martes, 14 de octubre de 2008

Isaac Rosa: EL PAÍS DEL MIEDO




Carlos contiene el llanto porque si moquea le duele la nariz”

Leo El país del miedo de Isaac Rosa. Esta novela “extraordinaria” y “necesaria”, de “valor universal”, “festín literario” “de exigente inteligencia y perversa y minuciosa ironía”, “original y contundente”, “poco dada a la complacencia” – según se dice en la solapa recogiendo la crítica – me parece digna de mención y recomendable, aunque encuentre tras su lectura un “raro gusto” en una zona intermedia entre la garganta y la boca del estómago.

La novela se construye en dos planos que se interconectan de modo fluido, rompiendo toda sensación de artificio. Hay unos capítulos que nos cuentan una historia – en tercera persona - y otros que se construyen como reflexión ensayística, elaborando una “teoría”(¿fenomenología?) del Miedo. Así, por un lado se nos narra la historia de Carlos y Pablo, padre e hijo, que viven la experiencia del acoso por parte de un compañero de clase de Pablo. La violencia acosadora tiene su génesis en el ámbito escolar y antes del inicio del relato – de modo que la acción nos sitúa in media res y cuándo Pablo ya ha dado “su” solución (fracasada) al problema. Pablo es el desencadenante (sufriente) de la acción pero muy pronto se convierte en una sombra o una parte del decorado, de tal modo que la novela acaba centrándose en el duelo (patético) entre Carlos ( el padre) y el pequeño delincuente. Esta antítesis, tan ajena al Duelo en OK Corral, sólo se verá rota al final, cuando la aparición de un tercer personaje cierra la narración abriendo (post rem) en el futuro proyectado una nueva secuencia de duelo y humillación no menos patética(o ya trágica). De esta forma la novela adquiere una cierta estructura espiral – como un desagüe de lavabo – en el que los protagonistas individuales van perdiendo perfil, hasta que el Protagonista genuino se nos desvela. Y éste no es otro que el Gran Miedo. La novela, pues, tiene como actor principal a un concepto o emoción personificada. Sin ofender a nadie podríamos llamarla novela filosófica.

La segunda línea de la novela, como he dicho, toma la estructura del ensayo ( sin dejar de ser novela). La reflexión versa sobre el Miedo (líquido o sólido) en la sociedad contemporánea. El título de la obra hace referencia a un test proyectivo en el que se pide al sujeto – normalmente un niño – que describa o dibuje “el país de la alegría” y “el país del miedo”, intentando detectar sus filias y fobias. Sin embargo, son muchos los momentos en los que la acción narrativa se filtra en la reflexión convirtiendo a Carlos en protagonista del informe, como si de un ratón experimental se tratara. En otros momentos nos preguntamos por el autor del ensayo y sospechamos que vive presa del mismo Gran Miedo o que pudiera ser el tal Carlos en trance de adoptar una posición distanciada, intento que sólo consigue a medias porque, evidente, los ratones no pueden ser investigadores ---- El ratón experimental se observa a sí mismo con la mirada distorsionada por el miedo. De algún modo la voz del ensayo pierde la fuerza de autoridad que tendemos a suponer al género ( esa sensación de que en el discurso de las ideas siempre se habla ex catedra, como revelando la verdad de la buena). El metadiscurso se licúa en su propia debilidad alienada. La ficción, el otro lado, se muestra más fuerte como voz y género. ( Conclusión: ¿ Para exponer el Gran Miedo parece más eficaz la voz de la ficción que la fenomenología del espíritu?).

Hablé al principio del “raro gusto” tras la lectura. Identificada la novela como “filosófica” (metafísica y moralizante) uno acaba preguntándose : ¿Cuál es la tesis y, sobre todo, la solución a ese Gran Miedo? Reconocemos que “miedo llama a Miedo” y la escalada es imprevisible. Pero ¿qué hacer frente al miedo que nos agarra por lo más querido? A veces se sospecha que el autor nos abandona en el ojo del huracán, en una zona de calma total en la que se vislumbran tópicos sobre “miedos pequeños burgueses” que nacen del encierro en la propiedad, el consumismo y la aceptación acrítica del mundo escindido entre pobres y ricos. Si la pregunta nos ha llevado a una fenomenología del espíritu o constitución de la conciencia miedosa , ¿la respuesta puede ser sólo social ( o política)?.
Se me dirá que el libro no es manual de autoayuda pero, sin algún tipo de acción positiva más radicalmente ética y espiritual ¿el relato y el ensayo sólo contribuirán a alimentar el Gran Miedo?.
En todo caso recomendable para todos y que sirva su lectura para incrementar nuestra piedad hacia todos los miedos y sus víctimas (y, a los profesores, para subrayar una vez más que el acoso no es una bobada de la correción política)

1 comentario:

Serenus Zeitbloom dijo...

¿Pero será post-gusto, no?.

En todo caso tomo nota.