martes, 12 de mayo de 2009

Discos dedicados (II). El evolucionismo y yo



II

El darwinismo abre la puerta a mutaciones desconocidas. No cabe hablar de milagros o castigos – como en la época teocrática – ni de mónadas que coordinan sus relojes para iniciar el Gran Salto Adelante – como en la época metafísica. En el cosmos darwinista el joven Samsa se levanta convertido en “monstruoso insecto” para ser devorado por su familia mientras su hermana “irguió sus juveniles formas, (y) pareció corroborar los nuevos proyectos y las sanas intenciones de los padres”. Mala suerte, chaval. Ella gana. “Si el cobre se despierta clarín, no es culpa suya”, relataba Rimbaud. Por eso Arthur comprendió que no hay destino que cumplir y siempre es posible malgastar la fuerza y la heredad : el brillante poeta adolescente – el más fuerte de los niños del Parnaso – se transforma en mediocre corredor de mercancías.

Los seres vacíos, un día se despertaron fusionados en la bicéfala tortuga. Ellos que se mostraban tan cercanos al núcleo duro de lo real – la vacuidad – se encontraron de pronto en el pellejo de la triste y casi mineral criatura, mirando al porvenir con indiferencia dolorida. Una cabeza destructora y una cabeza lírica emergiendo en la roca del escepticismo.

Pero caben nuevas transformaciones en este universo XXI, como nos han enseñado las historias de los mutantes del cómic. La tortuga puede morir como lo hizo el pobre Gregorio Samsa, víctima de su propio universo, o bien puede acabar transformada en la hermosa hermanita Samsa, con juveniles formas y futuro abierto, gloria de sus padres y beneficio de la humanidad. Quién sabe, oh hermanos. La tortuga puede convertirse mañana en el Shiva danzarín (Shiva Tandaba)

Ilustración: Sir John Tenniel: Alicia y el Dodo

Canción: Alicia: El Dodo y la carrera del mar (¿carrera evolutiva?)

lo que no ha empezado
no se puede terminar




1 comentario:

luna dijo...

dodo me cae mal!