
Quisiera hoy recomendar la lectura del último premio Espasa de Ensayo:
Entre lobos y autómatas. La causa del hombre (2006) de
Víctor Gómez Pin. Ahora bien: para alargar - un
quanto así - el monólogo en el que me encuentro me apetecería comprender cabalmente
qué se quiere hacer cuando se recomienda algo – digamos: un libro – a alguien – sea: el que esto lee – aún a sabiendas de que este inicio puede desactivar la atención del navegante (poco dado a espirales literarias precisamente porque la navegación web tiene mucho de
viaje espiral que en el mareo encanta como al niño la feria).
Pido perdón al lector y al propio autor del libro, pues a ambos instrumentalizo para llamar la atención sobre mi propio
desbarre ( deslizarse y/o discurrir fuera de razón) que, sabemos todos, es poca cosa.
Diccionario de la Real Academia :
1.-
RECOMENDAR: Encargar, pedir o dar orden a alguien para que tome a su cuidado una persona o un negocio.
Al recomendar la vindicación de Gómez Pin de
la causa del hombre – amenazado por la reducción de éste a la condición de poco más que animal o máquina, visionando en el horizonte su metamorfosis en
cosmopolita doméstico con perrito– ¿estoy pidiendo, amable lector, que cuides un negocio –comprando el libro – y, sobre todo, una causa – la del
humanismo gómezpineano?.
Bien pensado mi acto no pretende tal cosa en sentido estricto.
No tengo claro- dígase: desvelado - que la causa del hombre ahora sea la de insistir en la diferencia. La autoconciencia de la
naturalidad compartida de la especie en lo común a lo animal – la hermandad con el lobo – es hoy quizás estratégicamente necesaria para salvaguardar la cosa – la animalidad toda y nosotros en ella con nuestra especial teleología, si fuere el caso – y cabe decir, por lo anterior, que es
más “verdadera”.

Todos somos humanistas de igual modo que los perros si pudieran hablar (
hablar en la peculiaridad que Pin resalta) serían
perristas porque no cabe en decencia ser otra cosa, incluso por imperativo biológico:
mis cachorros primero – aunque no creo que Pin acepte un humanismo de imperativo de vida antes del giro de
la palabra.
Otra cuestión es girar el foco hacia la diferencia – de suyo existente – para cortar el anclaje en lo biológico que, a la postre, se desprende del
espiritualismo del hablar que Pin “nos maravilla” con sus emocionantes referencias a Proust.
Si el propio autor considera que el debate está aún abierto no seré yo menos: quizás no sea
verdad-ahora la causa del hombre. ¿Hemos asumido el sentido de la deshumanización que implica la causa atea, la causa naturalista, la causa evolucionista, la causa tecnológica? Creo que metafísicamente cabe un poco más de juego deshumanizador.

2.-
Recomendar: Hablar o empeñarse por alguien, elogiándolo.
Elogio su libro. Creo que el autor ha hecho un esfuerzo de claridad para, quizás, ganar un premio y acercarse al público no especialista.
El libro deja buen cuerpo y ,en algunos momentos, empina el alma.
Quizás queda borroso el nombre de la diferencia, cuyo conocimiento generaría el apoyo a la causa del hombre, y que parece definirse como palabra, inteligencia integral, razón no exenta de
thymos (lógica y entereza, emoción significante: lo que le falta al protagonista de la
Habitación de Searle para saber realmente chino). La diferencia es lo nombrado de un modo vago y se oculta “maliciosamente” tras la apelaciones líricas a Homero, Proust, el espíritu etc. y los momentos cómicos de crítica a las peluquerías caninas y a la torpeza del sexo cibernético. Parece como si la causa del hombre filosóficamente sólo pudiera establecerse desde el voluntarismo (¡quiero,
por cojones, ser la especie distinta!) de la lírica y la sátira. Pero tomamos nota de que lo humano es primero, sobre todo lo humano cercano y, en esfuerzo, también el lejano.
Anotamos, sí, el desplante torero de Gómez Pin, frente a tanto
Peter Singer o
Mosterín,
queesquesepasan, pero que el elogio no sea juramentar el cuidado de la causa, que a eso no nos atrevemos, porque aún falta asumir que damos vueltas por el espacio, después de un periplo eucariota y reptiliano, como especie entre especies, necesitadas todas de calor y oxígeno.
3.-
Recomendar : Aconsejar algo a alguien para bien suyo.
Lector, por tu bien espiritual, sumérgete en el libro de Gómez Pin. El debate es hoy el partido del siglo. Humanistas y naturalista, naturópatas e historicistas, aristotélicos y rortyanos, gaianos y artistas cyber, ingenieros y poetas, están debatiendo – quizás sin saberlo – en un mismo teatro de operaciones. Y, además, no se habla del sexo de los ángeles, sino de la continuidad del nuestro y lo que conlleva. A veces el debate es tonto(muy de acuerdo con Pin: mucho del antihumanismo cyborg apesta a gominola) y a veces sordo, pero el campo de batalla es un espacio interesante.

Para acabar una pregunta: ¿ qué implica realmente vindicar un pensamiento del hombre concebido como naturaleza después de tanto tiempo en el que las estrellas del campo intelectual asumían, de un modo u otro, aquel orteguiano “el hombre no tiene naturaleza, tiene historia”? ¿No es enormemente más significativo que la naturaleza resucite detrás del fondo de los constructos idealistas, con independencia de que la naturaleza(humana) se conciba como lo que nos absorbe en el magma de la animalidad (¿es la animalidad un magma?) o como la pequeña diferencia que reinterpreta – o, en rigor, interpreta por vez primera en la historia natural – el curso evolutivo?
El próxima día hablaré de otros asunto relacionado con el libro de Pin.