jueves, 28 de febrero de 2008

LA LOCURA DEL REY JORGE (1994). El monarca y la familia real deben ofrecerse, teatralmente, como modelo de felicidad. Epicuro, en el contexto de su ateísmo ético, encontraba un sentido y utilidad a todas las sagas mitológicas(¿el quinto elemento de la farmacia?). Los dioses, en su lejanía, se nos ofrecen como horizonte de referencia vital. Quizá no fundamento de ley o ciencia pero sí narración de anhelos, filias y fobias, drama y comedia.

Que así sea el circo de la política.

Conviene, por prescripción epicúrea, la mirada distanciada --- esos locos, al parecer recuperados, se nos ofrecen en el espectáculo de las elecciones.

Votaré, en serio, pero no tengo fuerza para animar a las jóvenes generaciones. Los vicios ( o las virtudes) mejor si privadas.


Hablando de política: ¿pudiera ser que LA DERECHA POLÍTICA concibiera hoy la filosofía, en tanto que materia de enseñanza, como trono de clasicismo y costumbre, ejercicio del pensar puro – o, mejor, del lujo; expansión conceptual según un canon definido por la tradición (más rito que otra cosa)?¿El último espacio verdaderamente conservador? Como la visita el día del Corpus a la tía Elisa y las pastas con vino quinado.

¿Y pudiera ser que LA IZQUIERDA POLÍTICA percibiera la filosofía como un acompañamiento clarificador y “práctico” de las ciencias sociales y del sistema legal ( la ciencia y la tecnología, el derecho y el ordenamiento político, el arte contemporáneo y la cultura pop)? ¿ Un apaño para dar cabida en la empresa ( la modernidad) a la vieja Dama, en este caso reconvertida en servidora útil y graciosa? Un eructo cuasi reflexivo de lo positivo o una eyaculación de impotente.

Pero todo es una exageración.

Quizás el culpable de la mala “folla” de la Vieja Dama Filosófica sea el loco de Sils-María: hizo que la única línea de pensamiento vivo sea impracticable por la escuela.



Hablando de modernidad. A veces pienso que Kant estaba equivocado de cabo a rabo y que lejos que acceso a la mayoría de edad, la modernidad ha implicado un proceso de involución de la especie en cuanto al espíritu – sin que ello me lleve a asumir crítica moral o censura. Pudiera ser que en la modernidad el espíritu adulto en potencia - según Kant - rejuveneciera y, a fecha de hoy, hayamos entrado en la niñez del espíritu. Eso explicaría las dificultades del pensamiento, la caída en el idealismo y otras trampas de las que soy incapaz de salir. Los siglos XVIII y XIX se me muestran teen agers. El siglo XX desvela los signos violentos y las grandes metamorfosis de la primera adolescencia. El siglo XXI o seguirá siendo adolescente primerizo o se desplazará hacia la infancia. De nuevo Nietzsche: la transformación del león en niño. Literalmente.

No ha habido ilustración, maestro Inmanuel.