martes, 15 de septiembre de 2009

AUTOBIOGRAFÍA DEL ÁNGEL CUSTODIO (DEATH OR GLORY)


UNO. El ángel custodio abandona el cuidado de su pupilo y decide sobrevolar la ciudad que creyó suya no hace tantos años. Llega allí y recorre todas las calles que cartografían su alma y hace fotos a los portales que abrieron sus casas como si fueran tumbas funerarias egipcias. Piensa en Hörderlin y aquel "poéticamente habita el hombre en esta tierra" y, tras navegar en el lago las emociones iniciales y las lagrimitas a pie de página, concluye geómetra que otros pies han volteado esas que fueron sus calles, que se han perdido muchos de aquellos versos hechos esquina en aquel tiempo que él tinta de mito y gloria. (Ejemplo: aquella casa tan absolutamente cutre en la que vivió el tercer año había sido pintada y la calle estaba en obras civilizatorias. ¡Oh hermanos! ¿Qué fue de aquellas cucarachas que aparecían muertas por manadas? ¿ Y de las paredes desconchadas, del olor a berza cocida, de los muebles descomunales como de Alicia?

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d'amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

DOS. La memoria es zorra. No zorra de animal sino zorra de puta. No puta de mujer que vende su cuerpo sino puta de joputa, de malarraza, de engañadora cruel, de látigo mentiroso o pluma que acaricia con los filamentos cubiertos de alambres y navajas. La memoria es la peor de las hermanas Ficcionadoras porque en sus polvos y ungüentos pretende ser huella de presencias, de realidades reales, de alguien al otro lado, de versos hechos carne y otras sutilezas platónicas. Por eso la autobiografía del ángel custodio quiere colocar la espalda de la memoria en posición de plano inclinado, con la cara apoyada en la alfombra o en el frío terrazo y el trasero elevado en pompa y ceremonia, y pedirle así - tan cruelmente posicionada (o ex-posicionada) para nuestras civilizadas almas - que diga lo que tiene que decir, que insinúe ahora la verdad de su relato, la credibilidad del así fueron las cosas y así te las cuento.

Sólo cabe una autobiografía en la Ficción, desgarrando las telas charlanas, dejando que la fantasía desmonte y luche contra los gigantes que ella - la memoria - dice que son molinos o las ovejas que nos hace creer que son ejércitos. La memoria es la mentira y la escritura la sirvienta ---- criada de Genet que se prueba los trajes, sí, y ofrece el té y las pastas y se deja humillar por el así fueron las cosas que yo lo vi, y así lo digo y tu lo redactas tal cual, pero que también traiciona, y rompe el lienzo - como los cuadros de Lucio Fontana - para que de la figura surja la sombra, las sombras, todas las gelatinosas y oscuras excrecencias. Autobiografía ficcionada. Terapia, ejercicio espiritual, violencia ascética.

TRES. El ángel custodio llegó a la ciudad que creyó propia con afán de leer sus juveniles versos en las esquinas. Llegó a esa ciudad huyendo del Cuervo Negro de la ciudad que sólo se llamaba Ciudad. Pero en el sobrevuelo de la edad comprende que ya otros pisaron los charcos en los que la luna de su poética se batía. Y los bares han cambiado de nombre. Y las chicas no son sus chicas ni las camareras su camareras. Retorna al cuidado, localiza feliz a su target. Sabe que debe volver a la ciudad del Cuervo Negro y allí, fuerte como el ángel caído, iniciar combate que le lleve a la muerte o a la gloria. Esa es la tarea. El proyecto que es sólo hacer balance.

Imagen: Juan Muñoz, Escultura

Video: The Clash: Dead or glory

4 comentarios:

MARIEL dijo...

Ahhhhh, acabo de levantarme y veo la foto que Bicéfala ha elegido para su nuevo texto-bomba. Tengo una buena mañana asegurada. Busco el café con leche y vuelvo ....

MARIEL dijo...

Te leí varias veces. Pensé que ni aun puesta en esa sublime ex-posición la memoria te diría cómo fueron las cosas. La muy zorra te ofrece, con tu entusiasta colaboración, paisajes a la medida de tus necesidades. Por eso pisar las viejas ciudades duele como una aguja en el corazón. Nos mentimos.

El psiqui, vestido de detective, se sumerge en el río revuelto de nuestras palabras intentando pesquisar los crímenes ocultos en el pasado. Desconfía. Sospecha. Intuye que el discurso es una ficción. ¿Qué es "verdadero"? Especialmente, lo que está-ahí y hace doler. Porque hay que identificar y expulsar lo que lastima. Muchas veces tapamos la mierda con castillos de arena. Que venga la ola vestida de psiqui o de paseo a la viej ciudad y se los lleve. Que veamos la mierda en su espléndida contundencia. La desaparición de las cucarachas y los muebles-Alicia.

Diste en el clavo, sí. La escritura es la sirvienta de la mentira. Pero no hay más que eso ... entonces es como si fuera la verdad. Yo no puedo escindir los planos. Para mí (¿se lo dije a Bel la otra tarde?) lo que está en lo que escribo es tan verdadero como el pan que compro frente a casa. O más.

A la muerte o la gloria. La gloria, siento, es la serenidad. Recuerdo una entrevista a una bellísima y anciana Marguerite Yourcenar, en la que que le preguntaron qué sentía al escribir. Dudó, pensó, tanteó varios sustantivos. Y finalmente dijo, convencida: "plenitud". Supongo que la serenidad se parece a esa plenitud o es la misma cosa.

Dijo también: "Se pueden parir hijos, se pueden parir libros ...". Si la escritura es un parto, entonces alivia. Da a luz. Echa luz sobre las ciudades.

El proyecto son las palabras escritas que ya se están gestando en tu cabeza.

Sí, me encantó, me vi aquí, como siempre.

besos de puro presente.

LUG dijo...

Dices: "paisajes a la medida de tus necesidades". Hummm, ¿"mis" necesidades? ¿Cuáles son esas mis necesidades? ¿Y si fueran necesidades de otro? ¿Y si no fuesen necesidades sino caprichos, contingencias irrelevantes en las que se enredan las existencias en las que uno acaba por encontrarse cuando despierta del coma, del sueño? Dejemos que la memoria muestre paisajes y golpeemos con una flor o con garrota tribal. veamos que pasa. Las viejas ciudades que duelen también provocan risa (carnavalesca) al mirarse uno como un payasete buscando sus raíces.

Dices: "lo que escribo es tan verdadero como el pan que compro frente a casa". Tu optimismo me maravilla - lo juro -. Salvo que tuviera razón Gorgias de Leontini con aquel famoso argumento "Nada existe. Si algo existiera sería incognoscible. Si algo fuera cognoscible sería incomunicable" la escritura me parecería tan verdadera como el pan. Pero, en mi actual estado bicefalino, el pan es el pan.

"La gloria, siento, es la serenidad". De acuerdo, pero ¿cuál es el rival, el conjurado, el otro sedicioso... ese al que llamamos, en la disyuntiva "muerte"?

¡Gloria a la escritura!

MARIEL dijo...

Yo creo que la memoria se acomoda a nuestros deseos. Tendemos a idealizar, tantas veces. Y, en cuanto al pan ... bueno, no es optimismo ni fuerza de voluntad, es lo que siento, de verdad. Tengo borrada, tal vez, la línea divisoria, no puedo establecer la distinción, no me sale.

La realidad ... está en el inconsciente. No estoy segura de que exista lo que toco. ¿Te acordás del cuento Las Ruinas Circulares, de Borges? Quizá todo esté hecho de la materia del sueño, no lo sé.

Sí sé que seguiré leyéndote, eso sí.

Abrazo insomne.