martes, 7 de julio de 2009

AUTOBIOGRÁFIKA. Dos recuerdos iniciales, fundacionales de la memoria y de la experiencia(I)


Una imagen de televisión. Se ve un coche – como de los años treinta, americano – que se dirige hacia una casa que se encuentra en la cima de una colina. Paisaje seco, sin cultivar o con la cosecha recogida. Polvo en los ojos y en el fondo de la garganta. Me recuerda a algunos cuadros de Hooper o al célebre “Christina’s World” de Andrews Wyeth. El coche asciende por el camino de tierra y siempre se ve su parte trasera. Quiero decir: el coche nunca llega al final del sendero pero se encuentra inequívocamente en movimiento aunque la imagen sea fija en el recuerdo. La imagen procede de la TV y es muy posible que estemos ante algún fragmento de película. Desde pequeño tuvimos televisión en casa y no es raro, por lo tanto, que haya quedado en mi este retazo de alguna narración que está olvidada.
Años después asocié la imagen a los truculentos sucesos que Truman Capote nos cuenta en A Sangre fría. Desconozco la razón de este proceso que integra dos realidades tan lejanas en el tiempo (he leído la novela de Capote por primera vez hace relativamente poco) y que nada tienen que ver. Eso significa que mi memoria funciona como engrudo unificador de mi conciencia modificando todo lo que encuentra a su paso sin “discreción ni miramientos”. Mi coche que va hacia la colina reverbera en mi mente un sentimiento de paz muy lejano al frío dolor que genera la matanza de la novela. Todo es raro y maravilloso.

2 comentarios:

Stalker dijo...

Rara y maravillosa esa conjunción. Curioso cómo la conciencia tiende puentes secretos que el discurrir de la vigilia ignora. Curioso cómo luego los desenterramos, cómo una imagen nos ofrece intacta la sensación aunque las huellas hayan sido borradas.

Salud

MARIEL MANRIQUE dijo...

Misteriosa Mnemosine. Es posible que dentro del auto vayan los asesinos pero no los veas, rumbo a la casa de la buena familia. Besos que cortan y pegan. Besos de cut & paste (como la memoria).