domingo, 9 de mayo de 2010

ARRÁNCAME, OH CUERVO, LA ORGÍA DE DESEOS Y VENGANZAS


Ticio, devoradas por el buitre las entrañas , al suelo está encadenado. Polémica en el Olimpo sobre la conveniencia de la castración mecánica del hígado que, sede de las Lujurias, parió bilis de violencia contra Leto o su propia y poderosa hija Artemisa. Ciclo de conferencias y recogida de firmas para liberar al gigante. Manifiesto y sentada en la puerta del Cielo: No a la tortura. Y en otro lugar, cerca de los campos Elíseos, defensores del derecho a la venganza de Leto gritan: Contra violación, castración. Apolo y Artemisa, sujetando tiernamente del brazo a su madre, organizan con gestos decididos la marcha de los vencedores.

El buitre puede ser
cuervo de Poe que anuncia el never more una noche de viento en lo más alto de la montaña presidio.

Todo un animalario rodea a Ticio: buitres y cuervos pero también serpientes y hormigas son la forma oculta en la abstracción del negro ---- para mayor gloria de la Justicia, la venganza
y el tenebrismo hispano-italiano


Dice Ticio:

- Añoro en la noche tu pico que no escarba. Sin el drenaje de la tortura, retorna pronto la inflamación y se llena el odre de mis testículos de nuevos odios y pasiones. Mi dolor espera tu bisturí rabioso vaciándome otro día y secándome la bilis y el semen, el fulgor inmortal de la sangre que hierve imaginando trampas y combates, cuerpos de mil orificios, persecuciones en las que las débiles mujeres terminan ahogadas en su sudor. El desgarro infinito me libera de una pasión que, aquí atado, nunca podrá completarse. Maldigo la hora en la que se me nació así de macho y caliente y grito al Cielo dando gracias porque el ave pueda desgarrarme las entrañas limpiando con cirugía torpe el magma en el que me disuelvo.

Dice el buitre-cuervo:

- Sólo nos tienes a nosotros en esta seca piedra que oxidan tus grilletes divinos.¿Ves el óxido como te tiñe los brazos, los muslos, el pecho? Eres hermoso espectáculo y sólo nosotros disfrutamos de tu contemplación. Agonizas eternamente y en mundos de sombras dibujarás con el orín los cuerpos de esas mujeres que ya no podrás perseguir, humillar, agotar por el empuje de tu fuerza. Tú eres tu principal enemigo y la débil voluntad jamás podrá expulsar del Imaginario esos gestos que te inflaman: el pelo de la joven rozando el labio, el sudor en las oquedades del cuello, el escalofrío que eriza la espalda, el dolor del placer robado, el crimen de la embestida... El Otro Mundo con todas sus formas se ha apoderado de tu cabeza y ni el Juicio ni la Voluntad tienen fuerzas para ganar el combate.

Sólo nosotros te aliviamos, sí, y por eso ruegas nuestra presencia. Si no masticáramos tus entrañas ¿qué sucedería con esa potencia que en ti bombea incesante, agotadora, día a día excitada en sus propias fantasías de óxido?


Un pingajo de piel e intestino nos une como cordón umbilical de la muerte siempre diferida a la que nunca vas a nacer. Recordatorio de tu espasmo de dolor, el grito desencajado de una boca sin dientes y esa lengua seca que en su ulceración masiva aún sueña con meterse en rincones de placer. Boca de vicio que grita enloquecida en la tortura hasta que la garganta se parta o el eco haga innecesario repetir la letanía.

Ticio dice:

- Llegue ya la mañana y se me abra de nuevo la herida. Estoy preso de mis deseos de venganza y el odio, que me inducen a la lujuria, crece cada noche un poco más. Enviciado en mi dolor pido al buitre que rasgue la lengua y se lleve los ojos.


Impasible, el animal retorna cada día al centro de sus pulsiones y se bebe el hígado de Ticio sentado en una plaza italiana, viendo pasar a las turistas con sus bellos conjuntos y dejándose fotografiar en su típico oficio de tinieblas. Ticio grita un poco más, provocando lloros en niños y risas nerviosas en jóvenes. Treintañeras viciosas desearían poder meter el dedo en la herida pero el cuervo lo impide. Y el ave, generosa por su colaboración, chupa con fuerza y nota Ticio un golpe de no-deseo, un flash que se bombea en volutas de anulación. Ticio cierra la boca y los ojos un segundo; tiembla porque se pierde en su propio placer y convulsión .... sabe que nunca será para siempre esta huida y por eso la disfruta


Imagen: José de Ribera, Ticio (1632): Museo del Prado

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(En todo caso cabe la desdramatización; podemos dejar al pobre Ticio en el estante de los mitos huecos, esos que ya no nos sirven. No tiene por qué haber drama ni lado salvaje ni pérdida de civilización.Ticio puede alegar que fue Hera la que le incitó al crimen y que, al fin y al cabo, la cosa no se consumó. Promete un buen chute de normalización sexual y emocional y una taza de café con Leto o Latona a la hora más cordial de la tarde en el centro de cualquier plaza, cualquier tarde, sin rito, sin castigos...)

"Pienso en ti donde estés,
y si vuelves otra vez nos reiremos
de este mal sueño,
con una taza de café
"
(Christina Rosenvinge y los Subterráneos; Tu por mi yo por ti)

2 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Rogarle al cuervo "a little bit more" y convocarlo a resecarnos el ansia desatada, y que el cuervo acepte y se deje fotografiar por cámaras japoneses en su menester, es una prueba más de que el bestiario acude, invariablemente, en nuestro auxilio. Los animales como las únicas criaturas confiables, les enfermeros que manipulan exquisitamente la soga del drenaje.

Sí, Ticio podria haberse internado en una clínica de tratamiento de adicciones sexuales y sellar la paz en una cafetería o ante las cámaras de los japoneses.

Pero presiento que esa versión alternativa huele a posmo y el posmo nunca me lo creí. Las enfermeras californianos serían una versión aggiornada de los cuervos (cuervos, al fin) y el supuesto perdón, un maquillaje de baja calidad para no seguir perdiendo sponsors.

Sí que Ribera se tomó el tenebrismo al pie de la letra, jodeeeeeer. No hacía falta asustar tanto, tanto, a los creyentes y a los renegados.

Besos matinales.

Lug dijo...

Salvemos a Ribera porque supo ver en la rudeza barroca del tenebrismo que la luz al final es lo que importa. Si extendiéramos su espíritu en la alfombra podría evolucionar hasta ese punto de desfiguración que vemos en Turner o Monet pero en lugar de nenúfares brotarían cuerpos de mártires.

Ticio agoniza en su deseo y el pájaro le arranca - en alivio - un poco del exceso que no cesa. Hay morbo en la escena de hospital penitenciario en el que nos sorben el ímpetu.