domingo, 18 de marzo de 2007

AMO A GOOGLE PERO ESPERARÉ HASTA EL MATRIMONIO ( I )

Cómo forrarse engañando a Google, titulaba El País el pasado sábado 17 de marzo. Empresas y particulares pagan a terceros para cambiar su imagen en el buscador. Aparecer el primero en los resultados de búsqueda aumenta un 600% las visitas. Por otro lado, Google es mencionado como buscador number one por el 47 % de los internautas – yahoo, el siguiente en la lista, se coloca en un 17 % de preferencias.




Siendo tanto el amor que profesamos a Google no extraña que los tiburones del negocio hayan asumido que “ser es ser el valor de una variable” en el buscador, o mejor, ser el primero en el corazoncito algorítmico del artefacto. Los cibercowboys quieren entrar en Mute para dominarla mejor – nos narraba Gibson en Neuromante. Todos desean apoderarse del secreto de la gran matriz de nuestros viajes --- o, en su imposibilidad, engañarla.


Pero, ¿qué significa engañar a Google? Si engañar fuera mentir en el sentido cotidiano de la palabra – “decir de lo que es que no es o de lo que no es que es” - supondríamos que el candidato que intenta manipular la lista de preferencias del buscador engaña porque es peor que los supuestos rivales aunque apareciera como el elegido, como la “descripción” más adecuada de aquello que pregunta el internauta. Si yo, vendedor de persianas, quiero ser el primero en ser presentado cuando se buscan “persianas de máxima calidad”, engañar significaría que no soy el mejor y que sólo consigo tal nominación por la manipulación ajena a la intención del algoritmo Google. Pero todo esto no es el caso. Google evalúa índices de citación y frecuencia de enlace; jerarquiza según el índice de popularidad – como los adolescentes de los high-school según las películas americanas. Google es democrático(¡¡¡¡), políticamente correcto (!!!), neutro como el jabón lagarto. Pero no evalúa calidades, no atiende a las realidades porque no puede leer lo que se dice y menos aún contactar con la realidad extra-mental. Engañar a Google es, por lo tanto, sólo jugar con algunos de sus criterios de evaluación

Ahora bien: dado que el algoritmo de búsqueda de Google es un secreto ¿podríamos sospechar que Mute-Matriz-Google ha tomado conciencia (trascendental) de que puede cartografiar fielmente la realidad y por ello evaluarla en su esencia? En este caso se comprende el nerviosismo de Google: no se trata de manipular ingenuamente el índice de popularidad de una desastrosa quinceañera para que sea reina por un día . Mentir a Google es pretender que allí donde antes había un bosque ahora hay una playa. Querer hacer luz de gas a Google es pecar ante la omnisciencia que todo lo sabe. Imposible, como bien sabe Caín.

Google ha sido engañada sólo si pretendía desvelar la descripción privilegiada de la realidad-web no en virtud de la mera popularidad “democrática” sino por su correspondencia con la realidad más allá de la red: la cosa misma, el mundo.

Ahora bien:¿No habíamos quedado que la edad de internet era la edad del simulacro, del reflejo del reflejo, de las identidades intercambiables?
(Continuará...).

2 comentarios:

Dianoia dijo...

Esperaremos la continuación... de momento pinta bien la cosa.

Reflexión tonta a propósito de lo dicho: pronto tal vez sea necesario introducir una asignatura en los planes académicos sobre cómo realizar búsquedas en Google (o buscadores similares). Viendo las cosas que escribe la gente en aquellos y con las que viene a dar a mi bitácora... un día de estos tengo que recopilar algunas de las fórmulas más llamativas. Titularé "Festival del humor".

Luis González Santamaría dijo...

No es ninguna tontería incluir el asunto en la escuela (de hecho he visto decálogos de búsqueda publicados por universidades). Pero más allá de la eficacia está la actitud de espíritu con la que nos enfrentamos a la cosa. Ingenuamente podemos llegar a creer que el superbuscador encuentra lo que uno desea, cifra la esperanza - y sobre todo con esa tendencia a plantear cuestiones: v.g. qué significa "idiota" o cómo superar mi depresión. Es fácil caer en el espejismo porque, como comentaré en la segunda parte, este medio es mucho menos frío de lo que su constitución electrónica aparenta. las emociones, deseos y esperanzas se transparentan, bien que enmascaradas, en la tela de araña.
Gracias por su atención,Dianoia, y siempre atento a sus descubrimientos (sigo con los ojos de Soledad en el cogote)