sábado, 5 de diciembre de 2009

CARTOGRAFÍA DE LAS PEQUEÑAS COSAS (02)


bien aquí estoy ligeramente hundido y en la imposibilidad del exilio o la huida aunque siempre cabe el exilio y la huida cabeza de chorlito(dicen) pero ellos hablan porque no conocen la fuerza de las costumbres y del sentido del deber ni la cosa esa de la responsabilidad por no hablar de la naturaleza que cancela el viaje porque siempre amenaza lluvia en el desierto o se enamora de tu útero un virus o te entran ganas de fornicar y pierdes el último metro

Bien. Aquí estoy, intentando hacer una cartografía de las cosas pequeñas, un museo, un sistema axiomático, un tratado o Summa. Cosas imposibles porque, por lo que parece, las cosas pequeñas se volatilizan haciendo simplemente schass, o pup, y no precisan de regla lógica ni comisario que las exponga en salas de fundación. No hay iglesia de las cosas pequeñas que reclame una teología refundida ni hay, en sentido estricto, una fiebre del oro de lo chiquito que lleve a los aventureros - aún quedan millones - a pelearse por un plano, por la cartografía sucia que indica la ubicación exacta de la mena, del filón de las pequeñas cosas. No hay nada de eso.

La pequeñas cosas se nos aparecen en la imposibilidad del exilio o la huida. Rodeadas de grandes cosas que galopan, hacen desfiles y se trazan un plan de vida. La gente sana y el Espíritu del Mundo buscan en las grandes cosas: Salud, Dinero, Amor (Ministerio de Sanidad y Consumo, Ministerio de Economía y Hacienda, Ministerio del Amor - ¡oh, Orwell, que gran intuición la tuya!).

Se dijo (ella) que se deseaba vivir en las pequeñas cosas, disfrutar de ellas. Y yo, señor serio y centrado, me embarco en una cartografía de las pequeñas cosas. Fuerzo el espíritu para ello. Me coloco en los límites de la patología. Ligero hundimiento e imposibilidad de huida. Vale.

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No me gusta - ya lo dije - la palabra mucho. Sí me gusta poco ( y me mola mucho - ¿sic? - más poquito o chiquito)

En el pueblo hay un puente chiquito. Siempre he tenido dificultades para ubicarlo y, si lo hago, me resulta violento llamarlo puente. El puente chiquito tiene aquel rasgo que el otro día asignaba a las cosas pequeñas: su evanescencia. Cuando uno llega al puente chiquito se encuentra con un ligerísimo abultamiento del terreno porque es poco más que un tubo cubierto con una ligera capa de cemento y tierra. El arroyuelo que debía saltar el puente está desaparecido entre la maleza (realmente es un falso arroyo, una deriva de agua relacionada con un sistema de riego y canalización que fue abandonado hace años).


No me gusta la palabra nimiedad (aunque el otro día la utilicé casi como sinónimo de chiquito) porque en ella la insignificancia se une a la obsesión de la minuciosidad, ese detalle que nunca debe faltar para que algo sea perfecto, modélico, comme il faut. No creo que se pueda acceder a las pequeñas cosas con exigencias platónica, buscando lo ideal. Lo pequeñito no se deja arrastrar tan fácilmente como se pretende por el espíritu de lo exquisito (ver vídeo de Ferrero Rocher - satisface el deseo de lo exquisito - para analizar un simulacro del amor a las cosas pequeñas).

Advierto: querer vivir en las pequeñas cosas es tan complejo como la vida en el desierto para alcanzar la santidad. En lo chiquito no hay grandes premios, ni caben entusiamos. Todo está debilitado en una atención trémula hacia las cosas que o no tienen significado o lo pierden casi de inmediato (liberándonos de la trampa del "sentido") . No cabe exhibir si alcanzamos ese logro la soberbia del anacoreta, del artista del hambre que luce sus costillas y ojeras, su porte de esqueleto y calavera.

La hipótesis que creo debe evitarse a toda costa es la que nos acaba diciendo que las pequeñas cosas son en realidad las grandes cosas, lo que en verdad importa. Para ese viaje no necesitaríamos alforjas. Si las pequeñas cosas son las grandes cosas inmediatamente dejaríamos caer sobre ella los mecanismos de la deducción , la inmensa fuerza de los cartógrafos imperiales, la jauría de los comisarios (siempre políticos) que nos deleitan con exposiciones y museos. No, no, por favor, no. Buscamos otra cosa. me debilito sin mayúsculas hermanos.

Imagen: Kasimir Malevich: Blanco sobre blanco (1918)
Vídeo: Anuncios de Ferrero Rocher (la perversión de las pequeñas cosas).






4 comentarios:

Anónimo dijo...

No soy asidua a los blog, ni tengo uno ni suelo leerlos, pero por esas casualidades de la vida un día navengado por la red, me encontré con este y desde octubre soy fiel a este blog e intento no perder ningún texto. Es cierto que no entro todos los días y a veces se me acumulan varios, también tengo que reconocer y espero no ofenderte, narrador, que hay veces que leo un par de renglones y no sigo más allá pero encambio otros días me fascina las cosas que cuentas y como lo haces y esos días me alegra el haberte descubierto. No quiero hacer ningún comentario al texto de hoy, tan solo quería que supieras que te leo, como otra muchisima gente anónima y que te seguiré leyendo, un saludo.

LUG dijo...

Gracias por tu voz anónima. En días de bajón agradezco la mano amable que viene de lo oscuro ( o de la luminosidad) y me acaricia para aliviar y me anima a seguir trabajando en estas cosas. Tu voz, anónima, que aparece esta mañana pero pudo no haber aparecido, que tiene algo de fantasmal,de efímero, creo que se corresponde con las "cosas pequeñas" en las que estoy pensando estos días.

Gracias, gracias, gracias.

PÁJARO DE CHINA dijo...

A modo de introducción, acerca de lo que no puedo ser objetiva:

Juliette Binoche está más buena (no mejor, sino más buena, que es distinto) que el pan y una perfecta "cosa pequeña" es su modo de girar la cabeza para sonreír así, así, exactamente en el minuto 0:14 del tercer aviso. Ese gesto mínimo evapora todo los Ferrero Rocher que en este mundo son y han sido (incluida la dinastía Ferrero Rocher, si la hubiere).

Malevich es uno de mis hombres-faro. En ese cuadro pareciera buscar la partícula elemental y el corazón inasible de las cosas.

Ahora, qué maravilla tu "no hay una fiebre del oro de lo chiquito" y tu preferencia por lo "chiquito" (que es mucho más acertado que "pequeño", porque es entrañable y tierno). "Cuando era chiquita ...". "A veces me siento tan chiquita ...". "Es como si fuera chiquita todavía ...".

Y sí, lo "chiquito" no tiene nada que ver con lo exquisito ni con las "grandes cosas". Lo "chiquito" es más bien modesto, rústico, no cotizable en el mercado, invisible para muchos, polvoriento a veces. Bien alejado del envoltorio dorado de los bombones.

Yo creo que las cosas chiquitas también se nos aparecen aprendiendo a mirar, en los momentos de calma. La velocidad no se lleva bien con lo chiquito. Lo ignora, lo atropella, no lo registra.

Lo "chiquito", sí, implica la abolición del sentido. Nos gusta porque sí, aunque sea inútil. Nos colgamos de lo "chiquito" como trapecistas sin red.

Si lográramos vivir en tu cartografía, estaríamos en paz, sospecho. Sería un estado semejante a la plenitud con ausencia de deseo que a veces rozo al meditar, soltando el pensamiento y dejándolo ir.

LUG dijo...

Sé de su devoción por la Binoche, avatar de - creo - lo bello y lo triste. Entran ganas de comprar bombones ferrero y celebrar otra navidad. hace poco me hablaron de una navidad en París con frío y colores en las bombillas. me imagino a la binoche repartiendo chocolate (a johnny deep en otra película).

Sí, las cosas pequeñas tienen que ver con su respiración al meditar. Veo que llego a ese sitio que anuncias. No sé si lo abandonaré porque estoy poco respiratorio ultimamente. Estoy como en EPOC.