jueves, 6 de agosto de 2009

INSTALACIÓN (BESO DE SUBMARINOS EN EL OCÉANO NORTE)


(UNO)

Dos submarinos nucleares, uno británico y otro francés, colisionaron el pasado 3 de febrero en aguas profundas del océano Atlántico (...) Diversos expertos militares afirmaban que la misma eficacia de los sistemas de señales para ocultar su presencia a otros navíos puede ser la causa de un choque que representa una extraordinaria coincidencia. (Diario Montañés, 17.02.09)

(DOS)


Los submarinos atómicos chocan
en el Atlántico Norte y caen
las tazas de café de los comandantes
disolviendo cartografías de navegación
silenciosa.

Invisibles
juegan las turbinas nucleares
a hacerse las encontradizas en un cuarto oscuro
dónde alguien pretende ver
- en interés de la ciencia y la defensa nacional -
cómo se matan a guarrerías.

Sólo se besan, dicen, y
no hay peligro de embarazo no deseado
ni de violencia conyugal. Un ligero cruce
de labios
de despedidas para una cita no concertada
de promesas blindadas
de amor entre las potencias

Ni conscientes deseos de boda
ni guerra
en el medio del Atlántico


No hubo voluntad de engaño
entre los aliados

(TRES)

Los submarinos me parecen lugares siniestros. Quizás apropiados para un vídeo clip de The Cure, con Robert Smith ahogándose en sus pesadillas en el papel de comandante timburtiano después de atacar salvajemente la nave de los niños perdidos. Claro que nunca he estado dentro de las tripas de un submarino y sólo tomo como referencia la experiencia televisiva de las series de infancia. No sé si es referente aceptable y testimonio adecuado. En todo caso lo que a mi me parece es que los submarinos exigen cada dos por tres el silencio absoluto y les recuerdo como pequeños cabroncetes que lanzaban su torpedo y se escondían en el fondo, tratando de evitar las cargas de profundidad. Siempre agazapados. Con el miedo en el cuerpo. Los marinos saben que si alguno deja caer una moneda pronto se convertirán en carnaza para los peces del abismo. La muerte más perra. La agonía en un inmenso pulmón de acero que deja de respirar o comienza respirar lentamente.

Los dos submarinos que se chocaron en el Atlántico debían navegar muy calladitos. Como pequeños perversos del océano que en la oscuridad y sin reclamar nombres ni filiación se tocan un poco los tubos lanzatorpedos. Una guarrería divertida si uno fuese un submarino ruso en la Guerra Fría. Desde luego cuando los que se ocultan así son aliados y de buenas familias, el bochorno es un poco mayor. Quizás por eso, al leer la noticia he pensado en esa leyenda urbana (o no tanto) de los cuartos oscuros en los que se encuentra sexo sin rostro, piel sin luces, anonimato pegajoso. Y, asociación de asociaciones, vi también junto a los submarinos a Michel Foucault con su sombrero tejano y como sorprendido a la salida de uno lugares del amor oscuro.

Es posible que la presencia sonriente de Foucault sea la responsable de que los submarinos nucleares que se encontraron accidentalmente en medio del océano me resultaran tiernos. Y por eso me parecen adecuados objetos para una instalación invisible (naif-kitsch) que en estos años de crisis nos vuelva a recordar que los grandes misiles nucleares están ahí, a nuestro servicio. Aquellos falos de Dios que nos medio amargaron la juventud en los ochenta con aquello de la “destrucción mutua asegurada” y “los ataques preventivos”, esos misiles largos y gruesos como dildos del diablo, nos prometen el fin razonado de todo tipo de entuertos logísticos del capital. Nunca nos han abandonado aunque lo crean así muchos. Pero nunca, nunca , nunca debemos olvidar que estos malos malísimos tienen su corazón y no temen besarse como quien no quiere en el medio del Atlántico Norte, para sorpresa de los marinos, disgusto de los almirantes y suspiro esperanzado de solitarios que esperan el amor . Nunca se puede perder la esperanza de un encuentro fortuito que, como decía el difunto Jim Morrison, haga presente el “come on baby, light my fire”. Un gran fuego que se lleve por delante a todos .


POLASKY Y EL ARDOR



5 comentarios:

MARIEL dijo...

Mierda, qué belleza de instalación. Perdón por mi francés, pero es que ya sabe que su escritura me pega muy duro, Bicéfala. Una foto, un recorte periodístico, erotismo en penumbras entre turbinas nucleares mientras se estrellan contra el piso las tazas de café de los comandantes, surrealismo no bélico y sí beligerante en alta mar que hasta le abre la puerta a Foucault, para que ingrese en un antro sudoroso y submarino superior a sus queridos saunas californianos y una invocación incendiaria como música de fondo. Vamos tan calladitos que cuando nos encontramos nos prendemos fuego. La extraña coincidencia de quienes se encuentran habiéndose pasado la vida intentando ocultarse y pasar desapercibidos. El encuentro tenía que ser extraordinario, como su texto. Chapeau y tumultuosos saludos, como el agua que salta luego de la embestida.

P.S.: Tengo la suerte de que vivir en el otro hemisferio me permite hundirme en la noche con su escritura.

LUG dijo...

Oh, ...esto, glup. Je... je,je... Bue..buff... esto, si...glup, bufff(i)

Gracias

Serenus Zeitbloom dijo...

Inspirado verano lleva usted, Sr Luis.

luna dijo...

recuerdo esa cancion en una cinta vieja de mi padre

ay

LUG dijo...

Serenus: amigo, sólo entretengo mis ocios (porque no tengo huerto).Pero mil gracias por su apoyo (los que no tenemos huerto no podemos recibir el consuelo de los tomates ni los calabacines. Por eso seguimos necesitando personas --- o su sucedáneo, las palabras).

Amiga Luna: Me descubre y desvela. Chica mala. Confieso que sólo soy una cinta vieja en la que se graban canciones que sólo reconocen los padres de las princesas punk. Pero su presencia me rejuvenece (schupp,schupp).