viernes, 21 de agosto de 2009

CALMA TOTAL 2


Él se ha lanzado a la piscina con poco estilo pero sin levantar mucha agua. Después de nadar un rato se ha puesto panza arriba y, haciéndose el muerto, ha mirado al cielo. Ha visto el azul puro y se ha dado cuenta de que no pasa nada. Ni aviones ni gorriones. Su madre ha puesto a Demis Roussos en el viejo cassette.

Boca arriba no puede verse – salvo que inicie un viaje astral para el que no está aún preparado – pero hace un esfuerzo. Levanta la cabeza y tuerce el cuello. Observa la barriga y el bañador. El bañador parece un globo. Se llenó de aire al meterse en el agua y aún no ha conseguido normalizarlo. No le gusta esa sensación. Le pasa últimamente lo mismo con los calzoncillos. Se los compra tipo boxer, de tela, porque no aguanta la sensación de marcar paquete. Los slips ajustados le recuerdan – no sabe muy por qué – a delincuentes juveniles detenidos de madrugada por los GEO en un piso franco o en una chabola. Él no teme ser detenido por comandos policiales pero, en el caso, prefiere ser esposado con el boxer puesto y no con slip. Cuestión de dignidad – se dice – y dar perfil a cámara. O quizás, reflexiona, es que teme a las erecciones inoportunas que pueden camuflarse detrás del cortinaje boxer – como se esconden los actores antes de la representación - pero no tras los ajustadísimos slips. En una ocasión vio una fotografía en la que un hombre, en una favela brasileña, se exhibía con sus calzoncillos elásticos y superpegaditos, sobresaliendo por la parte de arriba la carne pálida de su prepucio. En una erección el prepucio es el elemento más expuesto y deprimente. Pues aquel buen hombre mostraba sin rubor – o inconsciente – aquellas su parte mientras se estiraba en un sofá cochambroso y miraba a la cámara con un sonrisa medio desdentada y orgullosa. Como la maja de Goya pero con slip y mostrando inocente su capullo. La foto había sido realizada por una mujer (Mireia Algo) y, desde aquella visión, siente nuestro amigo la crisis ya no de los cuarenta sino de la edad masculina en su conjunto.

De todas formas, sea correcta la hipótesis 1( Miedo a ser detenido de madrugada por los GEO) o la hipótesis 2 (Miedo a ser fotografiado por una feminista con una erección inoportuna), lo que podemos concluir es que él usa boxer por miedo al slip, pero también por reacción a los calzoncillos blancos y de algodón de su padre. Y por imitación de los yuppis de los noventa, creyendo que el boxer es más intelectual, refinado y apropiado para ese brocker de Walt Street que el nunca fue ni será.

En la piscina, haciendo el muerto, se siente confuso. Sufre, en diferido, el ridículo de la escena de matrimonio en la que él se quitaba todo menos los calzoncillos. Y ella metía la mano por los huecos y no se los dejaba quitar hasta el momento final, cuando ya no quedaba más remedio y siempre con esa sonrisa en la cara, sonrisa que él colocaba en el columna del haber, como un logro de su habilidad con las manos pero que, ahora, repasando el video en la distancia, cree que tendremos que colocar, su sonrisa y sus boxer, en la columna del debe, en la humillación del comandante guerrillero a sus tropas.

Él, en el agua, reflexionando sobre sus calzoncillos, mira el cielo azul y suspira pensando que también el remanso es río y la calma total en los mares es realidad demostrada y hasta temida porque, dicen, antecede a la tormenta. Lo acepta. Ha dicho que va a dejarse arrastrar incluso aunque se tope con la voluntad decidida del río de la vida de no ir a ningún sitio. Se estremece pensando en la posibilidad de que la zona de los rápidos y las cascadas se encuentre río arriba y que ahora esté en el punto final, en un delta arenoso que entierra al río en un Mar Muerto de salinidad tan elevada que se impide la fantasía del ahogamiento.

Se hunde en la piscina y bucea hasta que los pulmones aguantan. Bajo el agua piensa en ella, en cómo le ha marcado ritmos y cómo, civilizadamente, lo sigue haciendo: horas de visita a los niños, para acudir al banco y ordenar el paso de la pensión, los cambios de última hora. Ella se ha quedado con el coche – ella, que odia los coches y, sobre todo, el que él había elegido. Al salir del agua y respirar esa mezcla de cloro y azul muermo, vuelve a pensar en lo poco agraciado que se ve con los boxer. Y decide experimentar con los slips. No va a temer ser un delincuente juvenil y, si es detenido de madrugada por sus múltiples fechorías, gritará:

- “¡Pringaos, soy como el Torete! ¡Y mirad como la tengo de dura! ¡Que no me das miedo, chaval!, ¡Puto madero, bujarrón!”.

Y alguien le dará un hostión en la barriga y caerá al suelo mostrando a cámara su bien proporcionado trasero arremolinado con un slip naranja chillón.

Si el cielo azul te deprime, piensa en ropa interior- se dijo al salir del agua con una erección considerable que, hasta su madre, percibió (Señor, señor, qué pena de hijo – parecía decir la señora).

Video: Los Chunguitos: Me llaman el loco
video: El Torete, de Perros callejeros (¿?)



6 comentarios:

MARIEL dijo...

Por favorrrrr, qué depresión me dio el slip naranja incandescente de Torete, no hay derecho, no hay derecho a ponerse ESO y de ESE color. No sé si cortarme las venas o dejármelas largas.

Confieso que el avistaje del tobul (esto es, el bulto) marcado a fuerza de compresión y exhibicionismo de género (masculino y tela) me ha parecido siempre de un patetismo inefable. Instantáneamente pienso que si se marca no se para, o se arruga o se esconde o es de yeso (perdón).

El macho pavoneando su nutria a lo Charles Bronson ... ya fue, además. Genial el símil o comparanza con la irrupción en el aguantadero de los ladris por parte del grupo Geo. Es verdad ... casi siempre hay un nabo en zunga.

Típico de los brasileños por otro parte. La zunga. Qué mal gusto. Qué olor. Y que incomodidad, me imagino, todos viajando ajustados y apretados como en el bondi. Además, no sé, yo no porto miembro y por eso pregunto, supongo que en ocasión de echarse un cloro (perdón por mi sutileza) la zunga hay que correrla hacia un costado, considerando que carece de ventanuco. Muy poco higiénica.

Además exige tener un torso semejante a una tabla de lavar la ropa. Nada más desolador que la mimosa (sí, la barriga, esa de la que no te despegás más) balconeando y colgando cual bofe amorfo sobre el slip.

En fin, que mis aplausos para El por la elección del boxer. Una delicatessen total.

Y mi delicado apunte de una sustancial diferencia: una cosa es la liebre marcada (una escena deplorable) y otra cosa muy distinta es la carpita de la erección involuntaria (una escena ... adorable, como mínimo).

Si encima el boxer hace carpita panza arriba en la pileta escuchando a Demis Roussos (el gordo que comía perros y hacía playback) en versión cassette, entonces la presteza y gallardía del boy scout está asegurada.

Chapeau!

MARIEL dijo...

Ay, Los Chunguitos ... si habré escuchado Me Quedo Contigo. La cantaban en De prisa, de prisa, de Carlos Saura, creo. Ay, aquellos tiempos ...

LUG dijo...

Soberbia lección de magisterio. Su discurso, Mariel, confirma: La masculinidad, en efecto, está más perdida que los personajes de Auster cuando salen al campo a encontrar-se.

Por su lado, la afición quinqui delata lo abultado(pèrdón) de sus lecturas. Personalmente los jóvenes cachorros del crimen sólo me molan en segunda o tercera lectura. Quizás por la cercanía al barrio. O por tristeza. pero eesa segunda o tercera lectura, y más para oponerlo a Bronson (qué horror), sea. Con el buga hasta la frontera.

La veo sin sueño. De nuevo. Por dios, descanse. Sueñe que los geos invaden su casa y le recitan poemas. De amor o de carpas, en plan haiku.

MARIEL dijo...

Sí, sin sueño y con un boxer igualito al de la foto. Me olvidé de comentarle, pero a veces uso boxers. Son recómodos. Tengo uno como ese y un par a rayas.

Y ahora que vengan los GEO y me vean a ver qué hacen.

Susana dijo...

Este otro Calma Total también me ha encantado. Anuncia novela en el que una tiene ganas de meterse y seguir leyendo más y más y más.

Esos slips marcones marcan toda una época de mi infancia y de mis miedos. Pareciera que los barrios estaban tomados.

Luego me uní al enemigo,para saber de qué pie calzaba, y pasé una época rodeada de paquetes chulos, amenazas policiales y muchos presuntos. Se me pasó el tabú y hasta acabé por tomarle simpatía. Como a los Chichos o a los Chunguitos. Que cantan un tiempo y unas gentes que no san tan distantes como podría parecer.

Luego quiso el azar que conociese in person a uno de los personajes más subversivos de las pelis del torete, y me pareciera encantador, inaugurara una de sus casas y hasta es posible que, de buena mañana, le viera lucir unos boxers impecables.

Ir para poder volver sólo porque se quiere.

Qué entradas tan fantásticas!! Espero el siguiente capítulo!!

LUG dijo...

Susana, gracias. Voy - hoy lunes - a leer tu entrada II y luego colgaré de los talones un nuevo calma total