miércoles, 24 de junio de 2009

Permítanme que me llame Ismael y les saque al camino algunas ballenas blancas.


Decía mi abuela que el hombre está para ofrecer y la mujer para rechazar. Esto justificaría quizás dos fenómenos que pasan tarde, noche y madrugada por debajo de mi ventana. Me refiero al aullido de los hombres (el grito desarticulado que no puede siquiera mutar en onomatopeya) y a la tendencia de las mujeres a hostiarse (a la vez que se llaman puta) por el supuesto acto innoble de exhibirse ante el novio de otra o intentar ligar con él. Si nos fijamos bien lo que por naturaleza o destino “ofrece” el hombre es pura ininteligibilidad ( ímpetu, empellón, fantasía de erección continua) mientras que aquello que debe “rechazar” la mujer (y si no lo hace se le castiga por la propia moral de las mujeres que se pegan llamándose puta ) es la comunicación en todos los sentidos: el lenguaje y las siete u ocho artes nobles, además de las innobles y el código de perfumes, abanicos, mini-short, pelos rizado o teñido o planchado a lo Paris Hilton, sexo y poema seductor.... Lo complejo del mundo femenino es que eso por lo que se hacen merecedoras de castigo (auto-infligido por el propio grupo de género) es precisamente parte integral de su formación --- así el suculento lenguaje de los ojos es lo que provoca, sólo él, la reacción del rechazo de la otra (y, paso a paso, el arañazo y el insulto).

Realmente me resulta extraño este comportamiento pero debajo de mi ventana se reitera el hecho. Describirlo de este modo violenta mis sentidos más progres, revuelve mi estómago liberal y me hace llorar poéticamente (y poéticamente habita el hombre la tierra). ¿Por qué se enquistan estos comportamientos que colocan constantemente al hombre en la estupidez y a la mujer en la perversidad?

¡En fin, abuela! En la salida de la Noche de San Juan pídale al santo que se joda toda la moral de las mujeres que se arañan la cara llamándose puta, toda la ballena blanca de la masculinidad erecta, las verbenas populares y los botellones que conducen a la fraternidad del grito ( y sólo a él). Rece, abuela, y si es preciso deme fuerza para el rechazo, la quiebra del aullido tribal y el buen tino para asumir la delicadeza de un bailarín balines.

Imagen: Wiliam H Hunt: El despertar de la conciencia (1853)

3 comentarios:

MARIEL MANRIQUE dijo...

Lug, tu abuela se equivocaba. Las mujeres que pasan debajo de tu ventana están siempre para ofrecer. La mayoría de las mujeres están para ofrecerse (desde Cleopatra hasta el día de ayer) y por eso el mercado de la cosmética jamás decae, incluso en épocas de crisis bestiales globalizadas. Soy del gremio pero debo reconocerlo. Pero ... ¿no te divierten un poco esas peleas femeninas almodovarianas que deben superar la ficción? Una mujer, cuando se pelea, es capaz de cualquier cosa. Recordemos que, cuando mata por amor, no suele clavar una cuchillada, sino desventrar al pobre difunto. Besos insomnes desde Buenos Aires.

LUG dijo...

Mariel:

lo sorprendente del caso es que un grupo humano tan (¿aparentemente?) comunicativo sea tan intolerante para con la comunicación de la Otra con el que consideran, por deseo o anillo, el Propio.

En todo caso, toda la nota tiene mucho de reflexión fallida derivada del griterio de la muchachada al noche de San Juan (está perdonados) y de cierta situación personal.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Me imagino, me imagino. Yo soy una especie de artefacto femenino de la cofradía de la tortuga bicéfala. A mí me gusta mucho cuando miran a mi chico. Siento que estuve bien en agenciármelo, que atesoro un oscuro objeto de deseo. Pero acepto que no es la regla. Y en cuanto a destacar como grupo humano comunicativo ... en fin, eximias monologuistas, en muchos casos. Besos de una que nunca grita "puta, puta".