lunes, 24 de agosto de 2009

CALMA TOTAL 3

Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe (San Pablo, Corintios I)

Él sale de la piscina de la forma y manera que contábamos en el anterior capítulo y se deja caer en la tumbona. Boca abajo y sin secarse. Cierra los ojos. Abre los ojos. La hamaca también es azul. Se gira y con la mirada perdida en el cielo se siente repentinamente embriagado del monocromo: azul pastilla psiquiátrica en la tumbona, azul muermo en la piscina, azul burocrático en el cielo (sin nubes, sin pájaros, sin estela de aviones), azul Chagall como bajo continuo de su melancolía. La borrachera luminosa le induce al desvanecimiento, pierde la conciencia o algo así porque, en estos momentos ya no se siente él sino que se ve Juliette Binoche (en Azul). Él es la Binoche sin haber dormido bien durante toda una semana – con el maquillaje corrido y el pelo horrible - contemplando bajo las sábanas, en un pequeño televisor, el entierro de su esposo y su pequeñín. Y él –Juliette – que no llora porque nunca ha tenido lágrimas, siente una náusea color bandera europea (O manto Virgen de Fátima, según catálogos), y se toma como fracaso personal el que no se consiga la unión de las naciones de Madeira a los Urales, ni se eliminen los recelos, única forma de alcanzar la Paz Perpetua. Y él-ella escucha a Beethoven y se deja arrastrar por Schiller y recita los pasajes de San Pablo en los que dice que de nada sirve la sabiduría si nos falta el amor. La Binoche, en la película, finalmente comprende que la gran sinfonía iniciada por el difunto debe ser completada porque esa música enlazará los corazones y las repúblicas. Algo parecido siente él pero de forma confusa, como las ideas innatas antes de ser actualizadas por la experiencia o la geometría o la Luz. Siente que tiene una Misión pero no sabe cuál.

Ahora parece que ve a la Binoche crucificada pero sonriente y con un cartelón detrás de su cabeza que dice:

- Debes acabar lo empezado por Otro.

Inicialmente no comprende el sentido espiritual de la revelación entre otras cosas porque él ya no es la Binoche. Sin embargo, de repente, desvaído dentro del desvaído, la hermenéutica fluye y ve con claridad que el Otro es él , otro él del que ahora tan patético se muestra. El él asesinado injustamente por ella --- ella: la que le dijo tienes que dejar la casa, y es experta en conservas caseras, la comandante guerrillera con todo su poder resolutivo que le fusiló al tercer día de convivencia aniquilando de paso su Obra en ciernes, su escritura naciente. Ella, que se ha quedado con los hijos y los libros y la casa, mató la Obra pero no al espíritu.

Una nueva marea del desmayo lo empuja hacia la costa y allí, en la arena, vuelve a ver a la Binoche crucificada. Pero ahora se ríe de la mujer francesa torturada porque él ya no sólo no es ella sino que, además, es el Autor de la Obra y se siente también comandante contraguerrillero, ejército blanco contra el azul chagalliano que ella (su ex) admira. Él es un comandante duro y ordena a sus hombres que miren a la Binoche bajo pena de públicos latigazos y que aprendan en cabeza ajena. Juliette se merece el castigo por haber hecho comedias americanas, por no haber permanecido inmortal y europea bajo las sábanas o levitando en la insoportable levedad del ser. La Binoche expira mientras el azul de la bandera que la cubre se torna de un roji-negro falangista...

El espasmo antifascista está a punto de reiniciar su conciencia pero le retiene el miedo a que ésta le muestre que nunca ha habido Obra o que ella no le ha expulsado del paraíso sino que él lo abandonó por un ridículo terror a envejecer con dos niños en la mano y por una incapacidad de amor. Todas estas amenazas de la conciencia le sumergen de nuevo en el desvarío.¡ La conciencia le revelaría tantas cosas! Por eso prefiere inhalar la canción de Demis Roussos que sigue zumbando en sus oídos gracias al omnipresente radio-cassette de mamá:

Para cruzar el umbral
Yo no pido nada más
Acariciado por tu voz
Morir al lado de mi amor

Ya está de nuevo en trance . Ahora habita en el centro del poema. En la esquina derecha del primer verso (umbral) cree ver unas bonitas sombras que narran una historia en clave orientalizante. Las sombras son creadas por un pájaro chino que comienza volar como diciendo sígueme, sígueme. El pájaro chino le recuerda tanto a los dibujos animados de los países del Este que veía de pequeño en la televisión que comienza a sentir que algo malo va a pasar, que este pájaro le va a llevar a algún sitio quizás muy cool pero en el que le comerán la cabeza más que la Binoche. Está a punto de sacar al comandante contraguerrillero que vive en su alma al grito de Santiago y cierra España, cuando aparece un buey indio en el extremo inferior derecho del poema de Roussos(donde dice amor). El Buey le mira y habla (habitual lo primero, casi característico; extraño lo segundo, salvo para los seguidores del vegetarianismo)

- Indaga dentro de ti. Y da respuesta al misterio que aparece en el extremo inferior izquierdo del poema. Cuando encuentres la respuesta, regresa a Marienband con tu tesoro y repártelo con tus hermanos – sentenció casi convertido en la madre ciega de los Pandavas.

En efecto, la palabra morir en el poema se abrió por la mitad brotando de su interior la diosa Kali, amordazada por Shiva en labores de domador de circo, emisario y embajador. Kali, forzada por Shiva, le mostró su trasero – un buen trasero para lo que los prejuicios nos hicieran suponer en Kali – y en él se había tatuado la palabra MUERTE.

Comprendió que sólo tenía dos opciones: retornar a la conciencia y conversar con su apenada madre o seguir en el desvanecimiento con la sagrada misión de experimentar la muerte. La tarea del filósofo según Platón y Montaigne y Pierre Haddot.

Binoche apareció resucitada al tercer día y vestida de Marianne le dijo:

- Autognosis.

Se desmayó en el azul de la tricolor republicana y con Juliette besando castamente su frente.

Imágenes y vídeo:

Tres colores: Azul de Krzysztof Kieślowski (1993). EL mundo se divide en aquellos que adoran a la Binoche en esta película y aquellos otros que se desvanecen con los ojos en blanco ante el horror (horror, horror) y el tedio. Cada cual elija: o arrobamiento o desmayo (arriba y ABAJO). Yo fui de aquellos.

Vídeo: Demis Roussos: Morir al lado del amor. ¡Yo vi este vídeo (blanco/negro) de pequeño con lágrimas en los ojos ! Colóquese a Roussos y Kieslowski en la misma bandeja y repítase: “eso eres tú” o “ los dos son tu querida Europa”. Hágase la combinatoria en época de euroescepticismo y retornarán los tiempos de la revolución nihilista. Se volverán románticos, al modo Novalis, y se hundirán en las minas de carbón para cumplir el sueño roussoniano de morir al lado de su amor.



5 comentarios:

MARIEL dijo...

Estoy saliendo con alitas (volando). Te leo en cuanto vuelva. Pero quería decirte que me emocionó ver estas escenas de Juliette y este Azul. Por ellas empecé a escribir sobre cine, hace muchos años. Sintonía finísima. Piiiiii, piiiiiii, piiiiiii. (Me entusiasma enormemente la continuación de esta historia). Me entusiasma que escribas. Besos que se sumergen en el agua (Dios, Juliette no puede ser más bella ...).

Susana dijo...

Esta noche, cuando la Reina vuelva a darme otro segundito (qué duro vivir a golpe de este o cualquier pito), escribiré mil veces "No pienso dejar que me asesinen el azul nunca más".

Y si en algún momento me siento la Binoche, pienso correr rapidísimamente hacia el rojo, para no desaprovechar la circunstancia. Ni aun con el rímel a la altura del ombligo. Quizás así se borren todos los tatus que me han ido dejando en el trasero todo este tiempo.

(La calma va zarandeando los colores que encuentra... creo que se está transmutando. ¿Estará tomando impulso para salir volando?).

Abrazos desde mi pobre monocromía...

LUG dijo...

Pido disculpas por el texto largo. En términos generales creo que al texto-blog le sienta mejor un espacio más corto y contundente. Pero ahora me apetecía hacer esto. Admito la traición de aquellos que conmigo van.

Mariel, vuela, vuela. No sabía si era el pájaro de los que odian a la Binoche. El que apueste el pájaro chino por ella me aporta un nuevo dato para mi informe. A mi me enamoró la Binoche en La insoportable levedad del ser. Debo confesar que el libro me gustó menos. Creo que me enamoré de los tres personajes de la peli.

Azul..bueno, es una película de mi estilo a veces retorcido en vano. Por eso me gusta. Y por eso comprendo que mucha gente deteste la película.

Amiga Susana, no te veo en el Monocromo. Monocromía la de la masculinidad torpe - como la del protagonista de la historieta y, en ocasiones, la de la probre tortuguita. Puede ser un personaje de tus reflexiones sobre la vida relacional.

Qué bueno oír voces. Uno nunca pudo imaginar tanta belleza.

MARIEL dijo...

Ay, qué placer tirarme en la tumbona y experimentar estas transfiguraciones sucesivas. Qué placer la gradación de azules personales y, sobre todo, que Juliette (me temo) ya te haya comido el coco como se lo comió al pajarito chino. Qué entusiasmo ver al pajarito batiendo sus alas en el umbral de la tentación ... pero ya caíste en ella, ya sabés lo que es la escritura, ya escribís. La Obra se ha iniciado.

Y la Obra es tan espléndida y tan desordenada (y por ello espléndida) que Juliette se sumerge en aguas turbulentas mientras Demis intenta serenarla. Bicefalina ya escuchó la melodía entonada por un extraño en plena calle. Lo siento, no hay marcha atrás. Ya te emocionaste hasta las lágrimas viendo a Demis cantar esta canción de amor en blanco y negro.

¿Cómo no amar y rendirse a los pies de Juliette con un parche en el ojo en Los amantes del Pont Neuf, enloqueciendo a Jeremy Irons en Damage, haciendo girar frescos renacentistas en El paciente inglés (porque no era ella la que giraba, ella hacía que los frescos girasen para envolverla estremecidos)?

Con Juliette haciendo respirar a Teresa para que la levedad del ser fuera más tolerable (coincido plenamente, el libro lo tuve marcado varios años pero los rostros se los dieron Juliette, Day-Lewis y esa soberana perra de Lena Olin, la contracara perfecta de Juliette).

Le perdonamos las comedias americanas cuando la vemos en Caché. Le perdonamos todo.

¿Por qué Teresa y Tomás mueren en un accidente luego de bailar abrazados, felices? No existen los accidentes. ¿Habrá que saber vivir en la felicidad, habrá que entregarse a la felicidad con más talento que el que se necesita para atravesar el dolor?

Las comandantes guerrilleras no saben nada de eso. Las únicas órdenes que puede dar Juliette salen del perfume y el roce intuido de su nuca. La nuca de Juliette desata la guerra.

Y en Marienbad se está en paz, esa paz de los mares donde no se hace pie, pero milagrosamente se respira sin escafandra bajo el agua.

A Él ya le he tomado mucho cariño. De verdad.

LUG dijo...

Y si Juliette es tan así como dices y a mi me lo parece - ¿por qué crea tantas antipatías entre muchas mujeres? Cifra de un secreto.

También me parece adecuada la pregunta: ¿habrá que entregarse a la felicidad con más talento que el que se necesita para atravesar el dolor? Los que sabemos de la huida (¿voluntaria?) de la felicidad para reencontranos con el dolor "mostramos" que la felicidad exige ejercicio. Pero vale, todo es disciplina - incluida esta Escritura que nos conmueve - y búsqueda de pájaro o tortuga, búfalo o perra. Totem.

Espero que lo sigue no decepciones aunque creo que lo hará pues se va a girar muy brusco. Huir de la felicidad. (Sigo pensando que escribir tan largo en una blog - al menos en esta blog - es error. Caer en el error como complemento dietético de la huida de la felicidad)