viernes, 14 de agosto de 2009

CUATRO. CARTAS POSTALES

Mamá dice que ya no debemos jugar juntos.


Mamá dice que mañana tengo que quemar en el jardín todos los cromos y que ya basta de tonterías.


Mamá dice que para una niña como tú no soy un buen compañero de juegos.


Mamá dice que tengo que volver a las píldoras bicolores.


Mamá dice que estoy pálido y flacucho y me he dejado el pelo muy largo.


Mamá dice muchas cosas y me levanta dolor de cabeza. Para no llorar acepto las píldoras bicolores.


Las píldoras bicolores dicen que no existen el amor ni el odio ni la tristeza.


La píldoras de colores dicen que se puede teclear más despacio y que puedo coleccionar muchas cosas. Por ejemplo formularios de la seguridad social o cupones descuento.


Las píldoras bicolores dicen que son mis amigas aunque nunca juegan, ni se desnudan, ni encuentran cosas locas en los cajones. Coleccionan sellos tan antiguos que se ha borrado el dibujo.


Las píldoras bicolores dicen “sueño” y cae la noche como una lápida cálida.


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A Fichte y Schlegel

Estimados señores:

Las almas débiles y melancólicas necesitan sentirse atadas por las cosas. Es su condena, ustedes lo saben, y a poco que me sonsaquen les confesaré que también es su vicio. El no-yo cristalizado y alienante, ese que nos hace menores de edad, se convierte en tabla de windsurf para sortear las pequeñas olas que llegan a estas costas de nuestra alma mísera y cobarde. Por eso necesitamos las malditas postales, los signos que sabemos estereotipados, las garras de las cosas mil veces dichas. Su Yo infinito duele nada más verlo de lejos y por escrito. Desde estas playas su Yo simula tsunami (tsimula sunami) y sólo podemos mirarlo con los ojos cerraditos, como si fuésemos niños imitando caritas de chino en una cuadro de Rockwell. Gracias a esta tontería han podido ustedes crear sus vibrantes textos y obligarnos como forzados tiranos a recitarlos desde hace ya más de dos siglos. No denuncio su jacobinismo, dios me libre, sino que expongo las excusas del debilitado cuando no logra convertir en avatar y andanza la maravilla de sueño romántico en toda su extensión ( extensión que debe ser la de la inocencia según dicen las crónicas del poeta quinceañero). Y recito su Credo y la Canción de los Hombres Libres.


Las almas débiles se hunden en la melancolía y la mayor de las torpezas si no consiguen extraviarse al menos cinco veces al día en las copias de las copias. Las cosas que ustedes desvelan son muy grandes (y terribles). Por eso hacen bien en sujetarnos fuerte la correa para que no salgamos corriendo. ¡Obliguen a estas almas de cántaro a no cerrar los ojos ante su Escritura! Reconoceremos en los Himnos que Rockwell es un titiritero de la ilustración (con minúscula) y admiraremos ahora y en la hora de nuestra muerte a los Expresionistas Abstractos de todas las latitudes como Arte verdaderamente adulto. Como ven puedo ser diácono aplicado de su iglesia romántica. ¡Viva Rotkho!


Los amantes de las postales a veces miramos el mundo y en el espejismo vemos a un corso más bien bajito cabalgando en un jamelgo. Ustedes giran la rueda y tensan los nervios para que, tras el estiramiento corporal, enderezaremos la mirada para ver lo sublime: el Espíritu Universal a Caballo („Weltgeist zu Pferde”). Cuánto se lo agradecemos.


Dicen los libros que ustedes finalmente encontraron su sitio en la Iglesia Católica y en la Nación Alemana. Parece que en ellas aquel Yo infinito que supo enfrentarse a las cosas “cara a cara” y sin complejos puedo configurar el Orden del Mundo. Una y otra eran hábitat adecuados porque eran en sí mismas infinitos de infinitos. A veces, en mis ataques de debilidad, me parece que la Nación Alemana y la Catolicidad son postales feas y me provocan muermos. Pero mi mirada es turbia y por eso acudo una y otra vez a sus sublimes recitativos. Y a sus amables hostias.


En su liberalidad me han perdonado las ofensas. He marcado esta casa con una cita de Novalis y, en honor a la amistad de los Grandes, ustedes han consentido el tributo. Pero siento que aún no estoy del todo curado. Por las noches imagino a Novalis y Sophie jugando en el sol del mediodía, dos adolescentes en una playa mediterránea. La imagen es rara: mientras Novalis mete mano a Sophie está mirando a otras chicas. Parece que no encuentra entre los nudos del bikini al Eterno Femenino. Lo mismito me pasa a mi.

Imagen: Mark Rothko, "No. 3 (Bright Blue, Brown, Dark Blue on Wine)" 1962

Imagen: Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg, Novalis (Friedrich Eduard Eichens )

5 comentarios:

MARIEL dijo...

Fichte y Schlegel se revuelven en sus tumbas. Ni siquiera tienen la cálida lápida de la pastillita de color (entre paréntesis literales, acabo de tomarme una). Es una lápida fría, fría ... Dura, rígida y geométrica.

Yo apuesto mis mechas a que Novalis le tocaba el culo a Sophie mientras miraba otros culos en la playa y que, si no lo hizo, se debe estar arrepintiendo. Morirse hasta de una muerte tuberculósicamente romántica ... no está bien.

Mi Rothko. No debería haberse cortado las venas hasta el codo, pero al menos nos da la libertad de sentir, mirándolo, lo que se nos ocurre.

Tu imagen de la rueda que tensa los nervios para que enderecemos la vista es ... epifánica.

¿Puedo firmar también la carta? (tengo bajo un brazo la tabla de surf y sobre la arena una caja con postales).

Todo esto tiene que ser libro, Bicéfala. Tiene que imprimirse y encuadernarse, para que uno lo pueda tocar y oler y guardarlo bajo la almohada.

Quiero que siga la historia de las cartas postales. Quiero que siga.

Abrazo de pájaro entusiasmado.

LUG dijo...

¡Ah los libros! Son cosas de otros universos llenos de gentes de cara pálida. No sé. Gracias.

Novalis haciendo windsurf.
Los Himnos a la noche como tabla para balancearse cuando ya sólo unos pocos hacen balances (y, cuando lo hacen, acaban en la iglesia católica - Schlegel - o en la Nación alemana- Fichte. Novalis, inspector de minas, muere tuberculoso. La muerte da grado. Así somos de idiotas.

¡Destruir el Romanticismo con postales para revivir el romanticismo fluyente y carcajeante!

MARIEL dijo...

Los jóvenes cadáveres bellos tienen buena prensa. Revivamos el romanticismo de las postales, por favor. Que sí, joder.

Serenus Zeitbloom dijo...

...y un riesling del Rheingau acompañado de unos tomates con parmesano y lomitos de salmón en una noche agosto –eso sí, con brisa fresca de montañas que avistan el mar (no del del Norte; el Mediterráneo)


Salud compañero.

Susana dijo...

Cada uno un color de pastillita. A veces dos. O muchas más. Hay que evitar a toda costa la vigilia excesiva. Hay que vigilarnos, no vayamos a soñar sin dormir. No vayamos a prescindir de las lápidas que nos ordenan.

Si hay que soñar con imposibles, que nos los den la nación o la lengua alemanas. Que nos deslumbren los crucifijos. Que baste ya de tonterías. Los culos ajenos, los colores grandes los sueños desordenados, que vayan en fila india al puto infierno.

Ah! Se me olvidaba. Las tortugas y los pájaros, tremendamente peligrosos. Romped sus postales. Destruid cuando os llegue de ellos. Olvidad sus escritos. La pastilla dice "sueño" y conviene obedecer. Nosotros lo sabemos, y tú, estúpido menor de edad, debes olvidar las tentaciones y dormir en negro. Sin más sueños que el orden delimitado en bicolor. Recuerda: "no existen el amor ni el odio ni la tristeza".

(qué refrescante entrada! gracias!) Un abrazo que dice "adelante"!