domingo 8 de noviembre de 2009

ADICCIÓN (CUATRO). LA ESFINGE

Escuchar a The Human League, Ultravox, Spandau Ballet.

Escribir sin parar desde hace cuatro horas. Escribir ahora por impulso. No es poesía; es terapia. No es metafísica; es esfuerzo clínico. No es sino perder el tiempo cuando el Templo se desmorona. Entre las ruinas bailo...

Don't you want me baby?
Don't you want me - oh
Don't you want me baby ?
Don't you want me - oh


Soy frívolo e inmoral. Repugno a mis hijos - y eso que son raperos. Escribo y bailo mientras Bono canta su canción y nos dice que los niños mueren hoy y mañana sin que nosotros paremos de engullir. And it's true we are immune /When fact is fiction and TV reality/And today the millions cry/We eat and drink while tomorrow they die/(Sunday, Bloody Sunday)

Sudoroso abandono el baile:

¿Y si convocamos una huelga de hambre masiva?

¿Y si postulamos la anorexia global?

Me interrogo (filosófico): ¿puede haber huelgas de hambres masivas o son siempre actos individualísimos, cosa de terroristas o de santones? ¿Por qué nadie las convoca? En una semana, ¿destruiríamos revolucionariamente la industria alimentaria? ¿Podemos exigir con nuestro ayuno y nuestra muerte el pan y el agua para todos los niños?. Escribir mientras Bono canta su canción sobre los niños que mueren es de una frivolidad subida. Escuchar Love Action de The Human league es un pasada cuando tantos sufren penas de amor y de acción y de hambre.

Chantal Maillard insiste en que "las cosas son demasiado intensas. Es preciso disminuirlas, convertilas en cosas". Gracias Chantal por apoyarme, por justificar mi frivolidad. Tengo que reducir la intensidad de las cosas. Llevo más de cuatro horas tratando de disminuirme, de reducir mi corazón a objeto, mis dudas a espacios cercados. Mato sentimientos; me asesino en la calle gris de Viena. Llevo mi corazón (latiendo aún) a la Selva Negra, cerca de la cabaña de Heidegger, tratando de encontrar la serenidad mientras recito, como mantra romántico, los versos de Hörderlin: Poéticamente habita el hombre ...

Bailo. Estoy en las calles de Berlín. En la Puerta de Brandemburgo bailando a U2 en su recital de Dublín de 1986. La escritura debía salvar a Europa. La Escritura, las Escrituras, Las Sagradas Escrituras.... y ahora, desbordada la escritura en blogger, twitter and Co. precisamos más dosis, más pureza y nunca nos sentimos tan tentados de dejar de escribir. Muerte por síndrome de abstinencia.

Bailo solo en la oscuridad - como Bjork - a Depeche Mode: Enjoy the silence!!

Armonizo, como puedo, lo que siento, lo que pienso, lo que oigo... ¿Y si callara y dejara que el caos invadiera la casa?

La escritura sirve cada vez para menos. Al principio escribía una hojita cada día o cuando me acordaba y su efecto reparador de duraba casi toda la jornada. Ahora me chuto cada día horas y horas. He dejado de leer y de comer. Nada de sexo disruptor. Sólo escritura y baile. Spandau Ballet: Be free whith your love. No puedo razonar. Sólo dejar que las palabras se delicen con más o menos luminosidad y entren en el centro de mi cerebro.

Mientras los niños mueren y la casa se descompone. Un niño llora histérico en la habitación. Un padre castiga como si fuera Dios. Los padres son una especie alienígena:

Don't you want me baby?

Seguramente es suficiente con la madre y la PSP.

Bailo, escribo y Serenus me interroga sobre la escuela y los 18 años y la obligatoriedad. Reflexiono, pero lo hago mal.

Poetizo.

Miro a Patti y a Bjork. Son mis dos esfinges. Pregunto y no contestan. Preguntan y no respondo. Callamos y nos miramos. Se lanzan sobre mi cuerpo y me devoran. Las esfinges me mantienen calladito con sus preguntas para así, cazarme mejor. Me preguntan:

¿Qué hora son mi corazón?

Poetizo, frivolizo, escribo y me agoto. Hoy no hago huelga y los niños mueren de hambre. Cientos

Imágenes: Robert Mapplethorpe: Patti Smith 1976
Bjork

jueves 5 de noviembre de 2009

SER PUNTO (TRES). ABSTRACCIÓN






"El punto es un elemento geométrico adimensional, no
es un objeto físico; describe una posición en el espacio, determinada en función de un sistema de coordenadas preestablecido" (Wikipedia).








En la cartografía de la emociones - ese empeño iluso por el que dispuestos estamos a perder la razón y los buenos modos - la mirada del que ama se revela como bomba atómica siempre atenta a causar el mayor daño posible en aquello en lo que se detiene. Cosas del corazón - tirano de la mirada -, órgano puntilloso que habita en el cerebro o el hígado y lo ocupa totalitariamente. La mirada de Eurídice, explosión termonuclear, pulveriza la carne y las vísceras de Orfeo, esparciendo grumos por el espacio blanco del lienzo para, en una segunda pasada, convertir el fragmento en molécula y la molécula en átomo, electrón, fotón, quark... y lo más pequeño - pequeño que la materia sea capaz de digerir en su vacío original. Y si hace eso con el cuerpo ¡ imaginemos lo que hará con el alma!. Polvo somos aunque nos llamemos Orfeo y nos hayamos pegado la movida de bajar hasta los mismos infiernos para rescatar a la chica. Ella, porque nos mira, nos pulveriza del mismo modo que, si habitáramos en la nada, nos daría el ser. La más cruel de las violencias la ejerce el ojo amante (y no me refiero al de Rimbaud) cuando se pone metafísico, es decir, casi siempre (ver: Sade, Bataille, Gilles de Rais....).


Sin embargo, con toda su potencia, la mirada de Eurídice es incapaz de convertirnos en punto. Para ser punto la mirada necesita una previa ascesis que desmontando desde dentro la infinita potencia del amor (eros) haga brotar la (fría) inteligencia, la sobriedad del ojo. Para convertirnos en punto la amada debe implosionarse, invertir los ojos en sus cuencas, dejar que el frío metal o la lunática navaja atraviese la retina y ubique un eje de coordenadas, un marco de civilización: la Forma - qué razón tenías Platón, viejo zorro.

Y la Forma (o las formas, seamos posmodernos) llena el espacio blanco del plano de un conjunto indefinido (aunque definible) de posiciones posibles en las que el amado puede moverse. Y así, convertido en punto, puedo definirse sin estridencias de la amabilidad al deseo, de la pulsión sexual a los esponsales y de estos a la amistad y el saludo sonriente, de la apatía a la exaltación, y todo ello sin que en el ir y venir se congestione el sistema. La mirada amante, sin tratamiento, es incapaz de romper el marco de l
as grandes palabras e imposibilita el tránsito de la pasión lúbrica a la amistad o la camaradería de los transeuntes. Revienta. Nos revienta.

Soy un punto. Nada: ni amante ni esposo ni amigo ni voluptuoso sexo ni pasos acompañantes en el camino. Y lo puedo ser todo, bien ubicado en el marco de coordenadas. Ser abstracción, como el destinatario de la carta antes de su materialización, como el que habita al otro lado del chat. Nada formalizada, dispuesta a mil destinos en su movimiento por el plano y las coordenadas. Una flor en un círculo. Tan cruel o tierna como desees dentro del marco de lo posible, del juego que define la mirada.

Que lo seres humanos despreciemos esta posibilidad y siglo a siglo, amor a amor, nos pulvericemos en las torpes manos del ojo nuclear de Eurídice, dice poco de nuestro talante espiritual. Enigma de esfinge: ¿ por qué preferimos despedazarnos?.

Imágenes: Yves Klein: Archisponge- Re11 (1960)
Buñuel: Un perro andaluz (1929)
Robert Mapplethorpe: Gardenia (1978)

miércoles 4 de noviembre de 2009

CONCRECIÓN (DOS)



Estoy rodeado. Queriendo ser abstracto me deslizo en lo concreto. El anhelo de lo concreto me sumerge en lo abstracto.

Ayer decía que quería hacer daño y, por ello, me quería hundir en la abstracción. Dañar desde la abstracción es cruel e inhumano a la par que elegante (como vestir de negro). Un navajazo - ejemplo de concreción - es mala tarjeta de visita pero tiene algo de tierno e ingenuo comparado con los zarpazos de la Divina Providencia que caen sin sombra ni huella. En plan hostión cosmogónico. De repente uno empieza a tener mala suerte y todo se tuerce. Como en el caso del santo Job (el bíblico, no el de Rajoy). Te están haciendo daño pero no ves ni cara ni mano ni carta de despido. El daño cae como la lluvia pero ¡ no ves las nubes!.

Decía ayer que necesitaba ser desagradable, morder los labios que me besan, escupir al que me ayuda a levantamte del suelo. Toda la parafernalia punk-destructiva: cortarme con la cuchilla la autoestima justo por encima de la tetilla, como Sid Vicius. En la cima de la crueldad escribí "ojo del culo" -aunque lo suavicé como cita culta rimbaudiana - e hice enseñar a la Caridad su vagina al Vicio (sin tocar, sólo ver). Estaba malo yo ayer. Uff, me asusto.

El ángel de la guarda, en su esquina, se ríe de mí. Proclama(sin necesidad de trompetas):

- ¡Pero que a bulto eres! ¿Dónde vas con toda la tontería del dañar!¡Y encima dañar con lo abstracto! No sirves tú para eso. Sabes que todo tu tránsito por el mundo de la filosofía y la metafísica ha sido un engaño. Has logrado timar a algunos durante un buen rato - hasta te pagan por hacer eso para lo que, evidentemente, no estás dotado. Pero eres consciente- sin necesidad de mis consejos - de que no puedes acceder al mundo especulativo. Todo lo terminas convirtiendo en formas concretas, en imágenes y caricaturas. Para ser metafísico te falta frialdad; por constitución estás imposibilitado para acceder a la contemplación del desgarro de la realidad. Eres más tierno que el día de la madre...


Mi ángel de la guarda me hunde . ¿Comprenden por qué soy tan depresivo? No es por vicio. Entre la Providencia tocándome las narices con la mala suerte de perfil bajo (muy postmoderna conmigo la Providencia, ya podrá con los débiles que decía uno de los hermanos Costa) y el ángel riéndose de mis proyectos, tienen que comprender que no levante cabeza y llegue a ser con mis amigos (poquísimos, claro) no sólo retorcido (ingenuamente retorcido) sino plasta, pesado y desagradable.

Pido perdón. Ya no voy a ser dañino (ni abstracto).

****

Escena uno: Una joven parisina suministra a su coche el combustible equivocado. Total que el coche se para. Su joven acompañante se toma una bebida isotónica y comienza a empujar el vehículo para aparcarlo en un lugar adecuado en espera de la llegada del servicio mecánico. Luego se acerca a la chica y la consuela cariñosamente. Esto es concreto y bonito. casi huelo el perfume de la chica y noto las gotitas del refresco en mi garganta. Escena dos: En un banlieu un macarrilla monta un pollo de cojones a su chorba porque ha echado gasoil al coche de gasolina. Empuja el coche blasfemando e insultando a la joven que se marcha llorando a casa. Esto también es concreto pero feo. Si el protagonista de la primera historia es Andrea Casiraghi el hecho concreto y bonito se convierte en noticia de la revista de corazón que he leído en la peluquería. El griterio del segundo hecho - el feo - se nos muestra como casticismo etnográfico o violencia de género. Qué el coche de la novia de Andrea sea un mercedes y lo tenga a todo riesgo importa poco para la revista(se hace noticia a pesar de); que el tipo desagradable esté en el paro y la avería del coche le deje sin vehículo tampoco es relevante. Ambos hechos concretos se han tornado, de repente, abstractos y toda la descripción, si me apuran, se convierte en demagógica.

***

Dice el Diccionario de la RAE:

concretar.

(De concreto).

3. tr. Reducir a lo más esencial y seguro la materia sobre la que se habla o escribe.

4. prnl. Reducirse a tratar o hablar de una sola cosa, con exclusión de otros asuntos.

abstraer.

(Del lat. abstrahĕre).

1. tr. Separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.


Conclusión: Concretar es abstraer.Y todo es metafísico. Por eso, como no tengo talento para la meditación metafísica, no me se mover en el mundo de lo concreto. Soy un desastre. Creo que debo dedicarme sólo a ver flores.

Imagen: Robert Mapplethorpe, Anémona


martes 3 de noviembre de 2009

ABSTRACCIÓN (UNA)


Quiero hacer daño. Ya saben: romper, rasgar, abrir heridas o echar sal en las que parecían curadas. Desgarrar. No siempre va a ser uno pseudopoeta. A veces me da una vuelta el alma y retorno a las viejas vocaciones metafísicas. Así que, vale, ya saben: voy a hacer daño. No digan que no lo advertí.

Descartada la herida a los malvados (porque se lo merecen y es justo su castigo), podría hacer daño a aquellos que muestran interés por mí, a los que se preocupan por lo que escribo o siento, me quieren, me dan palmaditas en la espalda y dicen: buen chico, oh qué sorprendente eres, qué estilo (y bla, bla, bla). Estaría guay. Sin embargo, si es cierto - como mantienen Cristo o Buda - que el egoísmo es la raíz de todos lo males, puestos a hacer daño lo mejor será reservar la mayor parte de la violencia para mi mismo. Y me desgarraré sin pretender ser para nada víctima propiciatoria. Verteré mi sangre sin vocación mesiánica, ajeno al sacrificio. Por capricho. Mi dolor no te salva, hermana.

Escucho el nuevo disco de Norah Jones y encabezo mi escrito con una imagen floral de Robert Mapplethorpe, dos especialistas bien distintos en eso de hacer daño. La cala de Robert, ¿sólo yo la siento hiriente? Es la herida de la frialdad absoluta, la quiebra definitiva de las relaciones inmemoriales entre el humano y la foresta. Nada que añadir a la evidencia de la extrema damnificación emocional a la que me conduce Norah Jones -- aunque intente disimular poniéndose unas botas viejas y sucias o adopte poses de mujer post-lolita.

Quiero dañar y, por eso, recurriré a la abstracción. La pintura abstracta nace para jorobar, chinchar, provocar rabietas (aunque algunos se coloquen el dedo índice en el mentón para intentar comprenderla). Sin embargo estoy falto de práctica. Me quedo perplejo en la intentona y confieso que no sé a qué me refiero con eso de lo abstracto.

Especulo:

Y pienso que abstracto tal vez sea la conversión de la lengua en sinvivir gramático. Digo:

"Knggo-Iklepts - Gruugripoiu"

Pero la musicalidad no me resulta adecuada cuchilla para comenzar a rasgar mi pecho justo por encima de la tetilla, al modo Sid Vicius pero sin bajo ni versión de My Way. Así que dejo la música - abstracta ella de por sí - pero que, sin duda, amansa a la fiera que llevo dentro. Y mi fiera necesito tenerla cabreada para hacer daño.

Y pienso en el agujero del culo de Rimbaud. Ese (Eso) sí que es un lugar metafísico, abstracto y más escatológico que la divina providencia. Y hace daño (repitan, si quieren, el sintagma). Desde que Arthur le dedicó el célebre poema, ese lugar habitual ( y cotidiano) de la vida humana (y animal) se tornó en el Espacio Oscuro por excelencia(ni cotidiano ni animal). Pura abstracción. Si uno lee al poeta en serio, debe de sentir cada vez que va al cuarto de baño una elevación platónica mareante y cruel, merecedora de colonoscopias dialécticas (Toda colonoscopia es dialéctica). ¿Comprueban como daña la abstracción aunque sea poética? De los viejos he aprendido que a partir de cierta edad el tema de nuestro tiempo deja de ser la globalización o las TIC y comienza a ser "si hoy he salido o no", como decía mi abuela. La sublimación de Rimbaud, la abstracción absoluta del orifico, nos condenará al estreñimiento. Fijo. (Nota: Obvio las alusiones a las prácticas sexuales porque ya he dicho que quería hacer daño).

Y pienso que, quizás, escribir en abstracto (para dañar) sea hacer un remix de los autos sacramentales de Calderón. Teatro de conceptos. Así, podría llevar a las virtudes teologales a sus límites e imaginar que la Caridad le dice al Vicio, levantándose las faldas y mostrando su cosita:

- Se ve, pero no se toca (como dice mi hermana la Fe, aunque ella no lo enseña. Yo sí, por evidente coherencia con mi nombre).

Alguien puede reirse de todo esto. Pero que quede claro que estoy haciendo daño.

Estas abstracciones no me provocan, en el fondo, tanto dolor ni me desgarran. Y creo que si quiero hacer daño debo abstraer aún más y partir (minimalista) de un punto en un plano y narrar su imposible romance. En el fondo, quizás, nada haga más daño que la geometría y todo su abanico de emociones.

Mañana, la antihistoira de un blanco punto en un impoluto plano.

domingo 1 de noviembre de 2009

Ife vs Nápoles. No soy exótico

Madrid. Ayer.

Los chicos de provincias con vocación cosmopolita visitamos la capital del reino suponiéndola gran ciudad y crisol de tendencias. Somos así de ingenuos. Por eso, nada más bajar del coche (parking: 16. 70 euros) nos tomamos unas cañas para sentirnos castizos y buscamos algún museo para marcar nuestra determinación modernista. En ambos casos, castizos o modernistas, nos remangamos la camisa y abrimos vías en las venas para que nos penetre el gentío, la proliferación, la espesura de los mariachis en la Puerta del Sol o los chinos de la calle Juanelo. Y la mundanidad cosmopolita, como émbolo de jeringa, bombea imágenes y ficciones.

Hace buen tiempo. Noviembre ya no es lo que era.

En estas me voy a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para ver Dinastía y Divinidad: Arte Ife en la Antigua Nigeria. Sólo tenía la referencia del anuncio en los periódicos pero me sentí atraido por la belleza de la escultura que lo ilustraba. La exposición no me defrauda. Dignidad estética de la cultura yoruba. Caras escarificadas en líneas verticales - provocadas por sustancias urticantes o por incisiones - o simulando bigotes de gato me miran y me incitan a la genuflexión. Poder en estado casi puro. Comercio y esclavitud igual a desarrollo artístico. Corremos- descorremos ese velo de dolor y belleza, de muerte y éxtasis artístico, y me dejo llevar por la violencia encerrada en la suavidad de las formas y la habilidad de los escultores.

En el mismo edificio hay otra exposición Carlos III, entre Napoles y España que me pilla de sorpresa (es un decir). Venciendo la férrea resistencia de mis dos adolescentes favoritos - que consideran que ya han hecho con su viejo padre la obra del día permitiéndole ver caretos africanos de la era anterior al rap - me introduzco en la sala. Huele a siglo XVIII y a pesar de la dialéctica de la ilustración y esas cosas leídas, me siento bien. Me gustan los dibujos de estudio arquitectónico de un tal Luigi Vanvitelli (al que luego me presentan en retrato vistosillo: Luigi con el compás delicadamente sostenido entre sus dedos pulgar e índice. Coquetería napolitana).





Me detengo en dos cuadros que aluden a la salida de Carlos III del puerto de Nápoles. Son obra de Antonio Joli. En ellos se ve la misma escena pero desde dos perspectivas distintas: desde el puerto hacia el mar y desde la faldas del Vesubio hacia el puerto. Supongo que el objetivo del autor es ilustrar la algarabia y el movimiento que genera el viaje de Carlos III, el despliegue del Espíritu de la Historia encarnado en la flota borbónica y toda la voluptuosidad de las banderas erectas. En el segundo cuadro - el que me gusta más - , el volcán humeante parece que anuncia una traca final de despedida o muestra su respetos a la flota amarrada inhibiendo su deseos de escupir a los napolitanos unos buenos salivazos de lava incandescente. En la parte inferior observamos el ruido y la furia de la ciudad, la escisión social en clases y la violencia directa- navajazos y pedradas - que tiene al lumpen como protagonista. El detalle de las escenas me provoca risa y cierto pavor. Parece que Joli no quiso limitarse a ofrecer el esplendor de la monarquía universal. También rodó un pie de página con el lumperio como protagonista. Goya, décadas después, colocará esta nota en el centro de lienzo cuando describa las luchas antinapoleónicas.



Me gustan esos hombrecitos que, en tan poco espacio, crean un discurso sobre los inicios de la modernidad. Las notas a pie de página, en ocasiones, son el momento de verdad del cuerpo del texto. O su locura creadora y generatriz.

Salgo satisfecho a la cálida calle de Alcalá. Sin embargo, me siento raro porque la pintura de ese italiano (Joli) me provoca más excitación que el exotismo yoruba. Y, pronto al autoanálisis, me cuestiono esta extraña sensibilidad. ¿Por qué reverbera más en mi mirada el Nápoles del XVIII que la Ife del XVI?. Y enlazo con otra cuestión: ¿por qué me atraen más las viejas ciudades de Europa que los exóticos destinos extraeuropeos? Soy un jodido etnocentrista, me digo. Pero el insulto-si lo es - y la palabra malsonante no me paralizan la meditación.

Reflexiono cuasisocrático por la calle Mayor y mientras engullo unas patatas bravas con cerveza. Violento mi alma en presencia de mis adolescentes. No deberían ver así a su padre: Dubitante y meditabundo a sólo dos pasos de El Corte Inglés, sede de lo indubitable. Medito y, provisionalmente, concluyo que el salvajismo exótico lo he vivido como hijo de la clase obrera en un país - el de mi niñez - que hacía muy poquito había salido de una matanza y olía a pobreza, miseria, ignorancia. O al menos yo olía el perfume rancio ¿Hay mucha diferencia entre los barrios de Lagos y la barriada de viviendas en las que vivía la abuela, cuyas calles de barro conocí y dónde me llegaban los ecos del hambre, la falta de horizontes y la malizia de los pobres? El oropel napolitano, los bulevares de París, los museos de Londres o Berlín, el siglo XVIII, fueron mi horizonte desde pequeñito. Por acto de fe e irracionalidad no pierdo su amarre. La misma que me lleva a sentirme ilustrado a pesar de los monstruos de las razón. Por distorsión biográfica, el sueño de la Europa transpirenaica me sigue palpitando en el alma. La modernidad de este país en el que vivo es una costra muy, muy pequeñita.

Y no me siento orgulloso de mi percepción. Sólo la escupo como el Vesubio la lava.

sábado 31 de octubre de 2009

Viernes. Ayer.

La literatura y el arte nos muestran la enorme aventura del viaje y nos incita provocadoramente al mismo. Don Quijote salió a dar una vuelta por una tierra llena de princesitas encantadas y abencerrajes para dar envidia al más sendentario Alonso Quijano y a sus amigos, evidentemente apalancados en tertulias de botica y partidas de naipes.

La literatura y el arte nos enseña que todo viaje es tontería pues las más grandes aventuras tienen lugar en habitaciones cerradas (Samsa), subiendo o bajando una escalera (Cortazar) o mirando a la bendita Alicia en algún parquecillo de la primavera londinense. Con los cronopios aprendimos a ser cosmopolitas en la provincia y alcanzar las más altas cumbres del exotismo en el patio trasero de una vivienda sin ascensor ni vistas.



Viernes. Ayer.

Visito una exposición en la que muestran las Tablas Hispanoflamencas de la Iglesia de San Esteban de los Balbases. Me cuentan, en bonitos carteles anexos, cómo han procedido a la restauración de estas obras --------- y me entusiasmo con la explicación; pienso que me gustaría mancharme las manos limpiando tablas hispanoflamencas y defendiendo este legado del ataque de los xilófagos (¡Muerte al xilófago!) "combinando microproyección e inyeccion de insecticida". Una vez resuelta la batalla, cansado, me sentaría en una esquina - con un té o un vino - y dejaría que una bella (aunque madura) mujer siguiera el proceso de restauración. Allí sentado, quizás con música de fondo, mi hermosa restauradora procedería a la "reintegración cromática de las pérdidas de la película pictórica mediante técnica impresionista de tratteggio (realización de una red de trazos de color yuxtapuestos que permite la visualización de las zonas reintegradas a corta distancia, integrándose totalmente en el conjunto)". Ser capaz de aplicar la técnica de tratteggio me parece más erotizante que toda la imaginería de Newton (Helmut, claro, no Isaac). De lejos.

Embelesado por estas imágenes de restauración, sigo la senda de las tablas y me divierto con la Leyenda Áurea de Santiago de la Vorágine - eso sí es un viaje - y las tablas deliciosamente restauradas. Hago fotos con el móvil a algunos demonios. Reflexiono sobre lo que significa ser artista hispanoflamenco en los Balbases. Es decir, ser artista de pueblo. Del maestro que realiza estas obras se dice parece evidente que posee una formación nórdica - por eso de ser hispanoblamenco, marca registrada, y que o es "un artista extranjero radicado en Castilla o bien un pintor español buen conocedor de la pintura flamenca". Flipo con la conclusión (o es o no es español) y pienso que se les olvida la posibilidad de que fuera un lugareño sin más estudios que los del mortero y el adobe y que por inspiración de las musas o dios - como el zapatero Böhme - desarrollara un estilo hispanoflamenco en la meseta (es decir, en la nada que nadea). Nadie cree ya en la magia. Una pena.

Pienso en lo que significa ser escritor de pueblo. O mejor: escritor posmoderno de pueblo. Y siento una profunda simpatía por el maestro de los Balbases y me identifico con él en los largos veranos de la meseta. Siento que viajo. Concluyo que, en virtud del multicentralismo posmoderno y la glocalización, no tiene sentido hablar de posmoderno de pueblo. Soy tan provinciano como un chico de Nueva York

Día de los difuntos. Recorro un mercado de flores. Me detengo en los puestos y veo criaturas tan hermosas que estoy en un tris-tras de ser infiel a mi orquídea. Sobre todo cuando me llega su perfume. La tentación es grande. Doy gracias a los que se acuerdan de los muertos y todas las flores, al maravilloso otoño y... caigo en la tentación con un centro de a veinticinco euros (y sigo sin saber el nombre de esas flores).

miércoles 28 de octubre de 2009

NÚMEROS AMARILLOS Y SERPIENTES NOSTÁLGICAS



No soy supersticioso. Lo mismo me da el 7 que el trece. Tengo cierta debilidad por la clave de mi tarjeta pero creo que no es por su estructura numérica sino porque me aporta dinero. Soy un chico material (como Madonna).

Ayer yo, que no soy supersticioso, recibí un mensaje en el correo. Procedía de la Casa del Libro, lugar que –como pueden suponer – me pone. Soy un chico excitable (como San Antonio, el de las tentaciones).


El mensaje me ofrecía una revelación que pretendía, sin duda, elevar mi nivel de autoconciencia. Soy un chico preocupado por la autoconciencia (como Platón).


La revelación tiene forma de libro y, aunque no supersticioso, material y excitable, me estoy volviendo un poco escéptico con los libros (aunque no puedo parar de comprarlos). Soy un chico compulsivo (como Compulsa, la loca de las fotocopias).


El libro que me ofrecen es

NUMERATI: LO SABEN TODO DE TI
de BARKER, STEPHEN


Y dicen:


Una lectura imprescindible sobre la tendencia cultural más sorprendente de hoy: el aumento de una élite de matemáticos que saben cómo manipular nuestra información”.


Oh!


Y dicen:


Estamos siendo vigilados. Una llamada con el móvil, un pago con tarjeta de crédito, un clic en Internet… y cada uno de nuestros pasos queda registrado en monumentales bases de datos. Toda esta información resulta insignificante por separado, pero agrupada revela incluso nuestros secretos más inconfesables. ¿Quién examina estos datos y con qué propósito? La respuesta es tan sorprendente como desconcertante. Una nueva mafia matemática, los Numerati, trabaja sin tregua para empresas, gobiernos y partidos políticos. Su meta es analizar nuestros actos: qué compramos, a quién votamos, e incluso a quién amamos. Los resultados son funestos: manipulan nuestra conducta, nuestra privacidad se evapora”.


Oh, oh, oh!!!

En la página de la Casa del Libro en la que anuncian el objeto-revelación, se añade:


Otros libros del autor:


BEBE CEBRA Y SU MAMA


BEBE ELEFANTE Y SU MAMA (LIBROS DE TELA)


Oh, Oh, Oh, Oh !!!!

Dios en una porrada de años, omnisciente como es, no logró con su santa Providencia enmendar el mundo y someterlo a sus designios. La élite de los numerati nadie duda que es capaz de correlacionar mi afición a teclear en el buscador lo-li-ta, pagar con la tarjeta cuajadas de marca blanca y sacar del banco el dinero de 200 en 200 euros. Pero ¿ podrá convertirme en marioneta o en lector de Bebé cebra y su mamá ? No creo. Que lo intente (digo más chulo que un 8).




Yo sí sé una cosa.


Que esta tarde he visto un amarillo hoja otoñal del que brotaban pinceladas verdes como de primavera.


Y el agua del río era lienzo del volar del buitre, pincel siniestro de la Providencia carroñera.


Y he casi pisado una culebra larga larga larga que no me ha tentado con manzanas pero en cuyos ojos he sentido el temblor de Eva en la primera noche de amor humano y un cierto aire de nostalgia.


Y he vuelto a ver el amarillo con tantos tonos de luz – del resplandor que ciega al espectro que asusta– que creo que me voy a quedar tonto una buena temporada.


Y he visto ocas y un perro, sin duda fiero, me ha ladrado sin yo verlo (lo que no me da miedo porque últimamente estoy por no tener miedo de las cosas que dan miedo y sí sentir susto por los colores espectrales, los que brotan cuando la noche va ganando la partida y se mete toda la luz por la nariz como si fuera coca).


Sentencio: sólo son relevantes la belleza y la muerte. Para ellas inventamos el amor, la amistad y la conversación. Pero no sé que significa todo esto. Por eso soy medio filósofo, es decir, pseudoartista.


(Si los Numerati computan este mensaje, ¿me enviarán mañana el diccionario de los colores y una cajita de pinturas Alpino?)


(Hermana: no digas, por favor, que últimamente todo parece que te cansa. Es feo y los colores no han empezado aún a abrir su paleta de miradas dulces, dulces, dulces)


Imagen: Paul Klee Casa giratoria

lunes 26 de octubre de 2009

Conversar ( o no). Caridad ( o no)

William-Adolphe Bouguereau: Caridad
(VER MUY GRANDE)



La caridad es virtud que me desborda porque en su entrega absoluta - sin contrato ni documento de compra-venta ( a tanto el litro de leche y en oferta de dos por uno, un 35% menos) - siempre me pareció que con su pecho a algunos niños ahoga. Quizás a los blasfemos o a los ateos. O a los que dudan de Ella.

Te pregunto:

- Mujer, si mientras me amamantaras por un momento turbara mi vista la belleza de tus senos, si beber quisiera no por hambre sino por placer o vicio, ¿ un chorro de infierno brotaría de tus pezones y me abrasía por dentro, arrancándome los ojos y la lengua?

Callas. No sé si tus ojos entornados en mí se fijan. Quizás sea irrelevante mi voz que desea hablar.¿Por qué no levantas la vista como la Olimpia de Manet si lo tuyo no es placer oscuro sino luz de luz y amor prístino?. Hablo demasiado y no está bien comparar tus ojos con los de la hetaira.


Me asustan tus ojos porque no sé qué miran ni hacia dónde moverán tus labios con su rápido parpadeo. Apostaría que hablar no quieres. Las tías como tú no conversan con extraños y sólo levantan la vista de su tarea cuando detectan peligro o duda. No dudo (o, aunque dude, no deseo tu mal y te dejo seguir amantando a la tribu, a la jauría, a la comunidad entera, al cosmos lácteo).

Ella es mujer ajena a toda palabra, la afonía en todo su esplendor. Divina por todo ello. Quizás el que recibe su leche se convierte en talibán, en guerrero de la causa, en brazo mudo y sordo del fuego de amor que abrasa. Así el niño que, desde sus muslos nos mira, parece que - sombrío - pretende cortarme el cuello por extraña amistad con mi alma. No sé; quizás sólo esté paranoico porque el amor incondicional me supera.



Me asustas, mujer. No tengo la fuerza del niño que presiona tu pecho y consigue mantener la mirada en tu rostro. Tensáis la escena y se convierte el espectador en un don nadie. Entre los dos parece que cerráis el círculo y sólo me queda la sombra del pequeño talibán recién amamantado. En todo caso, creo que el niño que te sostiene la mirada a la altura del pecho no espera respuesta ni palabra. Tal vez es diablo que sabe descubierto y afronta el desgarro próximo con entereza y serenidad heideggeriana. Quizás el niño sea yo en la cima de mi temeridad. A veces me arriesgo contigo, mujer. Más allá de la civilización y en apuesta por el salvajismo ("Es el horror, es el horror") . Mi estómago y mi alma cuentan por cientos sus cicatrices.


Me asusta la caridad porque en el auxilio mata (como cierto tipo de amor).










domingo 25 de octubre de 2009

Conversar (o no).

"Las aportaciones al debate constituían un verdadero castigo, a pesar de que en realidad implicaban un gran honor. A nadie le apetecía hacerlo. Todos se escaqueaban. Pero ese escaqueo debía dar la impresión de que en realidad uno deseaba hacerlo, aunque, por desgracia, se lo impedían las circunstancias adversas.
- Me siento cohibido ante tanta gente.

- Seguro que hay personas que lo harán mejor que yo.
-No se me ocurre nada lo bastante digno.
-No soy buen orador.

-No tengo tiempo de prepararme, mi madres está enferma. -Ya tuve el honor de hacerlo el año pasado.
- Estoy ronco
."
(Thomas Brussig: La Avenida del Sol)




En mi altar de divinidades postmodernas, la conversación ocupa una posición de privilegio. Como Afrodita, hija del Supremo ( ese/eso al que no consigo hincarle el diente descriptivo-redescriptivo), la conversación es mi diosa de del amor, la lujuria, la belleza y la reproducción. Amante y esposa. Toda mi escritura es retazo de conversación futura o metadona sustitutiva de su ausencia. No se me ocurre nada más excelente que la conversación - y poco importa el medio (la charla mirándose a los ojos o el intercambio de correos, el Twitter y sus 140 caracteres o el reflejo de gestos en el metro). Con permiso de Rorty - y perdón por traicionar su espíritu - podría decir que la conversación sí es algo profundo. Lo profundo de la peculiaridad humana. El Espíritu cuyas aventuras narra el tal Hegel seguro que era un conversador frustrado y el célebre paseo del en sí al para sí, sin duda, es un ingreso en el club de los conversadores.

Sin embargo mi altar politeísta tiene doble fondo y aparece en un cajoncillo cerrado con llave sencilla la negativa comunicacional como sombra de la diosa conversadora. Quiero decir: en ocasiones me fundo en negro y considero que el derecho a no querer participar en conversación alguna se convierte en el derecho inalienable de toda alma (siempre borrascosa como toda cumbre que se precie). Callar, amolarse con la palabra y todo signo. Cerrar. Uno puede negarse a la conversación por los más diversos motivos ---- porque, como en la novela de Brussig, el sistema en una farsa y los dispositivos de comunicación están no viciados sino corruptos; o porque uno está harto de la loca de Camille Claudel - Rodin dixit - y sus exigencias de ser la única que le muerda la boca; o porque, sencillamente, hay momentos en los que la conversación es un escándalo como alternativa y lo que se impone es la humillación, el ataque directo a la cuerdas fonadoras, la demolición de la dignidad propia. Cuando el odio o la tristeza o el amor están tan espesos y reconcentrados sobre sus núcleos permitir que salgan a la luz es imposible además de cruel (o cruel además de imposible). En todo caso el buen conversador - salvo que sea un alma lela o un psicoterapeuta - sabe que en su corazón existe la línea negra del silencio negador .

Aún arriesgándome a ofender a la diosa conversacional, creo que el derecho al silencio es más importante que el propio derecho a la comunicación. Digo eso porque el NO siempre me ha parecido, en el mundo amenazante, más digna posesión que el SÍ. En todo caso, con el arma de mi fundido en negro, mi humillación o mi afonía, pongo velas de escritura a la diosa y me propongo no callar aún a riesgo de caer en la exhibición y la espectacularidad. Inmerso en el mundo del arte - que pierde aceite tanto como límites -, mi vida es una instalación conversacional( técnica mixta), en la que lo primero que hago al recibir mirada es besar el atrevimiento, advertir de mi derecho al fundido en negro y después, con una sonrisa, afirmar:

- Bien, conversemos hasta el alba, hasta que las botellas de vino dejen de rodar por el suelo o las tumoraciones nos castren ... la legua.


( Querida Camille: lo que he dicho antes no pretende ofenderte ni ampliar la geografía de tu sufrimiento. Me siento tremendamente dolido en tu dolor y pienso que Rodin era un poco cabrón no por su poligamia (informal) sino por engatusarte. Pero hasta los cabrones tienen derecho a callar, a negar toda conversación, a no salir a la ventana cuando Camille tira piedras o escupe palabras. Eres una buena sacerdotisa de la diosa conversacional y las dos imágenes que he traido a mi humilde morada lo atestiguan en positivo - la delicadeza de tus cotillas - y en negativo - el trágico dolor de la abandonada. Me encomiendo a ti y a tu juvenil belleza. Pero, amiga, hay que asumir que en toda conversación todos tenemos en la manga el As negro del NO que cierra partidas y no exige mayores argumentaciones. Camille, un beso de vivo a muerta)

Camille Claudel:Les causeuses -- avec paravent(1895).
Camille Claudel, l'âge mûr (1902)
La pasión de Camille Claudel (1988), de Bruno Nuytten,


miércoles 21 de octubre de 2009

Itinerarios (VI). ¡No quiero cortarme el pelo! (Una niña de Renoir sobre fondo de MG Pereda)

"Para mí, un cuadro debe ser algo amable, alegre y bonito, sí, bonito.
Ya hay en la vida suficientes cosas molestas como para
que fabriquemos todavía más"
(Renoir)


Llueve. No perdono el paseo. No entiendo la expresión "no perdono el paseo" pero tiene un sentido claro y nítido para mis piernas. Camino espesándome y como en acto de sacrificio. La lágrima en el ojo simula lluvia. No estoy de humor aunque quizás sea más exacto decir que no tengo ningún humor. Sólo la huella pringosa de la bilis negra en algún rincón de mi cara. El vago deseo que me mueve normalmente a la caminata - encontrame con algo o alguien que haga la existencia luminosa - se apaga como mi cigarrillo en la lluvia. Asumo. Respiro el trasiego de las fuerzas que empujan mi nave encallada.

En una calle veo a una niña pequeña (sin regadera). Mientras camina a buen paso llora y grita desconsolada que no quiere cortarse el pelo. Unos pequeños rizos se dejan ver debajo de la capuchita de su anorak. Entiendo que son los cabellos que ella no quiere cortarse. No para en su cantinela - ¡No quiero cortarme el pelo! ¡No quiero cortarme el pelo! - mientras sigue una trayectoria que estimo ordenada; el itinerario de alguien que va a algún sitio aunque sea al matadero. No hay nadie detrás - ni madre ni madrastra. Acabo deduciendo - aun sin pruebas, siemplemente suponiendo que sus pasos llorosos y jaculatorios no pueden seguir una trayectoria tan clara si no tienen un faro adulto que los guía - que un individuo que va como veinte metros delante de la niña es quien va a ordenar el afeitado del infantil cráneo. Se van por una calle que yo me niego a transitar. El llanto me ha generado un extraño estado estético (y me he acordado de la niña de Renoir).

La maravilla de la caminata es que puede provocar movimientos del alma. Estoy igual de apagado que al principio pero en un estado estético. Adecuado para el decadentismo. Sin embargo no se me ocurren escenarios apropiados para la decadencia en este sitio en el que vivo (o se me ocurren pero exigirían mágicos encuentros). Así que entro en una exposición de MG Pereda. No conozco a MG pero la chica de la entrada - una antigua alumna - me dice que es una mujer. Arte abstracto y cultura del vino (flipo la originalidad). Expresionismo y espiritualidad (flipo más). El primer impacto de lo cuadros - de gran tamaño y colorido fuerte (sangre, uva, mosto, fermentación) - es negativo. La purpurina que usa MG me desborda. La purpurina es artefacto complejo. Abandono la mirada, me sumerjo en mi espesura y en el impresionismo de la niña. Me rebelo contra la injusticia y grito: ¡No quiero cortarme el pelo!.

Hojeo unos catálogos de obras anteriores de MG. Me gusta lo que veo. Recupero la mirada gracias a los libros y al impacto de la niña (yo tampoco quiero cortarme el pelo aunque el pelo largo me deprime.... Mi estado natural sería el pelo rapado. Perolo hago por solidaridad con la niña). Retorno a la mirada y los cuadros comienzan a llenarme. Acepto el azul oscuro y, luego, un ambar cálido. Finalmente entro en el rojo de la uva y en la mística gracias a un par de hombres mayores que recorren la exposición con respeto (aunque insisten en que ese arte es para los que lo entienden). No entienden pero respetan. La artista entra en la sala y se sienta. Ella y yo, desde la entrada, miramos a los dos hombres. Sonreimos al unísono sin conocernos - como en armonía de mónadas leibnizianas - mientras miramos a los dos hombres. Sus figuras sobre el fondo rojo o azul oscuro de los grandes lienzos me llenan de placer estético ¡y ético!. Contemplo largo rato. No digo nada a la artista pero, si superase mi cobardía, podría comentarle que finalmente me ha gustado la purpurina. Y su obra. MG Pereda es María Gómez Pereda. Le rogaría, quizás, que no se cortara el pelo. Y en un mundo luminoso le invitaría a una cerveza para hablar de la niña de Renoir.

Cae la noche y el arte, una vez más, me salva.

Imagen: Pierre Auguste Renoir: Niña con regadera (1876)

PD: Me gusta el vídeo de Lidia Toga para Christina Rosenvinge