domingo, 29 de noviembre de 2009

EL OJO (Y 4)

Narra Empédocles que en la era de los miembros disyectos, cuando ni el amor ni el odio eran aún fuerzas cósmicas (todo lo más la sombra del movimiento), los diversos órganos se movían enloquecidos por el espacio de la selva y el desierto buscando el choque, la confrontación sin calificativo, la fusión o la fisión. Y, en estos trances, se formaban todo tipo de criaturas monstruosas y deformes, seres con ojos en el trasero o en el pecho, entes de cabezas múltiples, enamorados sin nombre con dieciocho corazones y viciosos sin objetivos con protuberancias varoniles en cuello, espalda o pie. No todos lograron sobrevivir, se nos dice, la mayoría muere entre aullidos que despiertan a los agonizantes.

Y estaba la mano con ojo que, parece, ascendió a los cielos y se hizo diosa de algo. El ojo en la frente que se fue al Tibet y construyó una montaña de más de de un millón de leguas marinas. Los humanos, los perros y algunas especies de felinos también soportaron la noche de los aullidos. No deja de sorprenderme los resultados de aquella matanza sin amor ni odio.

Cómo llegó el ojo de la bella ferronière a su rostro es historia ya sabida. La respuesta a la pregunta de su mirada me llevará más tiempo. Quizás dos o tres vidas ( y no soy gato). Me conformo. Ante el ojo bello que mira me descalzo y desnudo la inteligencia. La castro - ya imaginaba que la inteligencia masculina tenia algo que la cegaba. Me arrojo al suelo y cubro la piel de ceniza. Creo - tengo fe - en que ella me mira porque aún late mi corazón recién arrancado del pecho. Su mirada es más evidente que Dios. Más cierta que mi miseria simiesca. Oro de sabiduría es mi fe en su mirada.

La bella ferronière me ofrece sus ojos en bandeja - como una Santa Lucía pagana. El cirujano del amor y el odio me arranca los míos y se los ofrece a los grajos. Me injerta los ojos de la bella y miro renovado el mundo. Poseo el saber que me ha creado. Es ese trasplante el secreto de la filosofía y de la poesía y del arte y de la ciencia y de la tontería del amor y del juego secreto de los deseos. Poseer los ojos. Un ojo. Mil ojos. Una catálogo de ojos de cristal.

Enamoran los ojos y sobra todo el cuerpo. Soy viejo. Hago apología de lo que pronto perderé. Necesito conservar su esencia - la del ojo de la bella ferronière - para la estación de la ceguera, para cuando esté sentado en una esquina y sólo, con suerte, alguien me coja la mano. Me hundiré en el fundido en negro. Luego. Pasado mañana. Cada vez está más cerca el momento de la ceguera. Por eso no tengo tiempo para tu sexo, bella ferroniere, ni para lamer tu pecho o tu piel. Necesito la mirada y la palabra.

Soy platónico. Soy neoplatónico. Siento que traicionando a la filosofía en estas torpes palabras que sólo buscan emoción y belleza cumplo el destino. Me tiro al suelo desnudo. Enfermo. Narra la leyenda que la bella ferronière, amante de Francisco I, consentida por su esposo el ferretero, murió de sífili, sífilis contagiada por el esposo y transmitida al que la montaba desde el trono.

Todos mueren. Antes de agonizar, bella, me entregarás tus ojos. Abrirás los labios como sexo excitado y revelarás caminos.

Empédocles nos dice que el amor y el odio se encargaron de la gran ejecución de las criaturas monstruosas y los restos de órganos separados. Nos perdonaron a nosotros y a los gatos y a los felinos(algunos). A muchos peces y no menor número de aves. Amor y odio nos lanzaron al ruedo de la historia para dar tiempo de juego a sus legalidades. Para amar y odiar.

Si la bella ferronière me entrega sus ojos me enfrentaré a las dos fuerzas cósmicas, les plantaré cara. ¡Ya basta, les diré, de jugar con los seres! ¡Abandonad la trastienda, dejad libre la botica y cortad los hilos de las marionetas! Y con mis ojos llenos de fiebre sifilítica lanzaré un rayo que invierta el proceso. Aniquilaré al amor y al odio para que podamos - los humanos y los felinos - mirar los ojos, mucho rato, sin amor ni odio.

Imágen: Leonrado da Vinci: La bella ferronière (1490-95)
Vídeo: The Residents: Farmers.



4 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

"Su mirada es más evidente que Dios".

En algún momento te quitaste tus ojos y te pusiste los ojos de la belle ferroniere para escribir esto.

Sos la única persona que conozco que puede arrancar con Empedócles viniendo de un aforismo de Da Vinci y terminar con The Residents, intersectándolo todo, y emocionarme.

Gracias.

LUG dijo...

Sí. También tengo en mi maleta de ojos algunos del pájaro de china. Gracias, en lo que te toca, por el préstamo ocular.

Susana dijo...

Cuando describes en tus textos, usas la mirada que no tiene bastoncitos ni focos ni dispone de sensores de color. Usas la mirada que a los otros nos nace llena sólo de legañas. Y cuando amor y odio se alían, por una vez, y es para matar, creo que se secan de golpe millones de lagrimales pre-anatómicos.

Ante tus textos, Lug, "me descalzo y desnudo la inteligencia."

Un abrazo con signos de admiración.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Ah, claro, pero yo corro con ventaja. A veces me quito mis ojos y me calzo los de la Bicéfala. Voy con cuatro ojos por la vida y en pares que se resisten a pactar.

¿Y qué vamos a hacer con todo esto?

¿Cuándo publicamos?

Se impone, naturalmente.

Te abrazo fuerte.