jueves, 27 de agosto de 2009

CALMA TOTAL VI


Él está en la piscina tumbado boca abajo sobre la colchoneta amarilla que sus hijos dejaron en la última visita. La colchoneta, diseñada para niños pequeños, no se adapta a su cuerpo ni a su peso pero al menos lo mantiene en precario equilibrio sobre el agua. Ya vimos al inicio: se arroja al río de la vida sin temor y vive peligrosamente en la piscina. Digamos para no asustar al lector que nuestro amigo no corre riesgo de ahogamiento porque, además de unas bonitas gafas de buceo, tiene un tubito que lleva el aire hasta su boca (sólo le exigiremos un movimiento de inspiración oral). La escena no puede describirse como “hombre haciendo el muerto en la piscina”. No señor. Para ello precisaría estar desnudo sin mediación, expuesto. No es el caso: lleva sus nuevos slips color naranja. En silencio siente que está cambiando su vida y se imagina lo guapo que debe estar mostrando su culo al espectador.

La madre se tumba en la hamaca y mira al hijo. No piensa, no observa detenidamente. Mira y se tumba y enciende el radio-cassette y se deja llevar por un Grandes Éxitos de Nana Mouskouri. Nana canta en español piezas inmortales de todos los tiempos y, además, lo hace en muchos idiomas. Es su sello paneuropeo. Quizás vocaliza mal pero, supongo, ese es el atractivo de las versiones en las que una cantante usa un idioma que no entiende del todo. Interpreta la paloma y qué será, será. También alguna adaptación de Demis Roussos. No lo canta todo a la vez pero podría. Nana, como es griega, lleva a todo el coro de la conciencia histórica europea en la garganta y puede censurar a los héroes y a los hombres ridículos con potencia babélica, combustión pentecostélica y erudición aristotélica. La madre invoca a Nana en el radio-cassette para dejar claro a su hijo que los días en la piscina son días contados.

Todo esto lo piensa él, sin sacar la cabeza del agua, mientras mira el fondo donde el azul se diluye porque ahora, fuera, en el mundo exterior, el cielo se torna gris. Y todo el mundo sabe que el color del fondo es deriva del “arriba” como los movimientos de los hombres son reflejos de las pasiones de los inmortales. El cielo es una gris perla y una nube gigante, invisible y muy oscura emborrona la esfera sin dejarse ver, tiñendo todo pero sin configurar nada. Color sucio del cristal roto por el influjo de las tormentas del inframundo. Gris tapón del azul que hace que el agua se vea incolora. Gris fuga de luz como los ojos fríos de Nicoleta Kidman y Juliette Binoche y la más hermosa de las niñas punk de la ciudad cuando le miran.

(CORO MOUSKOURIKO)

Su estómago, después de la caída, se ha convertido en el sismógrafo de todas sus emociones y de todas las fuerzas que recorren el cosmos.

Él nota el reflujo y siente necesidad de escupir. No lo hace. Se traga la bilis amarilla y le gusta su amargor. Bebería sangre, su sangre, si fuera eso lo que manara del interior de su cuerpo.

Es una señal pero él cierra los ojos para evitar tener que interpretar nada.
Cree que esa aguda punzada en la boca del estómago nace del desprecio de las tres mujeres. No quiere otras lecturas, no escucha la advertencia del cielo.

Y el cielo no advierte dos veces, oh mortales.

Deja la colchoneta e intenta nadar un poco. Siente debilidad en los brazos y el agua que le entra por la nariz le produce dolor de cabeza. Pero básicamente está recuperado. Mañana saldrá de casa. Visitará las calles de siempre buscando a las mujeres de siempre. Se fijará en aquella que calla, la que mira el espectáculo del mundo con la más absoluta indiferencia. La que odia todo lo que se mueve. Quizás, como ya no está para muchos trotes, se dirija directamente a las opiómanas, aquellas que han entregado su alma al humo del dragón rojo. ¿Algo más frío que la mirada del fumador de opio? - nos pregunta mientras nada. Sigue buscando el tránsito que resquebraja el hielo y, por eso, se fijará en sus rostros mientras hacen el amor o cuando el efecto de la droga llega directamente al centro de su cerebro. En ese instante intentará ver eso que se le escapa. El secreto de un universo que pregunta por todos los rincones cómo te encuentras para consuelo de los enfermos y los huérfanos, de los niños perdidos en las cloacas y de los lobos cazados por caperucitas armadas.

Sonríe; se deja arrastrar a ninguna parte por la calma total de esa piscina sin olas y no es consciente del rayo que sale de la nube oculta gritando cómo te encuentras a su corazón antes de fulminarlo con una descarga de más de cien millones de voltios. No ha sido capaz de ver la piedad infinita de aquello que le mata.



Imagen: Caspar David Friedrich Der Mönch am Meer
Video: Nana Mouskouri Qué séra, séra (No es griego, claro, es alemán. Dicen que los alemanes inventaron “lo griego” y Nana abofetea la arrogancia germana con esta versión de la canción.

Video: Doris Day Qué será, será. Escucho a Nana y me acuerdo, inevitable, de Doris Day. Doris no tiene la mirada fría y me gustó verla abrazando a Rock Hudson en la célebre foto en la que se le ve enfermo. No me gusta Doris Day pero me gustó su abrazo.



4 comentarios:

Susana dijo...

Más fría que la mirada de un fumador de opio, puede ser la de alguien que se hace el muerto sin hacerlo totalmente. Vislumbrando grises, como el de la torerita repipi de Doris. Qué será será, mientras se mira a sí mismo en sus flaquezas fisiológicas y sus debilidades metafísicas, que pudieran ser asimismo fisiológicas, porque parecen salidas de pura hormona.

Estoy deseando seguir la salida del personaje. Tiene un ritmo que petrifica como un rayo salido de las nubes 'atormentadas' que hay encima de mí. Fantástico...

LUG dijo...

¿Son las debilidades metafísicas flaquezas fisiológicas? Puro Nietzche. Queda él allí tumbado sin saber secreto alguno. Tumbado y achicharrado. Quizás en el momento de la muerte vio algún destello. No sé.

(Fantástico tu texto sobre los cables submarinos en el día de hoy. Te lo digo aquí por no decirlo allí. Me gusta el ritmo de la prosa. Y te lo digo aquí - aunque podría decirtelo allá - gracias a los cables que, supongo que ya sabes, se los intercambian como cromos tu querida Bruja Avería y los Electroduendes. Para alegría y tristeza de los mortales)

MARIEL dijo...

Bueno, pensé mientras empezaba a leer, acá está la tensión llevada al máximo, la cuerda tensada que tiene que romperse en algún momento. Y llegó el coro mouskourico (¡un hallazgo! por favor guardalo para revivirlo en otra historia) y el rayo bíblico y el veneno de "Que sera, sera" en sus dos versiones (porque bien se sabe que con una no alcanza).

Me han encantado las esdrújulas, también. El retorno del slip naranja (el ¿retorno de lo reprimido?). El inicio con la pintura de Friedrich (que ya hace temer por la suerte de EL). Y la calma previa a la fulminación (EL ya había vislumbrado el Nirvana tumbado boca abajo en la piscina).

Ahora quiero ver si hay funeral.

(sí, el texto de Susú de los cables submarinos pero no lo comenté todavía -lo estoy masticando como un caramelo de colores; es genial, Susú hace surrealismo y Dadá en un solo párrafo que parece arrancado del inconsciente).

LUG dijo...

Él: vocación de ridículo.El ridículo: la búsqueda del trascendental en supermercado, la alta cultura fregando los suelos de la gran factoría pop, el metafísico ligando con niñas punk gélidas...). ¿Y si el ridículo fuese, a pesar de los golpes y las risas de los otros, el camino que salva, el nirvana póstumo en los tiempos en los que ni Oriente ni estrella ni flor azul nos convence porque todo es machacado por la Gran Sospecha: tíito Marx-Nietzche-Freud y las primas Vulpess?.

Seguirá el coro mouskouriko. Y él resucitará porque algún pájaro blanco se comerá el rayo?