lunes, 15 de febrero de 2010

Judit (3). El espacio (1)

Judit y el arte de la guerra

Sun Tzu hebrea, agente del Mosad, comandante de guerrilla sin selva que la cobije y que consigue pasar desapercibida a través de la máxima exhibición, explotando en colores en medio del desierto, dejando que su piel refleje la luz para incitar los sonrojos y las osadías de todo el imperio asirio.

Resulta curioso que un episodio tan evidentemente militar- un genuino manual de táctica y depredación - como es el relatado en el Libro de Judit, sólo haya ocupado a los artistas plásticos en la anécdota de la decapitación, sustrayendo el acto al antes y al después, a la estrategia que explica y da significado al degollamiento. Es difícil encontrar representaciones plásticas de la historia de Judit y Holofernes que aludan a la dimensión bélica del avatar (excepción hecha de las obras de Luca Giordano que ilustran la nota). Por eso la interpretación sexual del tema se nos vuelve categoría reiterada siendo, en origen, sólo la anécdota, la trampa, el espejismo. Ya torcía el cuello la Bicéfala en los días pasados al comprobar el contrasentido de que el acto de justicia (o ajusticiamiento) tendiera a representarse como algo perverso y las simpatías fuesen a parar al tal Holofernes, tirano por delegación, virrey móvil de la violencia mecánica del imperio Asirio. La interpretación oscura y malsana de von Stuck que comentábamos ayer es la consecuencia lógica de una línea interpretativa, de un horizonte de sentido que no dejaba a Judit en buen lugar (a diferencia de su claro alter-ego masculino: el David vencedor de Goliat). Caímos en la trampa como lo hizo el general persa.

Creo que la representación plástica de Judit (ver algunos ejemplos) es víctima del mismo engaño que sufrió el sátrapa Holofernes. Perdemos de vista el horizonte de la Historia Arquitectónica y nos dejamos alucinar por un cambio de escenario. En el libro aprendemos el arte del espacio como si fuera un manual de arquitectura invisible.

La gran dramaturgia que Judit despliega desde el momento en que desenfunda el contorno de ojos y el lápiz de labios:

"....y se desnudó de los vestidos de la viudez, y se lavó con agua todo el cuerpo, y se ungió con denso perfume, y peinó los cabellos de la cabeza, y se puso la mitra en ella y se vistió los vestidos de su felicidad"(Libro de Judit, 10)


... esa obra de inteligencia depredadora como queda demostrado en el final del libro:

"...Y estuvo el pueblo todo saqueando durante treinta días; y dieron a Judit la tienda de Holofernes, y todas sus cosas de plata, sus lechos y sus vasos y sus objetos labrados, y ella tomándolos los cargo sobre una mula..."(Libro de Judit 15)


... el purísimo ejercicio de poder que la mujer consigue desvelar subyugando la fortaleza del imperio con la debilidad extrema de los desheredados (la viuda, el huérfano, el extranjero), apología del Terror de los parias...


"Sus sandalias arrebataron su mirada y su belleza cautivó su alma; el alfanje atravesó su cuello. Los persas se horrorizaron de su audacia y los medos se conturbaron con su osadía. Entonces mis cuitados cantaron la victoria, quedaron mis débiles trasportados y fuera de sí, levantaron su voz y ellos huyeron"
(libro de Judit, 16)


... toda la estrategia de un arte de la guerra femenino y debilitado (¡posmoderno!), se fundamenta en un cambio de perspectiva y en una dislocación de los espacios.

Entornamos los ojos cegados por la lujuria (o, peor aún, como ya dije, por el brotar de un nuevo hombre enamorado, lo patético) y no vemos más allá del lecho. La piel que reluce nos hace olvidar el juego de fuerzas que se desenvuelve en los alrededores de la tienda de Holofernes. El arte no ha pensado con la cabeza sino que se ha dejado llevar por el morbo del cuello degollado (o, quizás, más allá de la trampa, exista una incapacidad de la plástica para reflejar ciertas complejidades y, al modo de Hegel, debamos hablar de la superioridad estética de la escritura. Sin ofender a nadie).



El equívoco de los espacios

Desde el momento en que Judit abandona el fuerte de Betulia el espacio - el verdadero protagonista del juego - se va cerrando de manera progresiva. En círculos concéntricos la joven viuda nos lleva de la vanguardia del ejército al campamento, luego a la zona verde en la que se mueve el Alto Mando asirio. El movimiento centrípeto de sus caderas nos conduce a la tienda de Holofernes y, extremando, a su más íntimo aposento. De hecho Holofernes parece que no se mueve de la cama desde que Judit llega al campamento y hasta el fatal desenlace.

"Y estaba Holofernes descansando sobre su lecho y con su mosquitero, que estaba entretejido de púrpura y oro"(Libro de Judith, 10)

El gran objetivo de la mujer es desviar la atención ... ¡ llevando los ojos de todos precisamente al lugar en el que se va producir el atentado! Y todos miramos allí hipnotizados porque la mujer se ha apoderado del espacio con la belleza de sus colores. Judit nos ofrece una genuina intervención artística marcando los límites espaciales con su verbo sumiso e inteligente y sus pechos que brillan como el aceite. Todos miran pero nadie verá nada. Y ella prepara tranquila el altar del sacrificio y la ruta de escape.

Si la tienda de Holofernes es la trampa - triple trampa en la que cae el tirano, su guardia y los artistas que han reflejado la historia - ¿qué se supone que debemos dejar de mirar?

¡El espacio! ¡El macro- espacio de la guerra: las grandes llanuras y las serranías, el movimiento de miles por los polvorientos desiertos! ¡La gran arquitectura de la performance militar que destruye y construye la historia! (Esa historia que miraba desolado el ángel de Klee según la famosa interpretación de Walter Benjamin).


La estrategia de Judit se fundamenta en una permuta de espacios en la que el objetivo de dominio - el gran espacio del Imperio y las llanuras en las que se acumulan las tropas - se derrumba en un juego de seducción en microespacio - la tienda de Holofernes, el lecho cubierto de joyas. Un cigarillo y unas cañas hacen perder la perspectiva al comandante supremo.

(..... Y, a la postre, como punto de fuga en este ridículo conflicto entre ambos espacios - lo inmenso y lo mínimo, el imperio y la litera, el poder y el sexo - se nos abre el hogar de la propia Judit, ese hogar que se muestra como refugio íntimo, primero de viuda y luego de heroína. La Ítaca de la que sale y a la que retorna y sin la cual el combate pierde su norte).

Judit y el espacio. La ocupación del espacio. Seguiremos un rato en este campo.



Imágenes: Luca Giordano: Judit mostrando la cabeza de Holofernes (1703-04); El descubrimiento del cuerpo de Holofernes (1703).

Paul Klee: Angelus Novus (1920)

Traducción del Libro de Judit: Los Libros de Rith, Judit y Ester . Colección La Biblia el libro de los libros. Ediciones de Bolsillo 1998

2 comentarios:

El Toro de Barro dijo...

Yo creo, querido amigo, que el "objetivo del dominio" no es la ocupación del "espacio del Imperio" sino la supervivencia de un pueblo amenazado con la devastación. Y esta amenaza es, usando tu expresión, el "gran espacio" en que se mueve la historia de Judith, no el escenario de la guerra propiamente dicha. Es verdad, y en eso llevas toda la razón, que el arte ha restringido el "espacio de la historia de Judith" a la sexualidad de una estrategia de combate; pero es que, si te das cuenta, lo que su gesta viene a significar en la exégesis bíblica es que todo, absolutamente todo, es lícito si lo que se busca es sobrevivir: la inhabilitación de toda moral en tiempo de amenaza; ese ha sido, precisamente, uno de los grandes debates del pueblo judío cuya conclusión ha sido dictada históricamente por su constante exclusión y su exterminio casi absoluto. La focalización del arte en su carga sexual no es sino una manifestación más de este debate moral. En este sentido, entiendo mejor la reducción del espacio que el arte propone a la ampliación del mismo que sugieren tus palabras. Lo que es curioso, en verdad, es que esta reducción no se haya dado en El Cantar de los Cantares, cuya notoria carga sexual es tan evidente -o más- que la que se respira en el libro de Judith.

Lug dijo...

El objetivo de la mera supervivencia puede ser cuestionado porque, en el libro de Judit, se habla abiertamente de la depredación de los restos del campamento asirio. Y esa depredación me parece objetivo militar y es invasión. En todo caso el libro de Judit, que me sigue pareciendo un "arte de la guerra" peculiar, mantiene la ambigüedad que aún hoy vemos en la zona palestino-israelí entre lo que es la ofensiva y la defensiva, el mantenimiento de fronteras y la creación de franjas de seguridad más allá de las mismas...

Yo me muevo en mi nota en un registro ético-estetico y mi reflexión parte de la extrañeza por la focalización de la representación plástica de Judit en el acto tiranicida y en cómo, al representar el justo acto de violencia , ella, "la legitimada", es presentada casi como "criminal" y Holofernes como víctima. Y me parece que esa disonancia no se produce en el caso de David y Goliat.

Respecto al cambio de escala espacial - cómo un libro que trabaja con grandes espacios, de imperio o de defensa de la nación judía da igual, acaba reduciéndose a una cama y una tienda - esa es, me parece,la sabiduría (militar) de Judit, mucho más osada que el tal David.

Saludos