lunes, 26 de febrero de 2007

ORWELL: 1984 (i)

Leemos, en la asignatura CTS, 1984 de George Orwell.

TOTALITARISMO, COMUNITARISMO, LIBERALISMO

"El agente que busca significación a la vida, tratando de definirla, dándole un sentido, ha de existir en un horizonte de cuestiones importantes. Es esto lo que resulta contraproducente en las formas de la cultura contemporánea que se concentran en la autorrealización por oposición a las exigencias de la sociedad, o de la naturaleza, que se cierran a la historia o a los lazos de la solidaridad” (Charles Taylor: Horizontes ineludibles)

¿Es el totalitarismo una radicalización del comunitarismo y, como tal, sólo evitable desde una no menos exigente profundización en el espíritu individualista - liberal - libertario?

El COMUNITARISTA concibe el sentido y la construcción de la propia identidad desde un ineludible horizonte de relevancias (lo valioso y lo no valioso) que se adquiere en el seno de una comunidad, en un diálogo con otros en el contexto de unas costumbres, un lenguaje etc Vivimos el mundo y lo dotamos de sentido al adoptar un vocabulario comunitario que sirve para resaltar lo significativo y lo irrelevante. El comunitarismo siempre será sospechoso de etnocentrismo.

Por otra parte, el modelo LIBERAL insiste en la autorrealización del hombre que es que capaz de abrir-se un hueco en la trama de la sociedad, liberándose de la misma y de la red de sus prejuicios una vez que supera la ineludible etapa de minoría de edad ("mama" y acaba renunciando a su "mamá"). El santo patrón de esta actitud podría ser un cierto Kant que acusó a los hombres de perezosos por no atreverse a pensar por sí mismos sin la ayuda de otros. Los liberales son tildados de desagradecidos con aquellos que les dieron a la luz. Como dijo un crítico de Kant: muy malos deben ser los tutores si uno desea liberarse de ellos con las primeras luces.

Pues en esas estábamos, sospechando que el totalitarismo era una inflamación del comunitarismo cuando, leemos en Orwell ( 1984):


“Lo que ahora se disponía Winston a hacer era abrir su Diario. Esto no se
consideraba ilegal (en realidad nada era ilegal, ya que no existían leyes)
pero si lo detenían podía estar seguro de que lo condenarían a muerte...”
El sistema orwelliano es una espacio sin legalidad, sin prejuicio alguno previo. Un espacio de lujo para los anticomunitaristas. De hecho el Ministerio de la Verdad no comulga con tradición alguna ni sistema de pensamiento. Ni siquiera los hechos (que, claro, no existen como algo opuesto a su descripción) limitan la inmensa capacidad de autorrealización que posee el Partido y su hipóstasis el Gran Hermano. El Gran Hermano va más allá de Dios mismo. Si , como decía Ockham, Dios puede hacer todo aquello que no implica contradicción, el Big Brother hace de la contradicción su espacio. Y es que el Gran hermano no aspira a que la criatura edifique una teología o asuma una revelación o se salve. Es exposición pura de Poder. El paraíso anticomunitarista sin tradición se convierte en corral para un solo gallo que no crea tradición alguna . El Gran hermano se deleita en el constante cambio de una legalidad que, por permanentemente mutada, no existe (como ese Dios caprichoso que, omnipotente, cambia su obra porque se atreve a pensar-crear sin la ayuda de otro, ni siquiera su propia obra)

LA TRADICIÓN EN LA HISTORIA, LA AUTORREALIZACIÓN EN LA MUTACIÓN

La ley y la tradición delimitan un horizonte de sentido posible, diferencian y discriminan entre lo relevante y lo irrelevante; prohíben, sí, pero también posibilitan. La ley y la tradición crean una barrera a la imposición de un nuevo orden de cosas - que brota desde la oscuridad del no ser – e impide su dominio si previamente no se justifica según el lenguaje anterior, llevándolo hasta sus límites, estirándolo hasta crear un nuevo marco al modo evolutivo (con continuidad). El horizonte utópico se encuentra ya en el presente.

En la situación sin ley de 1984 las afirmaciones que el partido lanza desde el Ministerio de Propaganda – el Ministerio de la Verdad – no se justifican con ninguna continuidad. Funcionan como mutaciones absolutas---- Por ejemplo no sólo Oceanía no está ahora en guerra con Eurasia sino que nunca lo ha estado ( y no hay memoria que lo rectifique, aunque el lector de 1984 sabe que Eurasia es el gran enemigo la mayor parte del tiempo de la novela).

El totalitarismo no es, pues, radicalización del comunitarismo. Quizás sí lo sea de un cierto individualismo que reclama la autorrealización al margen de todo horizonte compartido, de toda tradición de preferencia, en la amnesia total. Si la identidad la obtenemos a golpe de decisión libre – al elegir justificamos la elección en el hecho mismo de ser elegida -, si no importa qué se elija, si lo que seremos puede nacer del fondo oscuro del no ser ¿qué impide a una Gran Hermano hacer real todo deseo o capricho convirtiendo a los otros individuos en espejos?.

En la cultura popular de la sociedad que vivimos podemos ser aquello que deseemos y decidamos. Basta con comprar X o Z y vestir como R o S. La Tendencia lo define todo cambiando de opinión cada Temporada. Las Tendencias son los atributos de un Gran hermano que mira taimado desde el omnipresente monitor.

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