lunes, 27 de julio de 2009

LA QUEMADURA BORRA EL TATUAJE ( I )


I

La mujer tiene en el brazo izquierdo, poco más abajo del hombro, una quemadura que borra un tatuaje. La he visto en dos ocasiones paseando por las inmediaciones del puerto. Es atractiva y viste al modo playero: vestido corto y estampado para cubrir el bañador, anudado al cuello y dejando libres hombros, rodillas y gran parte de la espalda. La marca del brazo la hace única. O, para ser más precisos, mi mirada sobre su cicatriz la enmarca, la convierte en protagonista de un texto aún no escrito. Mi ojo y su hombro, enmarañados en el deseo y el amor, generan un horizonte de interpretación, construyen realidades y futuros. Si la señorita del perro de Chejov se subrayaba por el can y su donaire solitario en el estío, mi mujer joven ilumina su presencia por su tatuaje quemado.

Vamos a fijarnos en la quemadura. Quiero, en primer lugar, hacerles comprender las dificultades de la visión. Generalmente me cruzo con ella en el paseo y nuestro encuentro dura escasos segundos. Como no soy un descarado no puedo fijarme detenidamente en toda la variedad de texturas y colores que podemos encontrar en la mujer. Debemos pervertir la mirada y centrarla en el antebrazo, en la piel que cubre bíceps y tríceps y que muestra el estigma, el signo, el borrado. La clave del éxito está en el giro de los ojos hacia la izquierda sin mover la cabeza; y la atención a los detalles. ¿Fotografiar? No, no basta con crearnos un mapa objetivo del fragmento de piel. En los dos segundos del encuentro hay que hacerlo todo: buscar detalles, dejarse maravillar e intentar la meditación sobre lo visto ( además de esbozar posibilidades ficcionales). Es duro ser un voyeur creativo.

La marca es una isla de piel rugosa sobre la piel tersa. Es como un trozo de carne interior – palpitante, blanda, poco adaptada a la intemperie - que ha brotado del fondo y, rápidamente, ha cubierto aquello que estaba visible y se ha endurecido. Aún se observan trazos del tatuaje en los alrededores de la cicatriz. Sólo por eso sabemos que la quemadura borra un tatuaje. No entiendo por qué se han dejado esa línea sin borrar, por qué la quemadura no ha borrado todo y, al no hacerlo, se nos ofrece con ese doble significado (es quemadura – accidente de la piel -; es borrado – intención del pensamiento)

El trazo del tatuaje que permanece visible no se corresponde a ningún trabajo de calidad. Tienen un cierto aire amateur – no diré que presidiario pero no me sería imposible ficcionar en esa dirección. En todo caso, lo que veo cuando me cruzo con la bella mujer y giro mis ojos hacia la izquierda, parece ser una línea azul que nace bajo lo borrado, hace un pequeño bucle en la piel limpia y, posteriormente, vuelve a hundirse bajo la isla quemada. El trazo no tiene sentido, claro, y no cabe la posibilidad de especular sobre qué había sido dibujado o escrito.




SHOW ME
SHOW ME
HOW YOU DO THAT TRICK
THE ONE THAT MAKES ME SCREAM

4 comentarios:

MARIEL dijo...

Los tatuajes indelebles pueden ser el resultado de una moda, una ocurrencia volátil o una experiencia brutal. La erosión de un tatuaje tendrá la densidad de la razón que lo grabó en la piel.

No sé si Johnny se borró a Winona, pero sí sé que Angelina se borró a Billy Bob.

Si el tatuaje es indeleble, huele a eternidad y es ejercicio de soberanía sobre el propio cuerpo.

Hay marcas que te hace la vida pero la de los tatuajes te las hacés vos. Las salones de tatuaje son confesionarios.

Lo sé, porque tengo un tatuaje indeleble. Me llevó 38 años llegar hasta él y sé que me lo llevaré a la tumba. Seré un cadáver tatuado y me gustaría que el tatuaje sea lo último en pudrirse.

Que nunca sepas qué hay debajo de la quemadura. Esa es la clave de la belleza de la mujer del puerto.

Su pájaro nocturno, Mr. Lug.

MARIEL dijo...

Ahh, hoy leí esto y me dije, "a la Bicéfala le va a encantar": "Somos como Narciso en el estanque ... estancamiento y desastre" (Osvaldo Lamborghini dixit). Mr. Lug is very Lamborghini (esa es la cabeza que escribe y no la que saluda cordialmente a sus congéneres).

LUG dijo...

El metafísico que me hace tatuajes en el alma, en las paredes del estómago y en los adenomas colorrectales quiere saber qué oculta la mujer detrás de la quemadura. Al fin y al cabo ella provoca al no haber borrado toda la línea (¿por qué dejó ese rastro, esa huella?) El metafísico bucea en los borrados como el arrancacorazones de Boris Vian. Y, supongo, con idénticos resultados. El esteta pusilánime, el tardorromántico, deja que el misterio llene la ficción con la esperanza de que ella sea, oh sí, la princesa guerrera que salve y mate al dragón. Pero puff, dejemos a la bicéfala entre la clínica metafísica y el estadio estético.

No sé sí su Mr Lug asume la frase Lamborghini - "Somos como Narciso en el estanque ... estancamiento y desastre" -. En todo caso, es usted la que domina al personaje. Yo me miro en el estanque del teclado, como émbolo de jeringa que me libera, efectivamente, del desastre que, día a día, dispara sus balas de plata en mi nuca.

MARIEL dijo...

Ella es la culpable. Ella está claramente provocando al metafísico al quemar sin borrar del todo. ¿Para qué dejó una línea que asoma como una lengua, si no es para provocarlo y para que imagine lo que esa lengua le está diciendo?

Ah, sí, la Bicéfala bien podría haber escrito la frase-Lamborghini. No es el Narciso; bien podría ser la autora de la frase que risueña y estrepitosamente lo contiene.

Siga mirándose en el estanque del teclado, Mr. Lug, para que yo disfrute.

Su China Bird.