martes, 22 de mayo de 2007

EL DEDO DEL VISIONARIO

Sebastian Haffner (Defying Hitler. A memoir), en los años previos a la IIª Guerra Mundial y desde su exilio inglés, rememora el ambiente de la República de Weimar en los años veinte:

“ El talante había ido haciéndose aún más apocalíptico. Corrían en torno a Berlín cientos de salvadores, individuos con el cabello largo, con cilicio, que aseguraban que eran enviados de Dios para salvar el mundo(...) El más destacado era un tal Haeusser, que se anunciaba en las columnas de anuncios y organizaba actos multitudinarios y tenía muchos seguidores. Según los periódicos, su equivalente en Munich era un tal Hitler (...) Mientras Hitler quería conseguir el Reich de los Mil Años mediante el asesinato masivo de todos los judíos, un tal Lamberty quería conseguirlo en Turingia haciendo saltar, cantar y bailar bailes populares a todo el mundo”
(Citado por Michael Burleigh: Causas Sagradas)

El logro de la famosa distancia reflexiva frente a la historia cercana – es decir frente al presente en tanto deseamos evaluarlo en su trascendencia histórica – se nos muestra como la mayor de las quimeras. Quizás la historia que nos convierte en sus personajes sólo acepte la mirada sorprendida y la ira caprichosa y pusilánime. O la literatura. Pero no la filosofía ni la ciencia ¿Cómo delimitar la tragedia de la comedia, distinguir al charlatán patético del peligroso criminal, a Lamberty de Hitler?


Suele, pasados los años, señalarse con admiración el dedo de aquellos que narraron a la bestia en su momentos iniciales, cerrado aún el huevo de la serpiente. Miramos a estos visionarios con asombro y tratamos de aprender de su método, el secreto de la interpretación de los rastros. Recorremos el dedo revelador de falsas revelaciones con maravilla y despreciamos a todos aquellos que no supieron ver ni oír; aquellos que, incluso, cubrieron a nuestro maestro con el manto de la burla o la indiferencia.

Pero la rueda del tiempo gira hasta para el dedo que señala el infortunio. El que hoy se nos ofrece sagaz ¿no se nos describirá mañana torvo por simple o necio? En la corta vida de un humano podemos contemplar el cambio de la distancia focal, la reinterpretación de santos y demonios. ¿Se censurará nuestra actitud hacia Hitler y se nos tachará de necios por no asumir la evidencia de su grandeza? ¿Recuperará Chamberlain su honor? ¿Se concebirá mañana a aquellos profetas que nos advirtieron del horror como necios y ciegos, idiotas que apenas balbuceaban las primeras letras de algún alfabeto de inteligencia?

¿Una filosofía de la historia para el presente? ¡Señor del ateísmo, no nos dejes caer en las redes de lo sublime!

... y, sin embargo,¡es tan difícil sustraerse a la visión global ¿Cómo vivir sin una filosofía de la historia, aunque sea la que nos narre el pasado más lejano imaginable?

2 comentarios:

Horrach dijo...

Creo que Haffner reinterpreta el pasado con claves que no le pertenecían. Es decir, que Hitler, si no recuerdo mal, no se refería tan claramente a exterminar a los judíos en la época de Weimar. Es decir, que iba a por ellos, eso estaba claro (y si no, léanse el Mein Kampf), pero no que llegara a los extremos que todos conocemos.

Luis González dijo...

Desde luego, la predicción del "detalle" exigiría un talento profético que, creo, ni se ha dado ni se le espera en la cabaña humana. Nos vale con "las visiones del peligro" (eso en lo que habita lo que nos salva, según algunos). Parece que algunos vieron en Hitler un peligro inmenso desde el inicio y otros sólo a un loco profetilla (en nuestra época ocuparía las televisiones quizás acompañado de toda la fauna "friki"). Por eso observamos el dedo que advirtió la monstruosidad con interés metodológico (CODA: pensemos en las últimas declaraciones de Aznar: ¿es un pensador ridículo o anuncia con su dedo el peligro que llegará irremediablemente (salvo sacrificio u holocausto)?.

Mi duda:¿cómo separar al ciego del vidente más allá de nuestro contexto de interés y comentario? ¿Cómo no dudar de toda la filosofía (sublime) de la historia si en pocos años el ciego se nos torna vidente o viceversa?.

Por cierto: los estudiosos de la filosofía pueden considerar como lugar común la famosa crisis de los metarrelatos y todas las filosofías de la historia, pero creo que el muerto sigue muy vivo y los que estén muertos quizás sean los profetas (posmodernos) de la gran defunción.