viernes, 7 de agosto de 2009

INSTALACIÓN( Cigarrillo)

PREVIA
Dijo: “No tiene por qué corresponderme con comentario alguno, solo hacer lo
que estrictamente desea”.


Digo: ¿Y que nos queda sino las correspondencias? ¿Y si el único deseo fuese el de responder, cumplir con las visitas, dejar que aquello que nos ha acariciado la mirada, el espíritu y la carne, se convierta en tejido escrito, torpe letra? ¿Hay otra tarea salvo la de revelar las correspondencias y redactar el pie de página?


UNO DE TRES

El cigarrillo es una entidad comunicativa.

Empecé a fumar divagando con N., en los recreos, sobre el anarquismo. Teníamos quince años. Él se afilió a la CNT. Yo pasé del Bisonte al Fortuna y ahí acabó mi evolución ideológica.

Dejé de fumar mientras estaba en el ejército. Por aburrimiento. Los soldados, mis iguales, consideraban que un filósofo era una psiquiatra. Se reían. Fumaban como Fu-manchú, con una larga uña tocándome las meninges. Aguanté varios años sin fumar. Tantos como me duró el aburrimiento caqui. Al empezar a divertirme retorné al vicio aunque ya muy esporádicamente. La milicia marca. A otros les conduce al tabaco y el alcohol; a mi al estudio de oposiciones. No comentemos las alturas de la perversión.

Retorno (now!) a la nicotina ardiente en una ceremonia de “cigarrillo y café” (1+1) o de “cerveza y cigarrillos” (1+1+1+...). Regresa el objeto en puro rito, abriendo el espacio al dios Agni (fuego) en medio de la selva del alma tal y como se hacía en los cultos hindúes (o arios) más antiguos. El cigarrillo rompe con el poder de la palabra el seco escenario de las cosas y sus fealdades. Ritualizado, el acto de fumar puede tornarse secuencia solitaria porque invoca en sus volutas a todos aquellos con los que deseamos hablar.


DOS DE TRES

El cigarrillo es una entidad de destrucción.

Empecé a fumar en la fantasía romántica del tuberculoso. No me sentía Bogart sino Gustavo Adolfo Bécquer. Tosía y lanzaba esputos. Esperaba la sangre. Toda mi vida estará marcada por Bécquer. Me da vergüenza decir que me gusta un huevo. Por eso oculto su impronta con este estilo tan lejano, creo, al suyo. De Bécquer me gustaban, sobre todo, sus pulmones cavernosos. La lírica de las flemas.

Ya no espero la sangre en el esputo. Mis esputos están secos por una carga de responsabilidad que claramente me desborda. Por eso, en ocasiones, retorno a la destrucción. Me rompo los pulmones, lleno el espacio de mi estudio de humo, ceniza, manchas nicotínicas y malísima conciencia. Genero gargajos de considerable magnitud para lograr escupirme en el espejo porque ya sólo me apetece escupir los espejos en los que aparezco. Es mi homenaje a la postmodernidad (No more mirror!).

El cigarrillo destructor, Kali cilíndrica, me mata. Ya no divago sobre el anarquismo, ni muerdo a mi lobo. Sólo entretengo mis ocios dando en la cabeza al buen salvaje. ¿Merece la pena, oh cigarrillo-Kali, esta obsesión por la matanza de sueños?




TRES DE TRES


El cigarrillo como instalación.

Todo objeto circunvalado de ruido y furia es una instalación. En una instalación la reina es la mirada porque es ella la que bendice públicamente al objeto amputado para la ocasión.Más allá del comentario crítico, la presencia de un “visitador” en torno al objeto, circunscribiéndolo y signando su estructura, lo hace ya artefacto artístico. ¡ No me digan que no soy democrático! Ahora: cuando digo “públicamente” insinúo que la mirada más estetizante nunca niega sus tensiones éticas y políticas. Eso los artistas plásticos lo han entendido muy bien. Me gusta la libertad de los artistas plásticos.

El cigarrillo, vertical en una sala liliputiense, se ilumina desde los cuatro puntos cardinales para generar cuatro sombras. Amor / Odio, Juego/ Muerte.

Cada vez que un fumador se lo monta con su cigarrillo se inicia la creación de un objeto artístico (y ético-político). Mi padre mordía los cigarrillos (Marca Jean). Las mujeres manchan los suyos de carmín. Los torturadores queman la piel. Yo guardo los restos de mi delito en una caja de té Twinings (cuento: 15 colillas). El olor que sale de la caja es un poema o una magdalena. Me imagino una sala de exposiciones con cáncer del pulmón.

(Después de todo, creo que a estas alturas soy un no fumador que fuma o un fumador que, habitualmente, no fuma)

5 comentarios:

MARIEL dijo...

Digo: Responder, sí, pero no para cumplir, sino para prolongar la caricia.

Digo también que su retrato del fumador intermitente e intransigente me conmueve.

Algunos fuman porque se aburren. Ud. fuma cuando retorna al placer. Cuando la uña de los soldados Fu-Manchú ya no le roza las meninges. Cuando le urge o simplemente le gusta ejercitar el ritual del fuego para iluminar la selva espesa del alma. Porque el humo embellece todas las cosas. Y también las cosas que se parecen al humo, como el polvo de una demolición. Y porque el humo, sí, convoca a los ausentes. Nos nubla la vista y la incredulidad y nos ayuda sentir que están, aunque no estén. O sí. No sé.

Del salón en el ángulo oscuro, silenciosa y cubierta de polvo (como humo), veíase el arpa. Y la romántica tos envuelta en sangre. Después no hay sangre, ni arpa. Hay una democrática y plural y traicionera posmodernidad que mató el relato, el autor y el sujeto. Reservarle el esputo, escupirle el esputo a la cara a la posmodernidad.

Sí, sin ojo que contempla no hay instalación contemplada. Sin ojo que contempla, no hay nada de nada. Y en cualquier ojo hay, por acción u omisión, ideología (de Fortuna o Bisonte o lo que usted quiera).

No imagine instalaciones sepultureras. Los poemas y los aromas proustianos ahuyentan al cáncer. El cáncer retrocede espantado ante el fulgor.

Besos agradecidos a mi Bicéfala, que apareció exactamente cuando me iba a dormir, para que me entusiasmara y no durmiera.

LUG dijo...

¡Me encanta estos pies de página! ¿No son lo más interesante de la blog? Derrida tiene un libro en el que él se ocupa de redactar un larga nota a pie de un texto que trata sobre él (Derrida Base). Me gusta. Las anotaciones podrían constituir el cuerpo del sitio y las anotaciones serían las entradas. Inversión de planos.

Subrayo sus subrayados y asumo sus demoliciones.

En el término "cumplir" encuentro más colores que los que, parece, Mariel ve. No está mal cumplir. Se gana uno el derecho a la soledad sin ofender ciertos deberes hacia el prójimo. Pero, claro, lo que responder para prolongar la caricia parece que mola más (¡oh!)

Susana dijo...

El comentario de Mariel daría, desde luego, para un capítulo central del libro de los pies de página. Como Bartleby y compañía de Vila-Matas. Qué juego trepidante (mentalmente) os lleváis, y cómo disfruto tratando de seguiros (como tortuga tengo una sola cabeza, y más bien chiquita).

Tenía en mente hacer una entrada de defensa encendida del cigarrillo. O de ataque a los atacadores del cigarrillo. Una entrada que impusiera silencio a cuantos repiten al cabo del día "deberías dejar de fumar" (y tú empezar a pensar, ¿no te fastidia?). Tu entrada me ha dicho mis mismas palabras mejor dichas en algunos renglones, y a un tiempo ha sido un ataque a esa parte de ti que defendía el cigarro. Es lo que tiene de malo la bicefalia: estar en dos lados a un tiempo... Es peor estar de acuerdo con ambas por mucho que una de ellas la he sacado inmediatamente para intentar desoírla.

Qué catástrofe también ser igual de amante de Bécquer!

Lug, hace rato ya que me saqué el sombrero, y no fue para 'instalarme' un cigarrillo en las orejas. Chapeau!

MARIEL dijo...

En la república de la zoología, Susana, mi Susú, es una jirafa. Adoro a las jirafas. Todo lo ven, desde lo alto. Todo. Con esos preciosos ojos de pestañas onduladas. Ahora que lo pienso, Susú es la primera persona-jirafa que conozco. Con ese humor tierno e implacable que te desarma ... hay que ver cómo juega con tus dos cabezas, Bicefalina.

Tus textos son como pasta psiquiátrica. "No tomo Sertralina. Tomo Bicefalina". Sí, sí.

Stalker dijo...

Chicos, dejad de fumar...

;)