
Estoy cansado. Resulta raro que diga esto la tortuga, animal como eternamente agotado. Pero las cosas son así, como se sienten, y yo voy y las anoto. El cansancio le caza a uno allí y cuando quiere y da igual que estemos en vacaciones o que no hayamos pegado palo al agua. En eso se parece al aburrimiento. Nos dominan. O al menos dominan a la Bicéfala (que no puedo hablar en rigor del resto del reino animal).
Estoy cansado después de unos meses de extrema excitación. La ficción y la analítica me agotan. Entendamos: no es que vaya a renunciar a la escritura. Sería, en estos momentos, casi como dejar de respirar. Y uno asume que aunque el oxígeno le fastidie sobremanera pues no hay más remedio que seguir buscándolo --- aunque, a veces, lo tintemos de humos y otros artificios. Me han agotado algunas cosas que he escrito – por ejemplo toda la historia del tatuaje – y he comprendido que mi forma de trabajar es, además de lenta, muy estresante: constantemente borro, subo y bajo el cursor, paso de un párrafo a otro, cambio intensidades según mi estado de ánimo. Si escribiera a mano quizás evitaría ese sin vivir. Podría, finalmente, narrar, contar una historia. Pero, la verdad, es que el trabajo en el ordenador me excita más; la escritura manual, vale, como sustituto no está mal. Es como el sexo manual que nunca debe olvidarse de meterlo en la maleta pero... (etcétera). Comprendo que lo que excita canse y, en los postres, acabe aburriendo. Sin embargo, toda toma de conciencia de la génesis del cansancio no elimina ni un poquito la sensación. Para que luego digan que la toma de conciencia de las cosas es sanadora...
Estoy cansado y molesto porque mi ropa huele a humo. Eso tiene arreglo. O no (no sé como estoy de fuerte para frenar adicciones superadas).
Estoy cansado ahora, en las puertas del mes de agosto porque agosto tiene la mejor luna llena del año y el que vaya ocupando el horizonte tan lentamente me agota. La luna agosteña a veces se tiñe de rojo sangre y anuncia tragedias pero, qué le voy a hacer, nací un mes de agosto y las semanas que lo componen – cayendo lentas o rápidas, las más lentas o las más rápidas – siempre las he vivido con esa mezcla de placer y angustia que definen a la Bicéfala. Por eso, porque le amo, temo a Agosto. Me encomiendo a los dioses porque como estoy tan cansado me noto débil, demasiado descentrado para enfrentarme a la luna roja de agosto.
Estoy cansado (¿lo he dicho?). Estoy cansado de que tanta gente hable de mis poderes tranquilizadores, de mis emanaciones zen. Me siento un ídolo budista en el que se consuelan los pecadores del mundo (¿no es cansado que los pecadores del mundo lleguen a ti cuando ya no son o no quieren ser pecadores?). Y cansa ser así para los otros porque a veces creo que esa serenidad es reflejo de mis descentramientos interiores, de un ir revolucionado en el alma que - misterios – provoca en los otros la visión de la placidez. Raro. Me molesta ser almohada zen pero también me gusta servir a la humanidad. Tierno. Quisiera servir de consuelo zen sólo a quién yo deseara.
Estoy cansado de recordar, de añorar, de ser dibujo de melancolía.
Cumplo años, ¡cómo envejezco!
Golpes Bajos Estoy Enfermo (Caja de Ritmos, 1984, qué jóvenes)