
Judit y el arte de la guerra
Sun Tzu hebrea, agente del Mosad, comandante de guerrilla sin selva que la cobije y que consigue pasar desapercibida a través de la máxima exhibición, explotando en colores en medio del desierto, dejando que su piel refleje la luz para incitar los sonrojos y las osadías de todo el imperio asirio.
Resulta curioso que
un episodio tan evidentemente militar- un genuino manual de táctica y depredación - como es el relatado en el Libro de Judit, sólo haya ocupado a los artistas plásticos en
la anécdota de la decapitación,
sustrayendo el acto al antes y al después, a la estrategia que explica y da significado al degollamiento. Es difícil encontrar representaciones plásticas de la historia de Judit y Holofernes que aludan a la dimensión bélica del avatar (excepción hecha de las obras de Luca Giordano que ilustran la nota).
Por eso la interpretación sexual del tema se nos vuelve categoría reiterada siendo, en origen, sólo la anécdota, la trampa, el espejismo. Ya torcía el cuello la Bicéfala en los días pasados al comprobar el contrasentido de que el acto de justicia (o ajusticiamiento) tendiera a representarse como algo perverso y las simpatías fuesen a parar al tal Holofernes, tirano por delegación, virrey móvil de la violencia mecánica del imperio Asirio. La interpretación oscura y malsana de von Stuck que comentábamos ayer es la consecuencia lógica de una línea interpretativa, de un horizonte de sentido que no dejaba a Judit en buen lugar (a diferencia de su claro
alter-ego masculino: el David vencedor de Goliat). Caímos en la trampa como lo hizo el general persa.
Creo que la representación plástica de Judit (
ver algunos ejemplos) es víctima del mismo engaño que sufrió el sátrapa Holofernes.
Perdemos de vista el horizonte de la Historia Arquitectónica y nos dejamos alucinar por un cambio de escenario. En el libro aprendemos el
arte del espacio como si fuera un manual de arquitectura invisible.
La
gran dramaturgia que Judit despliega desde el momento en que desenfunda el contorno de ojos y el lápiz de labios:
"....y se desnudó de los vestidos de la viudez, y se lavó con agua todo el cuerpo, y se ungió con denso perfume, y peinó los cabellos de la cabeza, y se puso la mitra en ella y se vistió los vestidos de su felicidad"(Libro de Judit, 10)
... esa obra de
inteligencia depredadora como queda demostrado en el final del libro:
"...Y estuvo el pueblo todo saqueando durante treinta días; y dieron a Judit la tienda de Holofernes, y todas sus cosas de plata, sus lechos y sus vasos y sus objetos labrados, y ella tomándolos los cargo sobre una mula..."(Libro de Judit 15)
... el purísimo
ejercicio de poder que la mujer consigue desvelar subyugando la fortaleza del imperio con
la debilidad extrema de los desheredados (la viuda, el huérfano, el extranjero), apología del Terror de los parias...
"Sus sandalias arrebataron su mirada y su belleza cautivó su alma; el alfanje atravesó su cuello. Los persas se horrorizaron de su audacia y los medos se conturbaron con su osadía. Entonces mis cuitados cantaron la victoria, quedaron mis débiles trasportados y fuera de sí, levantaron su voz y ellos huyeron"
(libro de Judit, 16)
... toda la estrategia de un arte de la guerra femenino y debilitado (¡posmoderno!), se fundamenta en un cambio de perspectiva y en una dislocación de los espacios.
Entornamos
los ojos cegados por la lujuria (o, peor aún, como ya dije, por el brotar de un nuevo
hombre enamorado, lo patético) y no vemos más allá del lecho. La piel que reluce nos hace olvidar el juego de fuerzas que se desenvuelve en los alrededores de la tienda de Holofernes. El arte no ha pensado con la cabeza sino que se ha dejado llevar por el morbo del cuello degollado (o, quizás, más allá de la trampa, exista una incapacidad de la plástica para reflejar ciertas complejidades y, al modo de Hegel, debamos hablar de la superioridad estética de la escritura. Sin ofender a nadie).

El equívoco de los espacios
Desde el momento en que Judit abandona el fuerte de Betulia
el espacio - el verdadero protagonista del juego -
se va cerrando de manera progresiva. En círculos concéntricos la joven viuda nos lleva de la vanguardia del ejército al campamento, luego a la
zona verde en la que se mueve el Alto Mando asirio. El movimiento centrípeto de sus caderas nos conduce a la tienda de Holofernes y, extremando, a su más íntimo aposento. De hecho Holofernes parece que no se mueve de la cama desde que Judit llega al campamento y hasta el fatal desenlace.
"Y estaba Holofernes descansando sobre su lecho y con su mosquitero, que estaba entretejido de púrpura y oro"(Libro de Judith, 10)
El gran objetivo de la mujer es
desviar la atención ...
¡ llevando los ojos de todos precisamente al lugar en el que se va producir el atentado! Y todos miramos allí hipnotizados porque la mujer se ha apoderado del espacio con la belleza de sus colores. Judit nos ofrece una genuina intervención artística marcando los límites espaciales con su verbo sumiso e inteligente y sus pechos que brillan como el aceite. Todos miran pero nadie verá nada. Y ella prepara tranquila el altar del sacrificio y la ruta de escape.
Si la tienda de Holofernes es la trampa - triple trampa en la que cae el tirano, su guardia y los artistas que han reflejado la historia -
¿qué se supone que debemos dejar de mirar?¡El espacio!
¡El macro- espacio de la guerra: las grandes llanuras y las serranías, el movimiento de miles por los polvorientos desiertos! ¡La gran arquitectura de la performance militar que destruye y construye la historia! (Esa historia que miraba desolado el ángel de Klee según la famosa interpretación de Walter Benjamin).

La estrategia de Judit se fundamenta en
una permuta de espacios en la que el objetivo de dominio - el gran espacio del Imperio y las llanuras en las que se acumulan las tropas - se derrumba en un juego de seducción en
microespacio - la tienda de Holofernes, el lecho cubierto de joyas. Un cigarillo y unas cañas hacen perder la perspectiva al comandante supremo.
(..... Y, a la postre, como punto de fuga en este
ridículo conflicto entre ambos espacios - lo inmenso y lo mínimo, el imperio y la litera, el poder y el sexo - se nos abre
el hogar de la propia Judit, ese hogar que se muestra como refugio íntimo, primero de viuda y luego de heroína. La Ítaca de la que sale y a la que retorna y sin la cual el combate pierde su norte).
Judit y el espacio. La ocupación del espacio. Seguiremos un rato en este campo.
Imágenes: Luca Giordano:
Judit mostrando la cabeza de Holofernes (1703-04);
El descubrimiento del cuerpo de Holofernes (1703).
Paul Klee: Angelus Novus (1920)
Traducción del Libro de Judit: Los Libros de Rith, Judit y Ester . Colección La Biblia el libro de los libros. Ediciones de Bolsillo 1998