro los secretos de la ficción y bailo.


Imagen: Marc Chagall (Por encima de la ciudad, 1914-8)
Viena:Burgtheater
Vídeo: Ultravox: Vienna; Dancing with tears in my eyes


domingo 8 de noviembre de 2009

ADICCIÓN (CUATRO). LA ESFINGE

Escuchar a The Human League, Ultravox, Spandau Ballet.

Escribir sin parar desde hace cuatro horas. Escribir ahora por impulso. No es poesía; es terapia. No es metafísica; es esfuerzo clínico. No es sino perder el tiempo cuando el Templo se desmorona. Entre las ruinas bailo...

Don't you want me baby?
Don't you want me - oh
Don't you want me baby ?
Don't you want me - oh


Soy frívolo e inmoral. Repugno a mis hijos - y eso que son raperos. Escribo y bailo mientras Bono canta su canción y nos dice que los niños mueren hoy y mañana sin que nosotros paremos de engullir. And it's true we are immune /When fact is fiction and TV reality/And today the millions cry/We eat and drink while tomorrow they die/(Sunday, Bloody Sunday)

Sudoroso abandono el baile:

¿Y si convocamos una huelga de hambre masiva?

¿Y si postulamos la anorexia global?

Me interrogo (filosófico): ¿puede haber huelgas de hambres masivas o son siempre actos individualísimos, cosa de terroristas o de santones? ¿Por qué nadie las convoca? En una semana, ¿destruiríamos revolucionariamente la industria alimentaria? ¿Podemos exigir con nuestro ayuno y nuestra muerte el pan y el agua para todos los niños?. Escribir mientras Bono canta su canción sobre los niños que mueren es de una frivolidad subida. Escuchar Love Action de The Human league es un pasada cuando tantos sufren penas de amor y de acción y de hambre.

Chantal Maillard insiste en que "las cosas son demasiado intensas. Es preciso disminuirlas, convertilas en cosas". Gracias Chantal por apoyarme, por justificar mi frivolidad. Tengo que reducir la intensidad de las cosas. Llevo más de cuatro horas tratando de disminuirme, de reducir mi corazón a objeto, mis dudas a espacios cercados. Mato sentimientos; me asesino en la calle gris de Viena. Llevo mi corazón (latiendo aún) a la Selva Negra, cerca de la cabaña de Heidegger, tratando de encontrar la serenidad mientras recito, como mantra romántico, los versos de Hörderlin: Poéticamente habita el hombre ...

Bailo. Estoy en las calles de Berlín. En la Puerta de Brandemburgo bailando a U2 en su recital de Dublín de 1986. La escritura debía salvar a Europa. La Escritura, las Escrituras, Las Sagradas Escrituras.... y ahora, desbordada la escritura en blogger, twitter and Co. precisamos más dosis, más pureza y nunca nos sentimos tan tentados de dejar de escribir. Muerte por síndrome de abstinencia.

Bailo solo en la oscuridad - como Bjork - a Depeche Mode: Enjoy the silence!!

Armonizo, como puedo, lo que siento, lo que pienso, lo que oigo... ¿Y si callara y dejara que el caos invadiera la casa?

La escritura sirve cada vez para menos. Al principio escribía una hojita cada día o cuando me acordaba y su efecto reparador de duraba casi toda la jornada. Ahora me chuto cada día horas y horas. He dejado de leer y de comer. Nada de sexo disruptor. Sólo escritura y baile. Spandau Ballet: Be free whith your love. No puedo razonar. Sólo dejar que las palabras se delicen con más o menos luminosidad y entren en el centro de mi cerebro.

Mientras los niños mueren y la casa se descompone. Un niño llora histérico en la habitación. Un padre castiga como si fuera Dios. Los padres son una especie alienígena:

Don't you want me baby?

Seguramente es suficiente con la madre y la PSP.

Bailo, escribo y Serenus me interroga sobre la escuela y los 18 años y la obligatoriedad. Reflexiono, pero lo hago mal.

Poetizo.

Miro a Patti y a Bjork. Son mis dos esfinges. Pregunto y no contestan. Preguntan y no respondo. Callamos y nos miramos. Se lanzan sobre mi cuerpo y me devoran. Las esfinges me mantienen calladito con sus preguntas para así, cazarme mejor. Me preguntan:

¿Qué hora son mi corazón?

Poetizo, frivolizo, escribo y me agoto. Hoy no hago huelga y los niños mueren de hambre. Cientos.

Imágenes: Robert Mapplethorpe: Patti Smith 1976
Bjork

jueves 5 de noviembre de 2009

SER PUNTO (TRES). ABSTRACCIÓN






"El punto es un elemento geométrico adimensional, no
es un objeto físico; describe una posición en el espacio, determinada en función de un sistema de coordenadas preestablecido" (Wikipedia).








En la cartografía de la emociones - ese empeño iluso por el que dispuestos estamos a perder la razón y los buenos modos - la mirada del que ama se revela como bomba atómica siempre atenta a causar el mayor daño posible en aquello en lo que se detiene. Cosas del corazón - tirano de la mirada -, órgano puntilloso que habita en el cerebro o el hígado y lo ocupa totalitariamente. La mirada de Eurídice, explosión termonuclear, pulveriza la carne y las vísceras de Orfeo, esparciendo grumos por el espacio blanco del lienzo para, en una segunda pasada, convertir el fragmento en molécula y la molécula en átomo, electrón, fotón, quark... y lo más pequeño - pequeño que la materia sea capaz de digerir en su vacío original. Y si hace eso con el cuerpo ¡ imaginemos lo que hará con el alma!. Polvo somos aunque nos llamemos Orfeo y nos hayamos pegado la movida de bajar hasta los mismos infiernos para rescatar a la chica. Ella, porque nos mira, nos pulveriza del mismo modo que, si habitáramos en la nada, nos daría el ser. La más cruel de las violencias la ejerce el ojo amante (y no me refiero al de Rimbaud) cuando se pone metafísico, es decir, casi siempre (ver: Sade, Bataille, Gilles de Rais....).


Sin embargo, con toda su potencia, la mirada de Eurídice es incapaz de convertirnos en punto. Para ser punto la mirada necesita una previa ascesis que desmontando desde dentro la infinita potencia del amor (eros) haga brotar la (fría) inteligencia, la sobriedad del ojo. Para convertirnos en punto la amada debe implosionarse, invertir los ojos en sus cuencas, dejar que el frío metal o la lunática navaja atraviese la retina y ubique un eje de coordenadas, un marco de civilización: la Forma - qué razón tenías Platón, viejo zorro.

Y la Forma (o las formas, seamos posmodernos) llena el espacio blanco del plano de un conjunto indefinido (aunque definible) de posiciones posibles en las que el amado puede moverse. Y así, convertido en punto, puedo definirse sin estridencias de la amabilidad al deseo, de la pulsión sexual a los esponsales y de estos a la amistad y el saludo sonriente, de la apatía a la exaltación, y todo ello sin que en el ir y venir se congestione el sistema. La mirada amante, sin tratamiento, es incapaz de romper el marco de l
as grandes palabras e imposibilita el tránsito de la pasión lúbrica a la amistad o la camaradería de los transeuntes. Revienta. Nos revienta.

Soy un punto. Nada: ni amante ni esposo ni amigo ni voluptuoso sexo ni pasos acompañantes en el camino. Y lo puedo ser todo, bien ubicado en el marco de coordenadas. Ser abstracción, como el destinatario de la carta antes de su materialización, como el que habita al otro lado del chat. Nada formalizada, dispuesta a mil destinos en su movimiento por el plano y las coordenadas. Una flor en un círculo. Tan cruel o tierna como desees dentro del marco de lo posible, del juego que define la mirada.

Que lo seres humanos despreciemos esta posibilidad y siglo a siglo, amor a amor, nos pulvericemos en las torpes manos del ojo nuclear de Eurídice, dice poco de nuestro talante espiritual. Enigma de esfinge: ¿ por qué preferimos despedazarnos?.

Imágenes: Yves Klein: Archisponge- Re11 (1960)
Buñuel: Un perro andaluz (1929)
Robert Mapplethorpe: Gardenia (1978)

miércoles 4 de noviembre de 2009

CONCRECIÓN (DOS)



Estoy rodeado. Queriendo ser abstracto me deslizo en lo concreto. El anhelo de lo concreto me sumerge en lo abstracto.

Ayer decía que quería hacer daño y, por ello, me quería hundir en la abstracción. Dañar desde la abstracción es cruel e inhumano a la par que elegante (como vestir de negro). Un navajazo - ejemplo de concreción - es mala tarjeta de visita pero tiene algo de tierno e ingenuo comparado con los zarpazos de la Divina Providencia que caen sin sombra ni huella. En plan hostión cosmogónico. De repente uno empieza a tener mala suerte y todo se tuerce. Como en el caso del santo Job (el bíblico, no el de Rajoy). Te están haciendo daño pero no ves ni cara ni mano ni carta de despido. El daño cae como la lluvia pero ¡ no ves las nubes!.

Decía ayer que necesitaba ser desagradable, morder los labios que me besan, escupir al que me ayuda a levantamte del suelo. Toda la parafernalia punk-destructiva: cortarme con la cuchilla la autoestima justo por encima de la tetilla, como Sid Vicius. En la cima de la crueldad escribí "ojo del culo" -aunque lo suavicé como cita culta rimbaudiana - e hice enseñar a la Caridad su vagina al Vicio (sin tocar, sólo ver). Estaba malo yo ayer. Uff, me asusto.

El ángel de la guarda, en su esquina, se ríe de mí. Proclama(sin necesidad de trompetas):

- ¡Pero que a bulto eres! ¿Dónde vas con toda la tontería del dañar!¡Y encima dañar con lo abstracto! No sirves tú para eso. Sabes que todo tu tránsito por el mundo de la filosofía y la metafísica ha sido un engaño. Has logrado timar a algunos durante un buen rato - hasta te pagan por hacer eso para lo que, evidentemente, no estás dotado. Pero eres consciente- sin necesidad de mis consejos - de que no puedes acceder al mundo especulativo. Todo lo terminas convirtiendo en formas concretas, en imágenes y caricaturas. Para ser metafísico te falta frialdad; por constitución estás imposibilitado para acceder a la contemplación del desgarro de la realidad. Eres más tierno que el día de la madre...


Mi ángel de la guarda me hunde . ¿Comprenden por qué soy tan depresivo? No es por vicio. Entre la Providencia tocándome las narices con la mala suerte de perfil bajo (muy postmoderna conmigo la Providencia, ya podrá con los débiles que decía uno de los hermanos Costa) y el ángel riéndose de mis proyectos, tienen que comprender que no levante cabeza y llegue a ser con mis amigos (poquísimos, claro) no sólo retorcido (ingenuamente retorcido) sino plasta, pesado y desagradable.

Pido perdón. Ya no voy a ser dañino (ni abstracto).

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Escena uno: Una joven parisina suministra a su coche el combustible equivocado. Total que el coche se para. Su joven acompañante se toma una bebida isotónica y comienza a empujar el vehículo para aparcarlo en un lugar adecuado en espera de la llegada del servicio mecánico. Luego se acerca a la chica y la consuela cariñosamente. Esto es concreto y bonito. casi huelo el perfume de la chica y noto las gotitas del refresco en mi garganta. Escena dos: En un banlieu un macarrilla monta un pollo de cojones a su chorba porque ha echado gasoil al coche de gasolina. Empuja el coche blasfemando e insultando a la joven que se marcha llorando a casa. Esto también es concreto pero feo. Si el protagonista de la primera historia es Andrea Casiraghi el hecho concreto y bonito se convierte en noticia de la revista de corazón que he leído en la peluquería. El griterio del segundo hecho - el feo - se nos muestra como casticismo etnográfico o violencia de género. Qué el coche de la novia de Andrea sea un mercedes y lo tenga a todo riesgo importa poco para la revista(se hace noticia a pesar de); que el tipo desagradable esté en el paro y la avería del coche le deje sin vehículo tampoco es relevante. Ambos hechos concretos se han tornado, de repente, abstractos y toda la descripción, si me apuran, se convierte en demagógica.

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Dice el Diccionario de la RAE:

concretar.

(De concreto).

3. tr. Reducir a lo más esencial y seguro la materia sobre la que se habla o escribe.

4. prnl. Reducirse a tratar o hablar de una sola cosa, con exclusión de otros asuntos.

abstraer.

(Del lat. abstrahĕre).

1. tr. Separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.


Conclusión: Concretar es abstraer.Y todo es metafísico. Por eso, como no tengo talento para la meditación metafísica, no me se mover en el mundo de lo concreto. Soy un desastre. Creo que debo dedicarme sólo a ver flores.

Imagen: Robert Mapplethorpe, Anémona


martes 3 de noviembre de 2009

ABSTRACCIÓN (UNA)


Quiero hacer daño. Ya saben: romper, rasgar, abrir heridas o echar sal en las que parecían curadas. Desgarrar. No siempre va a ser uno pseudopoeta. A veces me da una vuelta el alma y retorno a las viejas vocaciones metafísicas. Así que, vale, ya saben: voy a hacer daño. No digan que no lo advertí.

Descartada la herida a los malvados (porque se lo merecen y es justo su castigo), podría hacer daño a aquellos que muestran interés por mí, a los que se preocupan por lo que escribo o siento, me quieren, me dan palmaditas en la espalda y dicen: buen chico, oh qué sorprendente eres, qué estilo (y bla, bla, bla). Estaría guay. Sin embargo, si es cierto - como mantienen Cristo o Buda - que el egoísmo es la raíz de todos lo males, puestos a hacer daño lo mejor será reservar la mayor parte de la violencia para mi mismo. Y me desgarraré sin pretender ser para nada víctima propiciatoria. Verteré mi sangre sin vocación mesiánica, ajeno al sacrificio. Por capricho. Mi dolor no te salva, hermana.

Escucho el nuevo disco de Norah Jones y encabezo mi escrito con una imagen floral de Robert Mapplethorpe, dos especialistas bien distintos en eso de hacer daño. La cala de Robert, ¿sólo yo la siento hiriente? Es la herida de la frialdad absoluta, la quiebra definitiva de las relaciones inmemoriales entre el humano y la foresta. Nada que añadir a la evidencia de la extrema damnificación emocional a la que me conduce Norah Jones -- aunque intente disimular poniéndose unas botas viejas y sucias o adopte poses de mujer post-lolita.

Quiero dañar y, por eso, recurriré a la abstracción. La pintura abstracta nace para jorobar, chinchar, provocar rabietas (aunque algunos se coloquen el dedo índice en el mentón para intentar comprenderla). Sin embargo estoy falto de práctica. Me quedo perplejo en la intentona y confieso que no sé a qué me refiero con eso de lo abstracto.

Especulo:

Y pienso que abstracto tal vez sea la conversión de la lengua en sinvivir gramático. Digo:

"Knggo-Iklepts - Gruugripoiu"

Pero la musicalidad no me resulta adecuada cuchilla para comenzar a rasgar mi pecho justo por encima de la tetilla, al modo Sid Vicius pero sin bajo ni versión de My Way. Así que dejo la música - abstracta ella de por sí - pero que, sin duda, amansa a la fiera que llevo dentro. Y mi fiera necesito tenerla cabreada para hacer daño.

Y pienso en el agujero del culo de Rimbaud. Ese (Eso) sí que es un lugar metafísico, abstracto y más escatológico que la divina providencia. Y hace daño (repitan, si quieren, el sintagma). Desde que Arthur le dedicó el célebre poema, ese lugar habitual ( y cotidiano) de la vida humana (y animal) se tornó en el Espacio Oscuro por excelencia(ni cotidiano ni animal). Pura abstracción. Si uno lee al poeta en serio, debe de sentir cada vez que va al cuarto de baño una elevación platónica mareante y cruel, merecedora de colonoscopias dialécticas (Toda colonoscopia es dialéctica). ¿Comprueban como daña la abstracción aunque sea poética? De los viejos he aprendido que a partir de cierta edad el tema de nuestro tiempo deja de ser la globalización o las TIC y comienza a ser "si hoy he salido o no", como decía mi abuela. La sublimación de Rimbaud, la abstracción absoluta del orifico, nos condenará al estreñimiento. Fijo. (Nota: Obvio las alusiones a las prácticas sexuales porque ya he dicho que quería hacer daño).

Y pienso que, quizás, escribir en abstracto (para dañar) sea hacer un remix de los autos sacramentales de Calderón. Teatro de conceptos. Así, podría llevar a las virtudes teologales a sus límites e imaginar que la Caridad le dice al Vicio, levantándose las faldas y mostrando su cosita:

- Se ve, pero no se toca (como dice mi hermana la Fe, aunque ella no lo enseña. Yo sí, por evidente coherencia con mi nombre).

Alguien puede reirse de todo esto. Pero que quede claro que estoy haciendo daño.

Estas abstracciones no me provocan, en el fondo, tanto dolor ni me desgarran. Y creo que si quiero hacer daño debo abstraer aún más y partir (minimalista) de un punto en un plano y narrar su imposible romance. En el fondo, quizás, nada haga más daño que la geometría y todo su abanico de emociones.

Mañana, la antihistoira de un blanco punto en un impoluto plano.